Universidad de Brigham Young
Devocional

11 de marzo de 2025

Descubrir el plan de Dios para ustedes

Kalani Sitake, entrenador de fútbol americano de BYU.

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Si les rompen el corazón, ¡qué bueno! Eso significa que están un paso más cerca de encontrar el amor verdadero. Si experimentan dificultades en la escuela, ¡genial! Eso significa que se están esforzando a pesar de las dificultades y están adquiriendo nuevas habilidades. Si tienen problemas económicos, eso está bien. Significa que están aprendiendo a mantener un presupuesto y que se sentirán agradecidos y humildes cuando llegue más compensación. Y si no consiguieron el trabajo, eso solo significa que les espera algo mejor. Dios sabe que los buenos tiempos están por venir.

Kalani Sitake

11 de marzo de 2025

Es un gran honor para mí dirigirme a ustedes en este devocional. Bienvenidos, a todos los que forman parte de BYU, incluyendo BYU–Idaho, BYU–Hawaii, BYU–Pathway Worldwide y, por supuesto, a todos los que están aquí hoy. Al mirar a mi alrededor, no puedo creer que hace treinta años era un estudiante de primer año aquí en BYU. Realmente no me siento tan viejo, pero lo soy. Y está bien; he aprendido un par de cosas aquí. Quiero compartir con ustedes algunas cosas que aprendí en BYU, pero no necesariamente en el salón de clases. Son cosas que se aprenden durante el camino, de manera difícil, a través de la experiencia. Eran verdaderas en esa época y hoy todavía lo son. Espero que no les moleste si comparto algunas de ellas para comenzar mi discurso.

En primer lugar, las escaleras que conectan el Edificio Richards con la parte alta del campus son aún peores de lo que parecen. Todavía espero que algún día se conviertan en escaleras eléctricas. Y si tuvieron que subir esas escaleras para llegar al devocional de hoy, espero que haya valido la pena.

En segundo lugar, no pierdan el tiempo buscando maneras creativas para estacionar en el campus y compren un permiso de estacionamiento. Créanme, revisan los estacionamientos de quince minutos cada diez minutos.

Por último, no se preocupen. Si por casualidad obtienen una C- en Biología, Física y American Heritage (patrimonio cultural estadounidense), ¡felicidades! Ustedes también pueden graduarse de BYU.

Sinceramente, me hubiera sido útil saber esas cosas cuando era estudiante de primer año, pero si pudiera volver atrás y decirme algo a mí mismo, sería: “Dios tiene un plan para ti”. Es importante darse cuenta de que existe un plan divino para nosotros.

En la Conferencia General de octubre de 2017, el élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo:

Hay acontecimientos significativos que suceden en el Evangelio y en la Iglesia que hacen avanzar el Reino de Dios sobre la tierra; no ocurren por accidente, sino según el plan de Dios. . . .

De igual modo, hay acontecimientos y relaciones que ocurren en cada una de nuestras vidas que hacen avanzar la obra de Dios sobre la tierra. . . .

La mano del Señor los guía. Por “designio divino”, Él se ocupa de los pequeños detalles de su vida, así como de los sucesos importantes1.

También dijo: “Nuestra vida es como un tablero de ajedrez y el Señor nos mueve de un lugar a otro, si es que somos receptivos a las impresiones del Espíritu. En retrospectiva, podemos ver «Su mano en nuestra vida”2.

Me gustaría volver la vista atrás y mostrarles cómo el Señor me ha llevado de un lugar a otro. Quiero compartir un par de experiencias con la esperanza de que puedan reflexionar sobre sus propias vidas y reconocer las maravillosas bendiciones y el plan que Dios tiene preparado para ustedes.

Héroes de mi infancia

Nací en Nuku’alofa, Tonga. Meses después de mi nacimiento, nuestra familia se mudó a Laie, Hawái, para que mis padres pudieran asistir a BYU-Hawaii. Mis siguientes tres hermanos nacieron en North Shore en el hospital de Kahuku. Como se pueden imaginar, la vida era bastante buena. Asistía a la escuela primaria Laie y disfrutaba del hermoso clima y la gente maravillosa.

