de los Setenta
Si no nos avergonzamos de Jesucristo, Él no se avergonzará de nosotros.
Tenemos la intención de modificar esta traducción cuando sea necesario. Si tiene sugerencias, por favor envíe un correo a speeches.spa@byu.edu
Queridos estudiantes y amigos de BYU, mi esposa Christy y yo estamos muy agradecidos de estar aquí con ustedes hoy. Mientras el coro cantaba “Venid, adoremos”1, pensé que se refería a ustedes. Gracias por su fidelidad.
Las experiencias que Christy y yo tuvimos en Brigham Young University transformaron por completo nuestras vidas y las vidas de la mayoría de nuestros hijos y sus cónyuges. El presidente C. Shane Reese nos asegura que BYU ya los está transformando a ustedes. Comparte con evidente entusiasmo algunas de las grandes cosas que están logrando. Está orgulloso de ustedes, ¡y nosotros también!
Después de nuestra experiencia en BYU, nos mudamos a Filadelfia para mis estudios de posgrado. Un día un compañero de clase me dijo: “Tony, eres un poco extraño. Sigues normas de conducta religiosas que no entiendo. Y eres demasiado joven para estar casado y tener tres hijos. Es algo que me resulta imposible comprender”.
Puede que en aquel momento me sintiera un poco avergonzado por su percepción de mí como alguna clase de “raro”. Ahora considero sus observaciones como un gran cumplido.
El apóstol Pedro escribió:
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable2.
Pedro enseña que el Salvador ha llamado a Sus discípulos escogidos, ustedes y yo, a ser un pueblo adquirido por Dios.
La frase “adquirido por Dios” se traduce como “peculiar” en la versión del Rey Santiago de la Santa Biblia en inglés, y la palabra peculiar aparece un total de siete veces en esa versión de la Biblia3. La palabra peculiar en inglés puede tener dos significados, uno moderno y otro bíblico.
En inglés, el uso moderno de peculiar incluye sinónimos como excéntrico, raro, curioso, extraño y único4. En un devocional de BYU, el élder Bruce R. McConkie del Cuórum de los Doce Apóstoles explicó: “No somos fenómenos raros, sino personas normales y sanas que disfrutan la vida […] Pero, aun así, somos peculiares”5. A los creadores de contenido les encanta la atención que genera nuestra peculiaridad; basta con considerar las películas, series de televisión y publicaciones en redes sociales recientes que han representado erróneamente a los Santos de los Últimos Días.
Un segundo significado de la palabra peculiar en inglés se puede extraer de los idiomas originales del texto bíblico. El presidente Russell M. Nelson enseñó este significado en un devocional de BYU. Explicó:
En el Antiguo Testamento, el término hebreo del cual se tradujo la palabra peculiar es segulá, que significa “propiedad apreciada” o “tesoro”.
En el Nuevo Testamento, el término griego del cual se tradujo al inglés la palabra peculiar es peripoiesis, que significa hacer “posesión” o “adquisición”6.
Como la Biblia del Rey Santiago no captó este sentido de “posesión valorada”, las traducciones actualizadas del Nuevo Testamento en inglés cambian “pueblo peculiar” por “pueblo que pertenece a Dios”7. ¡Me encanta pensar que las personas “peculiares” pertenecen a Dios!
Con esto concluyo la clase de lingüística.
Hoy, al procurar comprender nuestra identidad como “peculiar”, los invito a reflexionar sobre dos preguntas:
Volveremos a estas dos preguntas un poco más adelante.
El compromiso de por vida de ser “peculiares” requerirá que superemos nuestros temores sociales. Los temores sociales se refieren a la ansiedad que podamos sentir al anticipar la evaluación y el juicio de los demás8. Superar nuestro temor de ser juzgados como peculiares o extraños nos exigirá ejercer fe en las promesas del Señor.
A través de Su profeta Moisés, el Señor nos extendió una invitación con una promesa:
Si dais oído a mi voz y guardáis mi convenio, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos9.
Ahora nos toca una lección de matemáticas:
¡Qué ecuación tan sencilla para recibir las bendiciones y el gozo de Jesucristo! El presidente Russell M. Nelson ha enseñado: “El futuro es brillante para el pueblo de Dios que observa sus convenios”10.
