“Partículas de oro”
Patrick Kearon
Miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles
17 de septiembre de 2024
Miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles
17 de septiembre de 2024
Al mirar más allá y mirar hacia lo alto, ustedes mismos se convierten en partículas de oro para un mundo a menudo en conmoción; que encuentren gozo al serlo; que se edifiquen durante su tiempo aquí; y que practiquen estos sencillos principios de tender la mano con bondad y amor.
Tenemos la intención de modificar esta traducción cuando sea necesario. Si tiene sugerencias, por favor envíe un correo a speeches.spa@byu.edu
del Cuórum de los Doce Apóstoles
17 de septiembre de 2024
Estoy muy feliz de estar aquí el día de hoy con mi esposa, Jennifer, y con todos ustedes, así como mis familiares y seres queridos. Decir que me sorprende estar aquí sería quedarse corto. Y continuamente me encuentro disculpándome porque el día de hoy no tienen con ustedes, como suelo decir, a un verdadero Apóstol.
De hecho, un apóstol con experiencia sí iba a estar aquí el día de hoy. El élder Gary E. Stevenson estaba originalmente programado para hablar con ustedes hoy. Pero él estará aquí en unos meses y les explicará por qué no está aquí y por qué mi esposa y yo sí lo estamos. Me encanta la idea de sorprender a Dios porque realmente Él me ha sorprendido últimamente. Voy a pensar en ello y ponerlo en práctica.
Digamos esto: realmente es un gozo estar aquí con ustedes. Siento una empatía especial por los estudiantes de primer año que se encuentran entre ustedes, porque yo también soy uno de ellos; por lo menos me siento tan inexperto y, de alguna manera, tan nostálgico como podrían sentirse ustedes. Les doy la bienvenida a este hermoso lugar, a este ambiente extraordinario y a esta gloriosa institución donde pueden crecer en luz, en conocimiento, en amor, en bondad y, ciertamente, en gozo y en comprensión de quiénes son realmente.
Para aquellos de ustedes que estuvieron aquí, o quizá no, la semana pasada, cuando hablaron el presidente C. Shane Reese y la hermana Wendy W. Reese, volví a repasar sus discursos. [El presidente Reese se puso de pie y le entregó un papel al élder Kearon.] Esta es la lista de aquellos de ustedes que no estaban aquí. Los Reese todavía están dolidos por su ausencia.
Pero pueden imaginarse cómo mi esposa y yo pasamos el fin de semana pensando en lo que podríamos compartir hoy con ustedes. Estos devocionales suelen ser muy bien preparados y bien pulidos. Y eso es precisamente lo que acaban de escuchar de mi esposa, Jennifer Kearon1. Lo que escucharán de Patrick Kearon será algo menos refinado.
La hermana Reese habló de mantener una actitud positiva y de procurar ver lo bueno2. Fue hermoso. No puedo pensar en una mejor manera de comenzar el año académico que con esa invitación, esa exhortación.
El presidente Reese habló acerca de encontrar su propia visión y de luego esforzarse lo necesario para hacerla realidad, así como de hacer y guardar convenios con Dios3. Qué combinación tan perfecta fueron esos mensajes para ustedes, para mí y para todos nosotros. Estoy agradecido de que la mayoría de ustedes estuvo aquí la semana pasada y de que hayan podido reflexionar en cuanto a esos mensajes. Y si aún no lo han hecho, pueden leerlos o volver a repasarlos.
Mientras escuchaba lo que los Reese compartían la semana pasada, pensé en mi primera experiencia con BYU. De hecho, vine aquí como visitante al campus cuando tenía veintitantos años. Eso fue antes de ser miembro de la Iglesia, y realmente tuvo un gran impacto en mí. Fue parte de mi trayecto, parte de mi preparación en mi proceso de conversión. Mi conversión fue un proceso con avances y retrocesos por alrededor de dos años. Cuando llegué al campus, quedé maravillado de la manera más grata: primero, por el entorno físico del campus, con las montañas como telón de fondo y el valle donde fue establecida esta universidad. Literalmente me dejó sin palabras. Me encantó.