Nos encantaban los deportes de BYU, ¡especialmente el fútbol americano! Había jugadores de nuestro vecindario en el equipo de fútbol americano de BYU, y una docena de otros isleños del Pacífico en la plantilla y el cuerpo técnico del equipo. Se veían y hablaban como yo. Yo los seguía a ellos y al equipo como su mayor fan. El fútbol americano de BYU vivía una época dorada, con una ofensiva innovadora, una defensa complementaria y equipos especiales impactantes liderados por el legendario entrenador LaVell Edwards.

Desafortunadamente, mi vida se desestabilizó cuando mis padres decidieron divorciarse. Mi vida estuvo en completo desorden los dos años siguientes. Mis hermanos y yo fuimos separados y enviados a vivir con diferentes miembros de la familia. Mis abuelos, mis tíos y mis tías se turnaron para acogernos en sus hogares, pero nada era estable. Pasé por ciudades en California, Utah y Hawái, sin quedarme más de seis meses en un solo lugar. Asistí a muchas escuelas nuevas, por lo que me resultaba difícil hacer amigos. Echaba de menos vivir en la misma casa que mis hermanos. Durante este tiempo, mis padres todavía estaban tratando de determinar sus planes para la vida y la universidad. Extrañaba a mis padres, mi familia y mi vida. Lidiar con un divorcio en el hogar es difícil, lo cual, desafortunadamente, algunos de ustedes pueden entender por experiencia. Estaba destrozado y no entendía lo que estaba pasando. Cuestionaba todo y a menudo me culpaba a mí mismo. Me sentía perdido y desesperado por respuestas que nunca llegaban.

Con el tiempo, mi padre decidió que era el momento de que mis hermanos y yo viviéramos con él en Utah. Yo asistía a la escuela Cascade en Orem y era mi cuarto año de primaria. En aquella época, el equipo de fútbol americano de BYU era lo único que traía felicidad a mi joven vida. Resultó ser 1984, el año en que BYU ganó el campeonato nacional sin perder un solo partido. Sentía que Dios respondía a todas mis oraciones cada semana, en cada partido. Recuerdo específicamente pedirle al Padre Celestial que bendijera a los jugadores y su salud, particularmente a Robbie Bosco, porque por alguna razón siempre cojeaba.

Cuando la escuela Cascade anunció que los campeones nacionales vendrían a visitarnos, me pareció demasiado bueno para ser verdad. Los jugadores y entrenadores de fútbol americano de BYU eran increíbles. Tomaron turnos para hablar frente a toda la escuela. Luego firmaron autógrafos y se tomaron fotos con los estudiantes. También participaron en varias actividades y juegos. Me quedé impresionado por su presencia y su amabilidad mientras interactuaban y se reían con los estudiantes y maestros.

Aunque era emocionante que estuvieran allí, yo seguía triste. No tenía confianza y mi autoestima era muy baja. Sentía mucho dolor: extrañaba mi hogar, Laie, Hawái, a mis amigos y a mi mamá. Así que me senté a un lado, satisfecho con simplemente observar desde lejos.

Uno de los jugadores me vio a un lado y me indicó que me acercara para unirme a ellos. Me aseguré de que se dirigía a mí y luego negué rápidamente con la cabeza. Entonces comenzó a caminar hacia mí. Me quedé paralizado. Era un jugador muy famoso. De hecho, era mi jugador favorito. No sabía qué quería, ¿y por qué venía a hablar conmigo? Me hizo un par de preguntas y llevó la mayor parte de la conversación. Antes de volver con el grupo de estudiantes y jugadores, me dio un abrazo. Era diferente a todo lo que había sentido antes; me sentí cálido y a salvo. Durante el abrazo, me dijo: “Todo va a salir bien. Te quiero y Dios te quiere.” Probablemente había escuchado mil veces las palabras “todo va a salir bien” o “todo va a estar bien”, pero esta fue la primera vez que realmente las creí. Mi corazón estaba lleno de alegría y amor. Ese abrazo sanó algo en mí que estaba roto. Durante ese abrazo decidí que jugaría fútbol americano para BYU y sería igual que ese jugador, Vai Sikahema. 