Para ilustrar las bendiciones y el gozo que provienen a través de guardar convenios, compartiré algunas experiencias personales. Nuestro camino en la vida mortal ha sido único para Christy y para mí, al igual que lo ha sido y lo será para ustedes. No sugiero que su camino deba ser igual al nuestro. Al compartir estas experiencias, sepan que Christy y yo no somos perfectos (sólo pregúntenles a nuestros hijos). Al igual que ustedes, nos regocijamos en el don del arrepentimiento y nos esforzamos por mejorar un poco cada día.
Mi primera sugerencia para llegar a ser un tesoro valioso para el Señor es obedecer mandamientos peculiares para guardar los convenios de la investidura del templo. Por “mandamientos peculiares” me refiero a aquellos que son extraños para el mundo, pero valiosos para los obedientes. Muchos de ustedes ya han recibido su investidura, y la mayoría han hecho el convenio del bautismo, que incluye el compromiso de guardar los mandamientos de Dios11.
¿Por qué Dios nos da mandamientos? Porque Él nos ama y desea que hallemos gozo. Él ve más de lo que podemos ver y promete que guardar los mandamientos trae felicidad en esta vida y en el mundo venidero12.
¿Por qué obedecemos los mandamientos de Dios? Porque amamos al Padre Celestial y a Jesucristo13, procuramos conocerlos14 y deseamos recibir de Ellos bendiciones espirituales y temporales15. Nuestra manera de pensar evoluciona de “tengo que hacerlo” a “tengo el privilegio de hacerlo”.
Teniendo en cuenta que los mandamientos se dan por amor y se guardan por amor, ahora destacaré cinco mandamientos claramente visibles que podrían hacer que los Santos de los Últimos Días que guardan convenios parezcan peculiares ante nuestros amigos, los medios de comunicación, los académicos y personas de todo el mundo.
La Palabra de Sabiduría es parte de guardar el convenio de la ley de obediencia. Los profetas han declarado que nuestro cuerpo es un templo16. Para proteger nuestros cuerpos y nuestros espíritus de los malos designios de hombres conspiradores en nuestros días, Jesucristo ha provisto un código de salud con grandes promesas para Sus Santos17.
En contraste, el mundo considera al cuerpo principalmente como una fuente de placer, siguiendo el consejo de “comed, bebed y divertíos”18. Nuestras decisiones de abstenernos de sustancias como el café, el alcohol y las drogas recreativas les parecen extrañas a muchas personas. Por ejemplo, en un reciente partido de fútbol americano en el estadio de BYU, el comentarista de televisión citó a un exentrenador de Boise State University y University of Washington, quien dijo: “Todavía no puedo creer que no se permita el alcohol en ese estadio. Esos fans están locos”19. Por cierto, estamos orgullosos de ustedes.
Pocos años después de terminar mis estudios de posgrado, mi empresa trasladó a nuestra familia a Pekín. Al llegar para desarrollar clientes para nuestra firma de consultoría, líderes de negocios de Estados Unidos y Europa me recomendaron que, para tener éxito, debía llevar a los ejecutivos chinos a bares de karaoke y beber mucho alcohol. Decidí no hacerlo y, aun así, nuestra empresa tuvo éxito.
Podrían sentirse tentados a quebrantar la Palabra de Sabiduría para encajar socialmente, probar algo nuevo o conseguir un ascenso en el trabajo. Tal vez piensen que un pequeño sorbo no les hará daño, pero les aseguro que sí lo hará, espiritualmente, y quizás también físicamente. Testifico que el Señor les bendecirá con “sabiduría y grandes tesoros”20 cuando elijan ser peculiares al vivir con gozo la Palabra de Sabiduría.
El diezmo es una de las formas en que guardamos el convenio de la ley del sacrificio. En cada dispensación el Señor ha mandado que Su pueblo del convenio pague el diezmo, ya sea en cosechas, rebaños o dinero.
El diezmo resulta extraño en una economía moderna que se centra en el consumo y a menudo en endeudarse para lograrlo. Para quienes poseen una mentalidad mundana, las matemáticas no parecen funcionar. ¿Cómo puede ser que cien menos diez sea igual a más de cien? Sin embargo, las matemáticas sí funcionan porque el Señor ha prometido abrir “las ventanas de los cielos”21 a quienes viven esta ley. La casa del Señor es donde los cielos realmente pueden abrirse a nosotros, y el diezmo es un requisito para entrar en Su templo22.
Una vez, una revista de negocios china me dedicó un artículo de portada. El periodista me hizo muchas preguntas sobre mi empleo y, curiosamente, en un país oficialmente ateo, sobre mi religión. Me fascinó ver que el artículo final comenzaba con una larga sección sobre el diezmo23. ¿Por qué esa introducción? Porque mi compromiso con esta práctica aparentemente ilógica resultaría intrigante para los ejecutivos chinos.