Espero que nunca se vuelvan indiferentes al paisaje que los rodea, al entorno en el que se encuentran. Hoy, con la primera capa de nieve sobre la montaña Timpanogos y las montañas vecinas, se ve hermoso. Con suerte, creo que el sol saldrá un poco más tarde y toda esa escena quedará iluminada por una luz brillante. Espero que eso pueda simbolizar el esfuerzo y dedicación que el presidente Reese nos invitó a tener la semana pasada. Están procurando alcanzar lo más elevado y lo más sagrado, mientras que al mismo tiempo se esfuerzan por discernir cuál debe ser su visión y qué tipo de esfuerzos realizarán para alcanzarla.
Así que el entorno físico fue lo primero que noté. Lo segundo que me llamó la atención fueron los propios estudiantes. No se parecían a nada que hubiera visto antes. Eran extraordinarios. Estaban muy felices. Eran positivos. Estaban, como decimos en el lenguaje de la Iglesia (una expresión que yo no conocía en ese entonces), “anhelosamente consagrados”4. Temo que en los últimos años, parece ser más como “ansiosamente consagrados”. Todos procuramos reducir esa clase equivocada de ansiedad. Pero esos estudiantes estaban comprometidos con entusiasmo. Participaban con entusiasmo mientras se movían por el campus.
Me acabo de dar cuenta de que, en realidad, vine a un concierto de los Beach Boys y que probablemente me senté en algún lugar allá arriba, en las últimas filas. Había unas enormes pelotas de playa inflables que rebotaban de un lado a otro. ¡Y justo aquí, donde estoy parado, estaban los Beach Boys! Esa fue una de mis primeras experiencias aquí.
Pero lo extraordinario fueron los estudiantes. Y queridos amigos, ustedes siguen siendo extraordinarios. Para muchos de ustedes, ha sido todo un sacrificio llegar hasta aquí. Y ahora están aquí, en medio de esta hermosa, exigente y gloriosa experiencia que vivirán durante unos años en este precioso lugar.
A los que acaban de llegar, bienvenidos, y les recordamos que no se espera que, al llegar aquí, sean como todos los demás. No están destinados a ser como cualquier otro estudiante de cualquier otra universidad del mundo. Esto está destinado a ser especial. Esto está destinado a ser más elevado, a ser más santo. Y definitivamente esto está destinado a ser mucho más gozoso. Ruego que así sea para ustedes. Esta institución no está destinada a ser como cualquier otra institución en el mundo. Ha sido bendecida. Ha sido consagrada para que puedan venir aquí y convertirse en embajadores para llevar lo que aprendan, en términos de sus estudios, pero también en términos del desarrollo de su carácter y su naturaleza, a todo el mundo.
Al pensar en esas sorpresas de las que acaba de hablar mi esposa, Jennifer, y al pensar en el viaje de ustedes, quiero acudir a 1 Pedro 4:12–13. Piensen en esas sorpresas y en las pruebas que nos llegan:
Amados, no os asombréis del fuego de prueba que os ha sobrevenido para poneros a prueba, como si alguna cosa extraña os aconteciese,
antes bien, gozaos [qué palabra para usar en ese contexto] en que sois participantes de las aflicciones de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con gran alegría.
Consideren esta maravillosa idea que compartió la hermana Kearon en cuanto a las sorpresas: pueden venir las pruebas, pueden venir las sorpresas e incluso pueden aparecer piedras en nuestro camino; pero podemos hacer de todas esas cosas en algo para nuestro beneficio. Y ustedes pueden hacerlo. Ciertamente soy un segundo testigo de ello: esas experiencias sean agotadoras, e incluso desgarradoras, mientras las estamos viviendo.
Quiero compartir con ustedes estas palabras del presidente Henry B. Eyring sobre la naturaleza de la vida terrenal. Él dijo: “El Señor no nos hace pasar por esta prueba solo para darnos una calificación, lo hace porque el proceso nos transformará”5. Eso es muy interesante, sobre todo en un entorno en el que dependen de sus calificaciones. Su objetivo es obtener calificaciones y deben lograr ciertas calificaciones para obtener resultados específicos. Pero se trata de un maravilloso equilibrio que conforma el plan de salvación, el plan de felicidad y nuestro propósito aquí, en nuestra vida mortal.
Una vez más: “El Señor no nos hace pasar por esta prueba solo para darnos una calificación, lo hace porque el proceso nos transformará”. Todos estamos en ese proceso. Todos nos estamos transformando, y para lograrlo hacen falta tanto los momentos difíciles como los momentos agradables.
