Devocional

Descubriendo nuestro lugar en el universo

Denise Stephens

Profesora de Astronomía de BYU

3 de julio de 2018

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Puede que no sepamos el porqué de todas las creaciones de Dios, pero cada una de las vastas creaciones de Dios es un recordatorio de que Él está a cargo, que hay un plan divino, y que estamos aquí en esta tierra para un propósito mucho mayor que lo que el mundo podría afirmar.


Tenemos la intención de modificar esta traducción cuando sea necesario. Si tiene sugerencias, por favor envíe un correo a speeches.spa@byu.edu.

Hace años, mi esposo me compró una pequeña placa con una inscripción que dice: “Si no fuera por el último minuto, nunca terminaría nada”. Estoy segura de que todos nos podemos identificar.

En nuestras vidas apresuradas, a menudo nos enfocamos demasiado en las cosas que tienen plazos y no logramos hacer tiempo para las cosas más importantes. Olvidamos quiénes realmente somos y perdemos de vista lo eterno. No nos tomamos el tiempo para orar, meditar, buscar revelación personal, seguir las indicaciones del Espíritu, reconocer la mano de Dios en nuestras vidas y sentir Su amor. Con la mirada baja y concentrados en la tarea del momento, olvidamos levantar la vista.

Hoy quiero recordarles a todos que nos tomemos el tiempo de mirar hacia arriba.

Todas las cosas testifican de que hay un Dios

Soy astrónoma y siempre me ha fascinado el espacio. Uno de mis primeros recuerdos tiene que ver con una venta de libros en la escuela cuando tenía cinco o seis años, en la que elegí un libro ilustrado que contenía fotografías de Júpiter y sus lunas.

La nave espacial Voyager acababa de llegar a Júpiter y había enviado las imágenes más impresionantes de las cuatro lunas galileanas. Todavía puedo recordar haber visto en ese libro las imágenes de la luna Ío, con sus volcanes e intensos colores naranja y amarillo. Esta pequeña luna, ligeramente más grande que la luna de la Tierra, debería haber estado geológicamente muerta: un mundo gris y lleno de cráteres similares a nuestra propia Luna. En su lugar, mostraba un paisaje hermoso, caótico y cambiante que, de niña, me intrigaba profundamente. Me cautivó por completo.

Como astrónoma, a menudo me pregunto ¿por qué crearía Dios objetos como la luna Ío? Si lo piensan bien, no hay razón por la cual nuestro sistema solar deba estar compuesto por algo más que un sol, una luna y una tierra. Entonces, ¿por qué colocar ocho planetas alrededor del sol en lugar de uno? ¿Por qué crear lunas exóticas como Ío, girando alrededor de planetas gigantes? ¿Por qué crear Plutón y sus amigos en el cinturón de Kuiper?

Cuando vi por primera vez imágenes de Plutón y de la región con forma de corazón que llamamos el Tombaugh Regio, no pude evitar preguntarme si Dios había creado intencionalmente esta característica geológica con forma de corazón en Plutón, una característica que, casualmente, estaría en el lugar preciso para que pudiéramos verla mientras la nave espacial New Horizons sobrevolaba el planeta durante un periodo de cuatro horas el 14 de julio de 2015. ¿Colocó Dios esa característica en Plutón hace miles de millones de años, sabiendo que nunca la veríamos hasta estos últimos días, para recordarnos de su amor y para recordarnos que Él está consciente de nosotros? No lo sé; tal vez.

Al estudiar las creaciones de Dios en los cielos, he llegado a creer que todas las creaciones de Dios tienen un propósito y existen por una razón. Cuando Moisés le pidió a Dios que le dijera “por qué son así estas cosas», la respuesta de Dios fue: “Para mi propio propósito he hecho estas cosas. He aquí sabiduría, y en mí permanece” (Moisés 1:30-31).

Puede que no sepamos el porqué de todas las creaciones de Dios, pero cada una de las vastas creaciones de Dios es un recordatorio de que Él está a cargo, que hay un plan divino, y que estamos aquí en esta tierra para un propósito mucho mayor que lo que el mundo podría afirmar.