Christy y yo somos testigos de que el Señor cumple Sus promesas con Su pueblo del convenio. Demuestren su amor por el Señor al sacrificar para vivir la ley peculiar del diezmo y al esperar pacientemente a que se les abran las ventanas de los cielos.
El día de reposo es fundamental para guardar el convenio de la ley del evangelio. El presidente Nelson ha enseñado que el día de reposo no se trata de reglas sobre qué hacer y qué no hacer, sino que es una muestra de nuestro amor por nuestro Padre Celestial y el Salvador24. El presidente Nelson prometió: “Ciertamente, un día de reposo sagrado es una delicia”25.
En contraste, gran parte del mundo ve el domingo como un día para el placer: ir de compras, ver deportes en la comunidad y en la televisión, hacer actividades recreativas como acampar y pescar, y mucho más. Nuestra asistencia semanal a la iglesia y nuestro enfoque en actividades más espirituales nos hacen destacar.
A menos de un año después de comenzar mi carrera, me asignaron a un equipo dirigido por John. A John le gustaba comenzar la semana con una reunión de equipo de cuatro horas cada domingo por la tarde, lo que me hacía sentir muy incómodo. Sin embargo, sentía miedo de oponerme porque era un nuevo asociado.
Aproximadamente un mes después de comenzar el proyecto, el socio gerente me pidió que fuera a su oficina y me preguntó cómo me estaba adaptando.
Tomé valor y le dije: “Me encanta el trabajo y trabajaré dieciséis horas al día de lunes a viernes cuando sea necesario, pero Christy y yo damos prioridad a nuestra familia. Realmente necesitamos los sábados para los deportes de nuestros hijos y los domingos para estar con Dios y nuestra familia”.
Luego le dije: “Si esto no es aceptable, estoy dispuesto a buscar otro empleo”.
Él simplemente respondió: “Hablaré con John”.
Las reuniones dominicales terminaron y me quedé en esa empresa durante toda mi carrera profesional.
Puede llegar un momento en su futuro en el que tendrán que decidir cómo será su muestra peculiar del día de reposo a Dios. Testifico que santificar el día de reposo realmente puede ser una delicia y un descanso gozoso de las preocupaciones del mundo.
La pureza moral es esencial para guardar el convenio de la ley de castidad. Las escrituras enseñan que vivir la ley de castidad es esencial, tanto para las personas solteras como para las parejas casadas, para ser dignos de la compañía del Espíritu, ejercer la fe, retener la remisión de los pecados y tener confianza en la presencia de Dios26.
Mediante Sus profetas, el Señor ha declarado:
La intimidad física entre el esposo y la esposa tiene por objeto ser hermosa y sagrada […]
Solo un hombre y una mujer que estén legal y legítimamente casados como esposo y esposa deben mantener relaciones sexuales27.
El Libro de Mormón usa la palabra fornicaciones aproximadamente treinta veces para describir graves violaciones de la ley de castidad28. En un contraste marcado, el mundo usa todo tipo de palabras para racionalizar la actividad sexual fuera del matrimonio, palabras como tener relaciones casuales, vivir juntos, relaciones abiertas y, mi favorita, no monogamia ética. Disfrazar astutamente los pecados antiguos con palabras nuevas no elimina las consecuencias negativas del pecado. “La maldad nunca fue felicidad”29.
He pasado la mayor parte de los últimos treinta y cinco años viajando por el mundo por trabajo y servicio en la Iglesia, generalmente solo. Christy sabía que yo guardaría este convenio de castidad y yo sabía que ella también lo haría. Considerábamos que el uso apropiado de nuestros gárments del templo era una protección contra la tentación. Testifico que un matrimonio exitoso y una vida llena de gozo se basan en la confianza mutua30.
Sean peculiares y guarden este convenio de pureza moral. Si actualmente no están experimentando la confianza y el gozo que provienen de una vida casta, acérquense a Jesucristo y reúnanse con su obispo.
El servicio es una parte de guardar el convenio de la ley de consagración. Jesucristo dijo a Pedro: “Tú, una vez vuelto [o convertido], fortalece a tus hermanos”31. El Salvador nos manda amar a nuestro prójimo32 y nos invita a dedicar tiempo a ministrar a las necesidades temporales y espirituales de los demás. Podemos ministrar al cumplir con nuestros llamamientos en la Iglesia, y también podemos servir fuera de ella, ayudando a los demás a ver que servimos a todos los hijos de Dios, no solo a las personas “peculiares” de nuestro barrio.