Vai Sikahema llevaba la camiseta número 23 en BYU y jugaba como corredor (running back) y especialista en devoluciones (kick returner). Yo quería ser exactamente como él. Diez años después, como estudiante de primer año en BYU en 1994, usé el número 23 en su honor y jugué como corredor, igual que él; para mostrarle mi agradecimiento por haber tenido un impacto tan grande en mi vida. Él se convirtió en el primer tongano en jugar en la NFL (Liga Nacional de Fútbol Americano). Tuvo una fantástica carrera como especialista en devoluciones. El élder Sikahema sirve actualmente como Setenta Autoridad General para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Años después, le pregunté si recordaba ese momento. Para mi sorpresa, no recordaba específicamente haber conocido a un niño tímido de nueve años en la escuela Cascade en Orem, Utah. ¡Pero para mí ese momento lo significó todo! Él estaba “receptivo a las impresiones del Espíritu”. Como nos recordó el élder Rasband: “La mano del Señor los guía. Por ‘designio divino’, Él se ocupa de los pequeños detalles de su vida, así como de los sucesos importantes.” Para el élder Sikahema fue un pequeño detalle, pero para mí fue un suceso importante.

¿Se pueden imaginar cómo me siento ahora al ver a nuestros jugadores interactuar y conectar con los jóvenes? Tiene que ser más que solo fútbol americano, especialmente aquí en BYU. En octubre de 2013, el presidente Russell M. Nelson declaró: “Su Padre Celestial los ha conocido por mucho tiempo. Ustedes, como Sus hijos o hijas, fueron escogidos por Él para venir a la tierra precisamente en esta época, para ser líderes en Su gran obra sobre la tierra3.” Esta es una de mis partes favoritas de mi trabajo: tengo la oportunidad de entrenar a grandes líderes.

Pruebas de mi vida adulta

Mi hermosa y visionaria esposa, Timberly, tiene una cita favorita del presidente Ezra Taft Benson que se ha convertido en un tema central de nuestra vida juntos: “Los hombres y las mujeres que entreguen su vida a Dios descubrirán que Él puede hacer mucho más con sus vidas que lo que ellos mismos pueden hacer”4.

Aprendí esto de primera mano después de graduarme de BYU y enfocarme en una posible carrera profesional. Entrené muy duro y me desempeñé bien en las pruebas frente a reclutadores profesionales de la NFL. Firmé un contrato como agente libre para jugar como corredor de apoyo (fullback) con los Cincinnati Bengals. Era todo lo que había querido desde niño. Estaba en la NFL, listo para vivir el sueño en Cincinnati. La situación era en realidad mejor de lo que jamás hubiera imaginado. Aunque se me conocía como un corredor de apoyo, durante la universidad había aprendido a realizar pases largos (long snap) con la esperanza de aumentar mis posibilidades de llegar al siguiente nivel, y así fue.

Al incorporarme al equipo, me reuní con el entrenador principal quien me informó que tendría que aportar profundidad y competencia tanto como corredor como especialista en pases largos.  Todo estaba a mi favor y sentía que todos mis planes se estaban cumpliendo. Estaba lleno de aprecio y gratitud. ¡Se estaba haciendo realidad!

Antes de acostarme esa noche, me arrodillé y le di gracias a Dios por todo. Le agradecí las bendiciones, e incluso las dificultades que había enfrentado durante mis años como jugador en BYU: las tres cirugías serias seguidas de rehabilitación; la fortaleza para jugar a pesar del dolor; el conocimiento que adquirí de todos los entrenadores y el haber podido jugar en cincuenta partidos en BYU. Estaba lleno de gratitud. Viviendo ahora en Cincinnati, me encontraba en mi mejor forma física en mucho tiempo y estaba listo para mi primer entrenamiento. Le agradecí a Dios por su guía y terminé mi oración diciendo: “Padre Celestial, confío en ti. Que pase lo que sea mejor para mí. Estoy listo para hacer mucho bien con este don y esta oportunidad”.