El Señor enseñó a Adán:

Y he aquí, todas las cosas tienen su semejanza, y se han creado y hecho todas las cosas para que den testimonio de mí; tanto las que son temporales, como las que son espirituales; cosas que hay arriba en los cielos, cosas que están sobre la tierra, cosas que están en la tierra y cosas que están debajo de la tierra, tanto arriba como abajo; todas las cosas testifican de mí. [Moisés 6:63]

Del mismo modo Alma enseñó:

Las Escrituras están delante de ti; sí, y todas las cosas indican que hay un Dios, sí, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, sí, y su movimiento, sí, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo. [Alma 30:44]

Cada una de las creaciones de Dios testifica de que Él vive.

La creación más importante de Dios: ustedes

Lamentablemente, hemos hecho todo lo posible para construir selvas urbanas y cielos contaminados por la luz que nos impiden ver las creaciones de Dios. Caminamos por esta vida con pantallas delante de nuestros rostros y los oídos tapados, completamente ajenos a la maravilla que nos rodea. Con todos nuestros avances tecnológicos, nos hemos vuelto indiferentes, como los nefitas.

Si recuerdan, después de que se dio la señal del nacimiento de Cristo, Nefi escribió:

Y aconteció que… el pueblo comenzó a olvidarse de aquellas señales y prodigios que había presenciado, y a asombrarse cada vez menos de una señal o prodigio del cielo, de tal modo que comenzaron a endurecer sus corazones, y a cegar sus mentes, y a no creer todo lo que habían visto y oído. [3 Nefi 2:1]

Cuando miran una imagen de una región de formación estelar como la Nebulosa de Orión, ¿se dan cuenta de lo bendecido que son de vivir en una época en la que el Señor nos ha proporcionado la tecnología para ver Sus vastas creaciones en proceso de creación? ¿Se dan cuenta de que sólo los profetas de la antigüedad, como Adán, Abraham, Enoc y Moisés, fueron bendecidos con el conocimiento que tenemos hoy en día, un conocimiento tan grande que llevó a Moisés a exclamar: “Por esta causa, ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había imaginado”? (Moisés 1:10).

Quiero animar a cada uno de ustedes a que dejen a un lado los teléfonos, YouTube y los videojuegos, y dediquen tiempo a diario para ser testigos de la creación. Den un paseo y sientan la brisa en sus rostros, pasen la mano por el césped, disfruten de un cielo nocturno estrellado y den gracias a un Creador Supremo, que ha hecho este mundo para ustedes.

En la Primaria estamos aprendiendo la letra de la canción “Mi Padre Celestial me ama”, escrita por Clara W. McMaster:

Cuando oigo feliz un ave cantar 

o puedo el cielo mirar
o siento la lluvia sobre mi faz, 

o el soplo del viento al pasar.

Si toco las flores del rosal, 

o huelo un alhelí, 

¡qué gozo me da en este mundo vivir, 

que mi Padre creó para mí!

Me ha dado mis ojos para mirar 

de la mariposa el color.
Me dio los oídos para escuchar 

los sonidos de Su creación.

La vida me dio y un corazón,
y gracias a Él daré 

por ser una parte de Su gran creación.
Sí, mi Padre me ama, lo sé.
[Canciones para los niños, 16]

El Padre Celestial los ama, los conoce y entre todas Sus creaciones, ustedes son los más importantes.

Una lección de las estrellas

Gracias a la revelación moderna, sabemos mucho sobre lo que sucedió en la vida premortal, el propósito de esta tierra, nuestra estadía en ella y la exaltación que nos espera después de esta vida si somos fieles. También sabemos algo sobre la gloria de las estrellas.

En Abraham 3, el Señor le dio a Abraham una lección de astronomía. Abraham relató:

y vi las estrellas, y que eran muy grandes, y que una de ellas se hallaba más próxima al trono de Dios; y había muchas de las grandes que estaban cerca;

y el Señor me dijo: Estas son las que rigen; y el nombre de la mayor es Kólob, porque está cerca de mí, pues yo soy el Señor tu Dios; a esta la he puesto para regir a todas las que pertenecen al mismo orden que esa sobre la cual estás. [Abraham 3:2–3]

Voy a esforzarme para impartirles una lección de astronomía sobre las diferentes glorias de las estrellas basada en los limitados conocimientos del hombre.

Cuando observan las estrellas en el cielo nocturno, todas parecen ser más o menos iguales. Esto se debe a que están muy lejos. Aparecen como puntos de luz y son tan tenues que no llegan suficientes fotones al ojo como para distinguir el color de la mayoría de las estrellas.