El mundo promueve la idea de que después del trabajo es momento de centrarse en la recreación, los videojuegos o ver maratones de televisión. Les es difícil entender un ministerio laico de mujeres y hombres que dirigen la Iglesia mientras continúan atendiendo a sus familias, sus profesiones y sus responsabilidades en la comunidad.
Testifico que cuando ejercemos nuestra fe para consagrar nuestro tiempo y talentos al servicio en los llamamientos de la Iglesia y en la comunidad, el Salvador nos magnifica y nos transforma más allá de nuestras capacidades naturales. Experimentamos gozo al servir. El presidente Nelson enseñó: “El Señor utiliza lo improbable para lograr lo imposible”33.
Ahora bien, algunos de ustedes tal vez estén pensando, “¿Realmente puedo obedecer estos cinco mandamientos peculiares por el resto de mi vida para guardar mis convenios de la investidura?” Permítanme asegurarles que, como “hijos del convenio”34, ¡sí pueden!
El presidente Nelson prometió:
Debido a nuestro convenio con Dios, Él jamás cejará en Sus esfuerzos por ayudarnos, y nunca agotaremos Su misericordiosa paciencia para con nosotros. Cada uno de nosotros tiene un lugar especial en el corazón de Dios. Él tiene grandes esperanzas en cuanto a nosotros […]
Él hará todo lo que pueda, sin vulnerar nuestro albedrío, para ayudarnos a cumplir con [nuestros convenios]35.
| Mandamientos “peculiares” | Convenios de la investidura del templo relacionados |
| La Palabra de Sabiduría | La ley de la obediencia |
| El diezmo | La ley de sacrificio |
| El día de reposo | La ley del Evangelio |
| La pureza moral | La ley de castidad |
| El servicio | La ley de consagración |
Mi segunda sugerencia para llegar a ser un tesoro valioso para el Señor es ejercer una fe peculiar para hacer y guardar convenios de matrimonio eterno. Este convenio con Dios une a una pareja como compañeros eternos y los vincula a su posteridad.
Al abordar este tema, reconozco que el matrimonio quizás no llegue para algunos de ustedes en esta vida mortal. Sin embargo, los profetas han prometido que todas las bendiciones del matrimonio y de la posteridad finalmente llegarán a todos aquellos que guarden sus convenios del bautismo y de la investidura36.
¿Por qué Dios nos invita a participar en el convenio del matrimonio eterno? Él dijo: “No es bueno [que el hombre o la mujer] esté solo”37. Quiere que probemos una pequeña parte del gozo que experimentan los padres celestiales.
Por medio de los profetas, el Señor ha proclamado que la familia es ordenada por Dios y que el matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno38. En el mundo de hoy, muchos ven el matrimonio como una tradición anticuada. Algunos desean casarse, pero sus temores o prioridades mal establecidas los detienen.
Algunos de ustedes aquí podrían temer repetir el divorcio de sus padres o de otras personas que conocen y aman. Tal vez estén pensando: Por favor, no me hable de familias eternas. La familia en la que crecí no es como las que se describen en los himnos de la Iglesia. Mis padres no eran “buenos para mí”39, mi hogar no era “como el cielo”40 y no había “gratas flores por doquier”41.
Les aseguro que el Señor les puede ayudar. Avancen con fe en Él y no se dejen paralizar por el miedo de cometer un gran error que termine en divorcio. Pueden romper el ciclo. Mis padres lo hicieron: ambos provenían de familias divorciadas y ahora llevan sesenta y cinco años de casados.
Las prioridades mal establecidas son otro desafío para el matrimonio en nuestra sociedad moderna. Un informe coescrito por el Instituto Wheatley de BYU afirma que el matrimonio ha pasado de ser la “piedra angular” de una vida exitosa a ser la “piedra final”42. Permítanme ilustrarlo.
Cuando el matrimonio es la piedra angular, hitos importantes como terminar la educación, conseguir empleo y comprar una vivienda se logran durante los primeros años del matrimonio. Así fue para Christy y para mí: nos casamos a los veintiún años, justo después de mi misión. Mientras estábamos en BYU, lo único que podíamos permitirnos comer eran fideos de macarrones hervidos con un poco de jugo de tomate por encima, pero éramos tan felices como niños en la mañana de Navidad. Había gozo en recorrer juntos el camino.