Compartiré con ustedes un breve video sobre una historia que relató el presidente M. Russell Ballard, a quien extrañamos. El presidente Ballard habló de un joven que vendió todo lo que poseía para ir a California en búsqueda de oro6. Veamos el viaje de este joven en su búsqueda de oro. No encuentra de inmediato lo que está buscando. Eso es parte del mensaje para ustedes. Desarrollaré un poco más ese mensaje mientras hablamos juntos el día de hoy. [Se proyectó un video que dramatiza el siguiente relato del discurso del presidente Ballard en la Conferencia General de abril de 20117.]
Muchas veces somos como el joven mercader de Boston, quien, según cuenta la historia, en 1849 se vio atrapado en el fervor de la fiebre del oro de California. Vendió todas sus posesiones para buscar su fortuna en los ríos de California, los cuales, según le habían dicho, estaban llenos de pepitas de oro tan grandes que apenas se podían cargar.
Día tras día, el joven sumergía su batea en el río y salía vacía. Su única recompensa era una pila creciente de piedras. Desalentado y en ruinas, estaba listo para abandonar la empresa; hasta que un día un viejo buscador de oro con experiencia le dijo: «Muchacho, vaya montón de piedras que tienes ahí».
El joven respondió: Aquí no hay oro; me voy a volver a casa.
El viejo buscador de oro caminó hacia el montón de rocas y dijo: Claro que hay oro aquí; solo tienes que saber dónde buscarlo; tomó dos piedras en las manos y golpeó una contra la otra. Una de las rocas se partió y mostró varias partículas de oro que brillaban bajo el sol.
Mirando la bolsa de cuero repleta que el buscador de oro tenía atada a la cintura, el joven dijo: “Busco pepitas como las de la bolsa, no partículas microscópicas”.
El viejo buscador le mostró la bolsa al joven, quien al mirar dentro esperaba ver varias pepitas grandes; pero se sorprendió al ver que estaba llena de miles de partículas de oro.
El viejo buscador dijo: “Hijo, me parece que estás tan ocupado buscando pepitas grandes que te pierdes la oportunidad de llenar tu bolsa con estas preciosas partículas de oro. La acumulación paciente de estas pequeñas partículas me ha dado una gran fortuna”.
Este relato ilustra la verdad espiritual que Alma enseñó a su hijo Helamán:
“Por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas…”
Hermanos y hermanas, el evangelio de Jesucristo es sencillo […]
Al igual que las partículas de oro que se van acumulando con el tiempo hasta ser un gran tesoro, nuestros actos de bondad y de servicio pequeños y sencillos se acumularán para crear una vida llena de amor hacia nuestro Padre Celestial, de devoción a la obra del Señor Jesucristo y de un sentido de paz y alegría cada vez que nos acerquemos con amor el uno al otro8.
Me encanta esto. Ese párrafo final está lleno de enseñanzas del presidente Ballard al explicar lo que esas pequeñas partículas significan para ustedes y para mí.. Voy a leer esa parte final de nuevo. Me gustaría que meditaran en ello, porque esta verdad se nos puede escapar fácilmente si no estamos atentos.
El presidente Ballard concluyó: “Al igual que las partículas de oro que se van acumulando con el tiempo hasta ser un gran tesoro, nuestros actos de bondad y de servicio pequeños y sencillos [esta es la acción para nosotros] se acumularán para crear una vida llena de amor hacia nuestro Padre Celestial, de devoción a la obra del Señor Jesucristo y de un sentido de paz y alegría cada vez que nos acerquemos con amor el uno al otro”.
Piensen en ello un momento. Para mí, esto constituye una invitación a mirar más allá y mirar hacia lo alto. Y es, en cierto modo, un resumen de lo que les sucede a quienes sirven en una misión, ya que están inmersos en un entorno extraordinario en el que se ven realmente obligados a mirar más allá y mirar hacia lo alto. Llegan a amar sus misiones en gran medida porque, por primera vez en sus vidas, de manera significativa, miran más allá y miran hacia lo alto. Es algo hermoso. Y esta es una de las dificultades que enfrentan muchos misioneros al regresar a casa, porque vuelven a centrar la mirada en sí mismos, como antes de su misión, y hasta cierto punto empiezan a mirar hacia abajo.