Pero si observan detenidamente, notarán que las estrellas más brillantes tienden a ser rojas o azules. No todas las estrellas son blancas y su color corresponde a su temperatura. Si calculan la distancia a una estrella, podrán determinar su luminosidad, o su brillo real. Al combinar la información sobre la temperatura y la luminosidad de una estrella, podemos calcular su radio.

Cuando representamos gráficamente la luminosidad de una estrella en función de su temperatura, obtenemos un gráfico llamado diagrama de Hertzsprung-Russell (H-R). Lo que hemos descubierto es que las estrellas no son todas iguales, sino que varían en cuanto a su esplendor.

Betelgeuse es una de las estrellas más grandes de nuestra galaxia. Es más fría que el Sol, pero mucho más brillante y produce mucha más energía. Es una estrella supergigante, con un radio aproximadamente mil veces más grande que el Sol. Si sustituyéramos nuestro sol por Betelgeuse, ¡engulliría todos los planetas hasta Júpiter! Betelgeuse, junto con otras estrellas supergigantes, se encuentra cerca del final de su vida y morirá pronto, en unos cincuenta millones de años.

Las estrellas más pequeñas, llamadas enanas blancas, no son realmente estrellas. Una estrella es un objeto que produce energía mediante fusión nuclear; una enana blanca es el núcleo restante de una estrella que ha muerto y ha expulsado sus capas exteriores al espacio. En la nebulosa Ojo de Gato, hay una enana blanca en el centro rodeada por capas de gas que fueron expulsadas cuando la estrella murió. Dentro de siete mil millones de años, cuando nuestro sol muera, puede que se parezca mucho a esta nebulosa, con una enana blanca en el centro.

Si se compara la gloria del sol con la de las otras estrellas, resulta bastante obvio que el sol no es una gran estrella, ni es la más grande, ni la más caliente. Y no es la más brillante. Pero aunque no sea la más grande, el sol cumple perfectamente la medida de su creación. Proporciona la energía que necesitamos para la vida en esta tierra. Si fuera más caliente o más luminosa, haría demasiado calor para que el agua permaneciera líquida en la superficie de la tierra, y la vida no podría existir. Y si el sol fuera más frío o menos luminosa, nos congelaríamos.

A medida que se comparan las características del Sol, como su color, vida útil y su actividad magnética, con las de otras estrellas, rápidamente se comprende que las estrellas como el Sol son ideales para proporcionar un entorno que pueda sustentar la vida. El Sol tiene el conjunto perfecto de atributos para cumplir el propósito que se le ha dado.

Después de que el Señor le enseñara a Abraham acerca de las diferencias en las estrellas, comenzó a enseñarle acerca de las inteligencias o espíritus que existían antes de esta tierra. Abraham nos vio a ustedes y a mí, y a todos los hijos espirituales de Dios.

El Señor enseñó a Abraham:

De ahí que él hizo la estrella mayor. Así también, si hay dos espíritus, y uno es más inteligente que el otro, sin embargo estos dos espíritus, a pesar de ser uno más inteligente que el otro, no tienen principio; existieron antes, no tendrán fin, existirán después, porque son gnolaum o eternos. [Abraham 3:18]

Ahora bien, a primera vista podría parecer injusto que el Señor llamara a unos espíritus “más inteligentes” que otros. Pero recordemos nuestra lección sobre las estrellas. Cada estrella es diferente: cada una tiene atributos diferentes, cada una está en una etapa diferente en su desarrollo y cada una tiene una misión diferente. Del mismo modo, cada hijo de Dios es diferente: cada uno de nosotros tiene diferentes atributos o talentos, cada uno se encuentra en una etapa diferente de su desarrollo eterno y cada uno tiene una misión diferente en esta tierra. Como somos hijos de Dios, Él nos conoce perfectamente y sabe qué dones y talentos trajimos con nosotros a esta tierra. Él nos ha colocado en esta tierra en este momento y en nuestra situación actual para que podamos crecer, desarrollarnos y cumplir nuestra misión aquí en la tierra de la mejor manera posible. Al igual que el Sol, cada uno de ustedes tiene los atributos y cualidades perfectos que necesita para llenar la medida de su creación.