Cuando el matrimonio es la piedra final, se retrasa de forma deliberada hasta después de completar la educación, conseguir empleo y comprar una vivienda. Hago hincapié en “retrasar de forma deliberada”; por supuesto, mientras buscan un compañero eterno, procurarán una formación académica y empleo. Sin embargo, para los Santos de los Últimos Días, un retraso deliberado del matrimonio a menudo lleva a un declive en el cumplimiento de los convenios y en la participación en la Iglesia.

El presidente Nelson enseñó:
Las posesiones materiales y los honores del mundo no perduran; pero sí su unión como esposa, esposo y familia […] Ningún sacrificio es demasiado grande para tener las bendiciones de un matrimonio eterno43.
Algunos de ustedes ya están casados. Encontrarán gozo al fortalecer continuamente su relación como compañeros iguales.
Para aquellos que no están casados, espero que estén ejerciendo fe, manteniendo esperanza y conservando buen ánimo mientras buscan pacientemente a un compañero eterno. Como presidente de misión, les dije a los misioneros que estaban por terminar su misión que muchas personas podrían ser un compañero de vida atractivo y divertido, pero que su compañero eterno también debía ser su mejor amigo. Reconocer a su mejor amigo probablemente requiera más de una cita. Obvio, ¿verdad? El presidente y la hermana Reese están encantados de que tantos de ustedes hayan participado en las actividades que organizan para la Noche de Citas con los Reese. Siéntanse libres de ignorar la presión única de BYU: salir en una cita no significa que tengan que decidir esa misma noche si deben casarse.
Sean peculiares: prioricen encontrar un compañero eterno y luego fortalecer su matrimonio.
El Señor mandó a Adán y Eva: “multiplicaos; y henchid la tierra”44. Los profetas modernos nos enseñan que este mandamiento permanece en vigor45. La Iglesia no les dirá cuándo tener hijos o cuántos tener46, pero los profetas constantemente les recordarán la felicidad de ser padres.
Al igual que con el matrimonio, los miedos y prioridades del mundo posponen el tener hijos. Algunos en el mundo temen que tener hijos afecte la huella de carbono y la sustentabilidad ambiental47. El Señor dice: “La tierra está llena, y hay suficiente y de sobra”48. Otros temen por su salud mental al ser padres, citando un aviso de 2024 publicado por el Cirujano General de los Estados Unidos49. Un estudio del Pew Research Center de 2023 encontró que el 71 por ciento de los adultos dijo que “tener un trabajo o carrera que disfruten es extremadamente o muy importante para que las personas vivan una vida plena”, comparado con solo el 26 por ciento que priorizó tener hijos50.
Estas perspectivas del mundo pasan por alto la conexión evidente en las Escrituras entre los hijos y el gozo51.
Mientras vivíamos en Filadelfia, nuestro barrio incluía a varios estudiantes casados que cursaban estudios de posgrado en diversas disciplinas. Todos teníamos veintitantos años, y la mayoría de nosotros tenía al menos un hijo. En las universidades prestigiosas de esa área, tal comportamiento era realmente peculiar. Mis compañeros de la escuela de negocios no podían comprender que tuviéramos nuestro tercer hijo mientras Christy y yo aún teníamos veintisiete años. La mayoría de ellos ni siquiera tenía una pareja estable.
Sin embargo, en nuestro reencuentro de veinte años, mis compañeros de clase, que ahora tenían entre cuarenta y cinco a cincuenta años y sus propios hijos pequeños, hicieron comentarios como: “Pensé que eras tan extraño. Ahora que conozco el gozo y la fatiga de la crianza de los hijos, ojalá hubiera dado ese paso antes en mi carrera”.
Aunque Christy y yo reconocemos que criar hijos no es fácil, somos testigos de que encontramos nuestro mayor gozo en la vida en nuestros hijos. El presidente Nelson prometió: “Obtendrás gozo y alegría en tu posteridad”52. Sean peculiares al ejercer fe para tener hijos como nos aconsejó el presidente Nelson.
De todos los títulos que Dios podría reclamar, Él invita a Sus hijos a llamarlo Padre. Como joven padre, llegué a conocer mejor a mi Padre Celestial. Nuestro primer hijo tenía dos o tres años y apenas comenzaba a distinguir el bien del mal. Un día hizo algo mal, y me sentí un poco molesto.
