
Melissa F. Western
Melissa F. Western nació con el nombre de Melissa Price en Visalia, California. Su madre le enseñó desde pequeña a conocer la Biblia y amar a Jesús. Creció en una familia unida que le inculcó la importancia del trabajo arduo y la responsabilidad personal, valores que la ayudaron en su trayectoria deportiva. Western comenzó a practicar el salto con pértiga durante su segundo año de secundaria y, «ese mismo año, ganó el Campeonato Estatal de la Federación Interescolar de California (CIF), abriendo el camino para futuras generaciones de atletas».¹ Volvió a ganar al año siguiente, y ese fue solo el comienzo de sus éxitos. Entre sus numerosos logros deportivos se encuentran los títulos de campeona nacional en 1994 y 1995, así como el séptimo lugar en los Juegos de la Buena Voluntad de San Petersburgo, todo ello mientras aún cursaba la secundaria. Western decidió continuar sus estudios universitarios en la Universidad Estatal de Fresno, donde llegó a formar parte del Salón de la Fama del Atletismo de la institución tras convertirse en campeona de salto con pértiga de la NCAA en 1998 y 1999. Posteriormente, también fue incorporada al Salón de la Fama del Salto con Pértiga de USA Track & Field en reconocimiento a sus destacados logros. Western abrió camino en este deporte para las mujeres que vendrían después de ella, especialmente en su escuela secundaria, donde ni siquiera existía una categoría femenina de salto con pértiga cuando comenzó a practicar atletismo.
Los logros académicos de Western son tan impresionantes como sus éxitos deportivos, y ella atribuye ambos a la perseverancia que su familia le enseñó. Primero obtuvo una licenciatura en Contabilidad en la Universidad Estatal de California y, posteriormente, una maestría y un doctorado en la Escuela de Negocios Kelley de la Universidad de Indiana. Logró completar su doctorado mientras también se dedicaba a la maternidad. Durante sus estudios de posgrado, la doctora Western trabajó como instructora auxiliar y asistente de investigación en la Universidad de Indiana. Después impartió clases en la Universidad de Utah, antes de incorporarse a BYU como profesora visitante y, posteriormente, como profesora asociada. Con más de una docena de publicaciones, documentos de investigación y trabajos en desarrollo, la doctora Western continúa realizando importantes contribuciones al campo de la contabilidad.
A pesar de todos estos logros, de estar casada y de tener dos hijos, la vida de la doctora Western no estaba tomando el rumbo que ella había esperado. Su matrimonio de nueve años llegó a su fin, después de haber pasado varios años alejada espiritualmente. En su discurso devocional de julio de 2021, reconoció: «Mi vida era un poco caótica».² Con el tiempo, la doctora Western regresó a los fundamentos espirituales que su madre le había inculcado. Estudió diligentemente las Escrituras y aprendió a reconocer la voz de Dios con mayor claridad que nunca. Ella expresó: «Manifesté mi completa disposición a seguir cualquier camino que se requiriera de mí. Le dije al Padre Celestial que, si me mostraba el camino, me comprometería de antemano a seguirlo. Estaba preparada para hacer un convenio».³ Su humildad la llevó a recibir revelación personal y, finalmente, a conocer a quien sería su futuro esposo, Marc, quien le presentaría el Evangelio restaurado. Su firme determinación de permanecer cerca del Salvador la condujo a las aguas del bautismo y, un año después, pudo sellarse a Marc en el Templo de Salt Lake.
Los estudiantes de su departamento consideran a la doctora Western una profesora sumamente motivadora y describen su estilo de enseñanza como afectuoso y lleno de interés por los demás. Reconocen el tiempo y el esfuerzo adicionales que dedica a ayudarlos a comprender conceptos difíciles. Su capacidad para enseñar y su disposición a compartir su testimonio hacen de la doctora Western una fuente de inspiración en el campus de BYU.