A la mañana siguiente, me desperté adolorido, lo cual era normal debido a la cirugía de espalda que me habían hecho tres años antes. Pero ese día era diferente. Mi cuerpo no respondía como de costumbre, lo que me dificultaba moverme. La sensación era como cuando a uno se le duerme el pie, pero afectaba ambas piernas y la parte baja de mi espalda. En pánico, intenté hacer unos ejercicios de calentamiento. Me di un baño caliente y me estiré, pero algo claramente iba mal. La sensación no desaparecía.

Era el primer día de entrenamiento. Recuerdo haberle suplicado a mi cuerpo que respondiera y haberle pedido desesperadamente a Dios que me ayudara. Con dolor, fui a las instalaciones del equipo, asistí a las reuniones y finalmente al entrenamiento. Hacía todo lo posible por ocultar el dolor que sentía en mis piernas y la parte baja de mi espalda, pero no funcionaba. Era obvio para los entrenadores y personal médico que algo estaba mal. Poco después de comenzar el entrenamiento, me llevaron a la enfermería del equipo para una evaluación y luego al hospital para hacerme pruebas y una resonancia magnética. Allí estaba yo en la habitación del hospital, solo, confundido y nervioso. Finalmente, el médico del equipo entró seguido del gerente general, lo cual nunca es buena señal.Me dijeron que mi espalda estaba en tan mal estado debido a una lesión previa que seguir jugando me pondría en riesgo de daño permanente. Mi carrera en el fútbol americano había terminado. Me vi obligado a retirarme, sin tener nunca más otra oportunidad. Mi sueño había terminado antes incluso de haber empezado.

y me vi obligado a retirarme. Nunca tendría otra oportunidad. Mi  sueño había terminado antes de haber comenzado.

Poco tiempo después estaba en mi habitación de hotel, todavía en estado de shock. Mientras asimilaba la realidad, comencé a hablarle a Dios en voz alta. Estaba enojado con Él. Dije cosas como: “¿Estás bromeando?”, “¿Qué acaba de pasar?”, “Cuando dije: ‘Confío en ti’ y ‘que suceda lo que sea mejor para mí’, ¡esto no es lo que quise decir!” y “¡Te dije que iba a hacer mucho bien con este don y esta oportunidad! ¡Iba a hacerte sentir orgulloso a Ti y a todos! Esto iba a ser increíble.” Estaba furioso; estoy seguro que han experimentado algo similar.

Fue uno de los momentos más frustrantes de mi vida. Me sentía solo, abandonado, desesperado y destrozado, una vez más.

De repente, sentí una calidez muy familiar. Era la misma sensación que había tenido cuando tenía nueve años y me abrazó mi jugador de fútbol americano favorito, pero esta vez se sentía como un abrazo del Salvador y Sus ángeles, que me decían: “Todo va a estar bien. Te quiero y Dios te quiere.” Fui sanado de inmediato; no físicamente, sino espiritual y mentalmente. Mi enojo rápidamente se disipó y mi objetivo ahora era descubrir el plan de Dios para mí. Porque si el plan no era jugar fútbol americano en la NFL, entonces debía haber algo mejor.

“Está bien, Padre Celestial,” dije, “estoy listo. Lamento lo que dije, pero confío en Ti. Vamos.”

Los siguientes quince años estuvieron llenos de momentos buenos y algunos difíciles mientras intentaba mantener mi confianza en Él. Superé los momentos difíciles y los buenos fueron increíbles. Llegué a ser un esposo amoroso, un padre dedicado, un hijo más agradecido, un hermano más amable y un amigo más comprensivo. Y de paso, entrené a algunos jugadores de fútbol americano. Aprendí tantas lecciones que me dieron las herramientas y la mentalidad que necesitaba para el siguiente plan. Él tenía razón. Para mí, ¡esto es sin duda algo mejor!

Entonces, el 19 de diciembre de 2015, le hablé a Dios en voz alta de nuevo, “¿Estás bromeando? ¿Qué acaba de pasar?” Conseguí el trabajo de mis sueños, el que nunca supe que siempre había querido. Pero Dios lo sabía. ¡Él lo sabe!