Entonces, corrió hacia mí para darme un abrazo mientras decía: “Papá, lo siento”.
En un instante mi decepción se desvaneció. En ese momento comprendí, como nunca antes lo había hecho, el gran amor que el Padre Celestial siente por Sus hijos y lo rápido que perdona y olvida. El matrimonio y los hijos nos brindan una oportunidad de sentir lo que sienten nuestros padres celestiales.
Testifico del crecimiento espiritual y el verdadero gozo que provienen de recibir y ser fieles al convenio supremo en la casa del Señor: ser sellados a un compañero eterno; y luego, si se les concede la bendición, poder “levantar [hijos] al Señor”53.
Ahora vuelvo a las dos preguntas que les hice hace unos veinte minutos.
La primera pregunta es: “¿Estoy dispuesto a que se me juzgue como peculiar o extraño a los ojos del mundo?” Si lo estoy, entonces debo superar los temores sociales al elegir seguir a Jesucristo. Si no nos avergonzamos de Jesucristo, Él no se avergonzará de nosotros54.
La invitación del Salvador a sus discípulos nos advierte de un costo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame”55. El costo de tomar nuestra cruz podría incluir ser juzgado como un pueblo peculiar con un estilo de vida diferente.
Permítanme señalar que no necesitamos esforzarnos intencionalmente por ser diferentes. Para ser peculiares, basta con vivir los mandamientos y guardar nuestros convenios. Pero no podemos enfocarnos solo en nosotros mismos y limitar nuestras relaciones exclusivamente a los miembros de la Iglesia. Deseamos ser el tipo de personas con quienes aquellos que no son de nuestra fe quieran pasar tiempo y tal vez incluso deseen ser un poco más como nosotros.
El presidente Nelson nos invitó:
que se destaquen; sean diferentes del mundo […]
Y si a veces alguien dice que ustedes son “raros”, lleven esa distinción como una insignia de honor y ¡alégrense de que su luz brille intensamente en este mundo cada vez más oscuro!56
La segunda pregunta que los invité a meditar fue: “¿Estoy dispuesto a llegar a ser un tesoro peculiar o valioso que pertenece al Padre Celestial y a Su Hijo, Jesucristo?” Si es así, elegiré obedecer Su voz y guardar Sus convenios, que incluyen los convenios de la investidura del templo y los del sellamiento matrimonial.
Hago hincapié en la innegable centralidad de la Expiación de Jesucristo en nuestro proceso de llegar a ser Su tesoro peculiar. Por más rigurosos que sean nuestros esfuerzos justos por guardar cada uno de nuestros convenios, no podemos llegar a ser ese tesoro por nuestra cuenta. Cada uno de nosotros ha “pecado, y está destituid[o] de la gloria de Dios”57. Debemos seguir adelante con fe, “confiando íntegramente en [la gracia y] los méritos de aquel que es poderoso para salvar”58.
Pablo enseñó: “habéis sido comprados por precio”59. Pedro explicó que el precio de nuestra redención era “la sangre preciosa de Cristo”60. Ustedes y yo somos el valioso tesoro de Jesucristo porque Él nos compró al precio infinito de su propia sangre, que fue derramada en Getsemaní y una vez más en el Calvario.
Si elegimos guardar gozosamente nuestros convenios con el Señor y estamos dispuestos a que se nos juzgue como un pueblo peculiar, entonces Jesucristo nos reclamará como Su tesoro peculiar o valioso cuando abogue por nuestra causa ante el Padre61.
Mis queridos amigos de BYU, testifico que son amados por su Padre Celestial y Jesucristo, quienes los conocen por su nombre. Para nuestro Padre y Su Hijo, ustedes son en verdad “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa”, un pueblo que pertenece a Dios. Tienen acceso a Su gran poder cuando eligen guardar sus convenios.
Cierro con las palabras del entonces élder Russell M. Nelson, cuando se dirigió a los estudiantes de BYU hace treinta años. Declaró:
Que los siervos del Señor nos identifiquen como Su pueblo peculiar es un cumplido de primer orden […]
Somos el tesoro de Dios, reservados para nuestro lugar y tiempo particulares62.
Doy testimonio de Jesucristo y de nuestro profeta viviente. Expreso mi amor a cada uno de ustedes, el tesoro peculiar de Dios. En el nombre de Jesucristo, amén.
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Anthony D. Perkins, Setenta Autoridad General de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pronunció este discurso el 3 de diciembre de 2024.