Si seguimos leyendo en Abraham, el Señor explicó:

Estos dos hechos existen: Hay dos espíritus, y uno es más inteligente que el otro; habrá otro más inteligente que ellos; yo soy el Señor tu Dios, soy más inteligente que todos ellos. [Abraham 3:19]

Al combinar estos dos versículos, aprendemos algunas verdades importantes acerca de nosotros mismos. Primero, aprendemos que no todos somos iguales. Siempre habrá alguien más inteligente o más dotado en algo que ustedes; del mismo modo, serán más inteligentes o dotados con algún atributo que alguien más.

Pero también aprendemos que somos eternos. Aunque todas las estrellas que ven en el cielo eventualmente morirán, ustedes vivirán para siempre. Eso significa que tienen una cantidad infinita de tiempo para cambiar y crecer. No están estancados; son hijos e hijas espirituales de Dios, y como tales, han heredado el potencial de llegar a ser como Él. Y debido a que Él es el más inteligente de todos, cada uno de nosotros puede desarrollar inteligencia y capacidad para llegar a ser como Él y, eventualmente llegar a ser perfectos, tal como Él es.

La perfección no se alcanzará en esta vida, pero llevarán consigo a la próxima vida el crecimiento y el desarrollo que obtengan en esta vida y esto les dará mucha más ventaja en la vida venidera mientras continúen en su búsqueda de llegar a ser como nuestro Padre Celestial (véase D&C 130:19).

En esta era de Facebook, Snapchat y Twitter (escojan su red social favorita), es fácil caer en la trampa de comparar sus vidas con las vidas de los demás y sentir que a las suyas les falta algo. Cuando nos vemos envueltos en la carrera hacia la perfección, los contratiempos, los desafíos, las pruebas y los fracasos pueden parecer abrumadores. Recuerden la lección sobre las estrellas. No todos somos iguales. No todos estamos destinados a ser la estrella más brillante, la más grande o la más caliente. De hecho, puede que ni siquiera estemos destinados a ser una estrella, y si seguimos comparándonos con algo que no somos, nunca encontraremos la verdadera felicidad en esta vida. Nunca llegaremos a ser la persona que nuestro Padre Celestial quiere que seamos.

En mi investigación estudio objetos llamados enanas marrones. La comunidad científica a menudo se refiere a estos objetos como “estrellas fallidas” porque se forman como una estrella a partir de una nube de gas y polvo, pero no tienen suficiente masa para iniciar la fusión de hidrógeno en sus núcleos. Por lo tanto, nunca se convierten en estrellas.

Odio la etiqueta “estrellas fallidas” porque estos objetos ¡nunca estuvieron destinados a ser estrellas! Fueron creados para ser enanas marrones. ¡Y son increíbles!

Cuando se forma una enana marrón, es relativamente caliente, pero sin una fuente de energía interna, se enfría lentamente con el tiempo. Algunas de las enanas marrones más jóvenes y masivas son tan calientes como las estrellas más frías, con una temperatura de 3500 grados kelvin, mientras que otras más antiguas y menos masivas tienen temperaturas cercanas a los 200 grados kelvin. ¡Eso es más frío que la Tierra!

A medida que estos objetos se enfrían, se forman nubes en sus atmósferas, similar a la formación de nubes que vemos en la Tierra o en Júpiter. Con sus estructuras de nubes, las enanas marrones se parecen mucho más a los planetas que a las estrellas.

Las enanas marrones proporcionan información valiosa a los científicos que desean comprender las atmósferas de los planetas gigantes gaseosos que orbitan alrededor de otras estrellas. Verán, es casi imposible obtener una imagen directa de un planeta gigante gaseoso alrededor de su estrella madre. La estrella es mucho más brillante que el planeta, por lo que no podemos detectar directamente la luz del planeta con nuestra tecnología actual. Pero como una enana marrón está aislada en el espacio y no orbita alrededor de otra estrella, se puede estudiar fácilmente para determinar las propiedades de su atmósfera y la estructura de sus nubes. Debido a que las temperaturas de las enanas marrones son similares a las que encontramos en los planetas gigantes gaseosos, podemos aplicar nuestro conocimiento sobre las atmósferas de enanas marrones para hacer suposiciones de cómo deben ser las atmósferas de estos planetas extrasolares.

Por lo tanto, las enanas marrones proporcionan a los astrónomos conocimientos esenciales que no podrían obtenerse de otra manera. Cumplen perfectamente con la medida de su creación y no son estrellas fallidas. Mas bien, son planetas que superan las expectativas.