El presidente Benson tenía razón:

Los hombres y las mujeres que entreguen su vida a Dios descubrirán que Él puede hacer mucho más con sus vidas que lo que ellos mismos pueden hacer. Les dará más gozo, ampliará su visión, avivará su mente, fortalecerá sus músculos, elevará sus espíritus, multiplicará sus bendiciones, aumentará sus oportunidades, confortará sus almas, les dará amigos y los colmará de paz. Quienquiera que pierda su vida al servicio de Dios, hallará la vida eterna5.

Momentos destacados

Así que aquí está: Van a pasar por adversidades y momentos difíciles. ¡Felicidades, están en ello! Están buscando los planes divinos preparados para ustedes. Si les rompen el corazón, ¡qué bueno! Eso significa que están un paso más cerca de encontrar el amor verdadero. Si experimentan dificultades en la escuela, ¡genial! Eso significa que se están esforzando a pesar de las dificultades y están adquiriendo nuevas habilidades. Si tienen problemas económicos, eso está bien. Significa que están aprendiendo a mantener un presupuesto y que se sentirán agradecidos y humildes cuando llegue más compensación. Y si no consiguieron el trabajo, eso solo significa que les espera algo mejor. Dios sabe que los buenos tiempos están por venir. Sus momentos destacados están por llegar.

En el fútbol americano, los momentos destacados de los partidos son muy emocionantes de ver. Se vuelven históricos y legendarios, y quedan grabados en la memoria. Ustedes recuerdan dónde estaban en esos momentos. Ya sea que hayan jugado en el partido, lo hayan visto desde las gradas y hayan salido corriendo al campo, o lo hayan visto y escuchado por televisión o radio. Estos momentos destacados se convierten en parte de su vida. Nunca pierden su encanto y los podrían ver una y otra vez. Les recuerdan la sensación que tuvieron justo en ese momento.

Hablando de momentos destacados, hace un par de años en un devocional del departamento atlético de BYU, hablé sobre el momento más destacado de Jesucristo y Su ministerio. Él sanó a los enfermos y afligidos, dio vista a los ciegos, alimentó a miles con unos pocos panes y algunos peces, calmó el mar tempestuoso, levantó a los muertos, caminó sobre las aguas y realizó otros milagros. Fue el maestro y pacificador supremo. Enseñó parábolas: los obreros de la viña, la oveja perdida, el buen samaritano, el hijo pródigo y otras más. Nos enseñó a amar a Dios y a amarnos los unos a los otros. Mostró amor en todo lo que hizo y seguimos aprendiendo de Él y de Su ejemplo.

Sin embargo, es a través del dolor y el sufrimiento de Cristo que todos obtenemos el mayor beneficio. En Su momento de agonía, incluso Él buscó la voluntad del Padre, “diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente…” (Lucas 22:42-44). Dios sabe.

En los momentos más dolorosos de nuestra vida, contamos con alguien que sabe exactamente lo que estamos sufriendo. Estamos conectados a Él, y al igual que Él, necesitamos buscar y confiar en el plan de Dios para nosotros para así superar cualquier adversidad.

Dios sabe. Me uno a las palabras de aliento de nuestro presidente, C. Shane Reese, de que Dios ama a los desfavorecidos y de que debemos responder a las impresiones del Espíritu y “ser el milagro que otra persona necesita”6. Puede que para ustedes sea algo muy sencillo, un pequeño detalle, pero para otra persona puede ser un momento decisivo.

Así que, independientemente de lo que estén atravesando en este momento, los ángeles celestiales y terrenales de Dios estarán allí para consolarlos, alentarlos y abrazarlos. Nos recuerdan que “todo va a estar bien. Los quiero y Dios los quiere”.

En el nombre de Jesucristo, amén.

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Kalani Sitake, entrenador de fútbol americano de BYU, pronunció este discurso devocional el 11 de marzo de 2025.

Kalani Sitake, head football coach at Brigham Young University.

Kalani Sitake, entrenador de fútbol americano de BYU, pronunció este discurso devocional el 11 de marzo de 2025.