Escuché al presidente Ballard y he escuchado a las Autoridades Generales enseñar esto muchas veces y de muchas maneras: que esos “actos de bondad y de servicio pequeños y sencillos” sí “se acumularán para crear una vida llena de amor hacia nuestro Padre Celestial, de devoción a la obra del Señor Jesucristo y de un sentido de paz y alegría”. Y ciertamente, eso es lo que todos anhelamos encontrar. Así que, por favor, piensen en esto. Por favor, oren al respecto. Oren para saber cómo pueden poner en práctica esta sencilla invitación todos los días para que sean bendecidos al bendecir a los demás y mirar hacia arriba hacia nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador Jesucristo.
Ahora quisiera recordarles una verdad fundamental, que espero que los bendiga en esta búsqueda. Es tan obvia, que se puede pasar por alto fácilmente.
En primer lugar, ustedes son hijos de Dios. Ustedes son hijas e hijos espirituales de nuestro Padre Celestial. Como converso a mis veintitantos años, me di cuenta de que aquellos que habían crecido dentro de la Iglesia habían crecido cantando canciones que les recordaba esta verdad. Se les enseñó sobre esto todos los días, casi cada vez que asistían a la Iglesia. Y esa es una hermosa bendición. Pero ¿llega alguna vez el momento en que podemos correr el riesgo de volvernos indiferentes con respecto a esta verdad? Cuando lo hemos escuchado tantas veces, cuando lo hemos cantado con tanta frecuencia y cuando lo hemos repetido tanto, ¿corremos el riesgo de que pierda valor en nuestra mente y en nuestro corazón?
Creo que la respuesta a eso es, al menos, un pequeño sí. Para alguien que se une a la Iglesia, como en mi caso, de nuevo, en mis veintes, ¡esta es una revelación gloriosa! Es una verdad tan poderosa, hermosa y fundamental. Quisiera compartir con ustedes un breve video del discurso del Presidente Russell M. Nelson, seguido de la respuesta de una joven en cuanto a su enseñanza. [Se mostró un video.]
El presidente Nelson dijo:
Mis queridos amigos, ustedes son literalmente hijos procreados como espíritus de Dios. Ustedes han cantado esta verdad desde que aprendieron las palabras del himno “Soy un hijo de Dios”9.
Después de haber escuchado las palabras del profeta, la joven del video dijo:
Si todos supieran que son hijos de Dios, creo que todos mirarían el mundo de manera diferente. Todos entenderíamos que no tenemos que luchar solos en esta pelea.
Este es el lenguaje de alguien que recién comienza a entender, creo: “No tenemos que luchar solos en esta pelea”. ¡Si tan solo el mundo entendiera esto! Pero antes de que el mundo pueda comprenderlo, nosotros debemos llegar a una comprensión más profunda de esta hermosa verdad. Debemos llegar a una comprensión más profunda, lo cual no significa más compleja, sino más bien más sencilla, del plan de felicidad, del plan de la redención y del plan de la misericordia. Tenemos que entender que ese diseño es un regalo para nosotros para toda la eternidad y que verdaderamente somos hijos de nuestro Padre Celestial.
Me encanta la sonrisa de la joven al final del video. No conozco el trasfondo de esa historia, pero es como si esa relación con Dios se le estuviera revelando por primera vez. Y sé cómo me sentí cuando, por primera vez, esa verdad se hizo real para mí.
Esta es una maravillosa cita del presidente Jeffrey R. Holland en la que se nos recuerda que se nos anima a todos. Piensen en ustedes mismos hoy. Si están teniendo un día difícil, si este día o esta semana ha comenzado difícil para ustedes, piensen en esto. El presidente Holland dijo:
Hermanos y hermanas, testifico que ninguno de nosotros es menos preciado o menos valorado por Dios que otro. Testifico que Él ama a cada uno de nosotros: a cada cual con sus inseguridades, afanes, imagen de sí mismo y todo. Él no mide nuestros talentos ni nuestro aspecto; Él no mide nuestra profesión ni nuestras posesiones. Él anima a cada corredor10.
“Él anima a cada corredor”, refiriéndose a ustedes, especialmente si este es un día difícil para ustedes. De nuevo, quiero que piensen en este entorno, en esta oportunidad que tienen, incluso cuando se sientan presionados. Mientras contemplan esas montañas esta tarde y cada día, piensen en la belleza a la que han sido traídos al venir a aprender y conocer estas verdades eternas, a un nivel más profundo, o mejor dicho, más sencillo, de la verdad que se nos ha revelado.