Usted es un hijo de Dios

La próxima vez que dude de su valor personal o sienta que carece de algo al compararse con los demás, recuerde que es un hijo de Dios. Usted es creación Suya, y es perfecto tal como está destinado a ser. Acérquese a Él y Él le ayudará a descubrir los dones y talentos que le ha dado y la misión que tiene para usted en esta vida. Ninguno de nosotros es un fracasado.

Al igual que Abraham, Moisés también tuvo el privilegio de hablar con Dios cara a cara y de que se le mostrara la tierra y todos sus habitantes. Quiero destacar algunos pasajes de Moisés 1 al concluir hoy.

En los versículos 3 y 4, Dios instruyó a Moisés:

He aquí, soy el Señor Dios Omnipotente, y Sin Fin es mi nombre; porque soy sin principio de días ni fin de años; ¿y no es esto sin fin?

He aquí, tú eres mi hijo; mira, pues, y te mostraré las obras de mis manos;

Recuerden que son hijos e hijas de Dios. Dejen que ese conocimiento los inspire a dedicar tiempo cada día a buscar Su guía en su vida. Si tan solo miran y piden, Él les revelará verdades, verdades que necesitan saber.

En el versículo 6 Dios le indicó a Moíses: “Tengo una obra para ti, Moisés, hijo mío”. ¿Pueden cada uno de ustedes oír la voz de Dios que les habla a su corazón, diciéndoles que son hijos o hijas Suyos y que Él tiene una obra para ustedes?

Dios continuó: “Y tú eres a semejanza de mi Unigénito; y mi Unigénito es y será el Salvador, porque es lleno de gracia y de verdad” (Moisés 1:6). Dios los creó. Él los creó a Su semejanza y a Su imagen y les proporcionó un Salvador porque desea que regresen a Él. Él está haciendo todo lo que está a Su alcance para que puedan lograr la exaltación. Solo tienen que elegir Su camino y perseverar hasta el fin.

Dios concluyó diciéndole a Moisés: “pero aparte de mí no hay Dios, y para mí todas las cosas están presentes, porque todas las conozco” (Moisés 1:6). ¡Dios los conoce! Él conoce a todos Sus hijos. Él conoce sus fortalezas y conoce sus debilidades. Él sabe precisamente lo que deben hacer en esta vida para regresar a Él, participar de Su gloria y llegar a ser como Él. Dejen que ese conocimiento los inspire a poner toda su confianza en Él y comprométanse ahora a seguir las impresiones que Él les envía.

El saber que era hijo de Dios inspiró a Moisés y le dio la fuerza que necesitaba para resistir a Satanás. Cuando comprendió su naturaleza divina, Moisés se comprometió a servir a Dios, a adorarlo solo a Él y a invocar continuamente el nombre de Dios (véase Moisés 1:13, 17–18). Del mismo modo, cada uno de nosotros puede obtener fortaleza al saber que somos hijos de Dios y que tenemos un valor infinito. Ese conocimiento puede ayudarnos a superar nuestros desafíos y pruebas más difíciles, especialmente si nos inspira a invocar continuamente a Dios para pedirle ayuda y guía.

Recuerden mirar hacia arriba

Cuando se sientan abrumados por la ira o la duda, si pueden recordar mirar hacia arriba y contemplar las vastas creaciones de Dios, recordarán su naturaleza eterna y que su desafío o prueba actual es solo un pequeño momento en el marco temporal de la eternidad.

Recuerden que después de que el Señor le mostrara a Moisés esa increíble visión de la tierra y le enseñara acerca de mundos sin fin y que no había límite para Sus obras, el Señor le explicó a Moisés el propósito de esta tierra: “Porque, he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Entre todas las vastas creaciones de nuestro Padre Celestial, ustedes son el centro de Su obra y Su gloria. Aunque las tierras vendrán y se irán, y las estrellas vivirán y morirán, ustedes son eternos. Su exaltación es la razón por la cual se creó todo lo que ven a su alrededor.

Recuerden que nuestro Padre Celestial los conoce y los ama. Ustedes son Sus hijos y “la obra de [sus] manos” (Moisés 1:4), y lo que más desea es que regresen a Él y lleguen a ser como Él algún día.

Nunca olviden mirar hacia arriba. Él está allí, los está esperando y los ayudará a encontrar su lugar en este universo. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Denise Stephens

Denise Stephens, profesora adjunta de astronomía de BYU, pronunció este discurso devocional el 3 de julio de 2018.