Hablando del paisaje, hay una cita maravillosa del presidente Dallin H. Oaks. Él dijo: “Nuestro creador quiere que seamos felices en esta vida […]. Las cosas de la tierra fueron creadas para nuestra felicidad”11. Fueron creadas para la felicidad de ustedes y para la mía.
Felicidades por haber llegado hasta aquí. Gracias por lo bueno en sus vidas. Si necesitan hacer algunos cambios, piensen en la belleza de lo que se nos ha enseñado en los últimos años sobre el don del arrepentimiento diario12. El gozo de ello es el don que está ahí para ustedes, para mí y para todos nosotros.
Desde su lugar tan duramente ganado y, sí, privilegiado, tengo una invitación para ustedes. Y esto es lo que les invito a hacer: que, al comprender más profundamente de dónde provienen esas partículas de oro, al mirar más allá y mirar hacia lo alto, ustedes mismos se convierten en partículas de oro para un mundo a menudo en conmoción; que encuentren gozo al serlo; que se edifiquen durante su tiempo aquí; y que practiquen estos sencillos principios de tender la mano con bondad y amor cada día en su apartamento, en sus clases, en su barrio, en su rama y en su hogar.
Y luego, cuando salgan al mundo, descubrirán que el mundo los ve de otra manera, a medida que se regocijen en la verdad que han recibido, a medida que lleguen a comprender más profundamente quiénes son en realidad y a medida que pongan en práctica estos principios que están aprendiendo cada vez con mayor entusiasmo. A medida que avanzan más allá de aquí, con más energía, les diría que mantengan las cosas simples y recuerden que “existen […] para que tengan gozo”13.
Ruego que disfruten de este proceso, que reciban esta invitación y que actúen de acuerdo con ella a partir de hoy con pequeños actos de bondad, bendiciendo a quienes los rodean y dándose cuenta de que, al mirar más allá y al mirar hacia lo alto, serán bendecidos y millones más serán bendecidos a medida que ustedes salgan al mundo. Les comparto estos pensamientos con amor y gratitud por ustedes y por todo lo que pueden hacer y todo lo que ya están haciendo.
Testifico de nuestro amoroso Padre Celestial, de Su Hijo Jesucristo, de nuestro profeta viviente que nos guía y del glorioso hecho de que tendremos profetas para guiarnos hasta que nuestro amado Salvador regrese a la tierra. En el nombre de Jesucristo, amén.
© Intellectual Reserve, Inc. Todos los derechos reservados.
Notas
1. Véase Jennifer Kearon, “¡Sorpresa!”, discurso devocional de BYU, 29 de septiembre de 2009.
2. Véase Wendy W. Reese, “The Power of Positivity”, discurso devocional de BYU, 10 de septiembre de 2024.
3. Véase de C. Shane Reese, “An Invitation to Become: Vision, Work, and Covenants”, discurso devocional de BYU, 10 de septiembre de 2024.
4. Doctrina y Convenios 58:27.
5. Henry B. Eyring, “Waiting Upon the Lord”, discurso devocional de BYU, 30 de septiembre de 1990.
6. Véase M. Russell Ballard, “Encontrar gozo al servir con amor”, Liahona, mayo de 2011.
7. “Partículas de oro”, video, la Iglesia de Jesucristo, YouTube, 9 de septiembre de 2011, https://youtu.be/V2HJ0jXSOwE?si=wvFj90CmLqRBgBmd.
8. M. Russell Ballard, “Encontrar gozo al servir con amor”, Liahona, mayo de 2011, citando Alma 37:6.
9. Russell M. Nelson, “Decisiones para la eternidad”, devocional mundial para jóvenes adultos, 15 de mayo de 2022; véase “Soy un hijo de Dios”, Himnos, 1992, nro. 196.
10. Jeffrey R. Holland, “El otro hijo pródigo”, Liahona, mayo de 2002; énfasis en el original.
11. Dallin H. Oaks, “El gozo y la miseria”, Conferencia General, octubre de 1991.
12. Russell M. Nelson, “Podemos actuar mejor y ser mejores”, Liahona, mayo de 2019.
13. 2 Nefi 2:25.

Patrick Kearon, miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pronunció este discurso el 17 de septiembre de 2024.