Devocional

La Expiación de Cristo: invitaciones a actuar y bendiciones prometidas

Setenta Autoridad General

15 de noviembre de 2022

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De estas y otras experiencias he aprendido que, al venir a Cristo, Él sigue un patrón de enseñanza que nos da inspiración y fortaleza espiritual. Nos muestra verdades eternas, nos invita a actuar y promete bendiciones a quienes, con fe, responden a sus invitaciones.


Tenemos la intención de modificar esta traducción cuando sea necesario. Si tiene sugerencias, por favor mándenos un correo a speeches.spa@byu.edu.

Hermanas y hermanos, gracias por su fe en Jesucristo, gracias por su valentía para dar testimonio de Su nombre; y gracias por todo lo que hacen para llegar a ser y ayudar a otros a llegar a ser verdaderos seguidores de Jesucristo y disfrutar de las bendiciones del santo templo. Son hermosos; son amados.

Casi cada vez que me encuentro en un campus universitario, recuerdo mis primeros días como estudiante universitario. Me gradué de la escuela secundaria en Hawaii. Durante mi último año, la mayoría de mis amigos planeaban asistir a la universidad. Para mí, esta era una idea nueva ya que nadie en mi familia había asistido a la universidad. Me reuní con mi consejera en la secundaria para expresarle mi deseo de cursar estudios universitarios. Se sorprendió y se rió un poco, o tal vez mucho. Amablemente, me sugirió otras opciones además de los estudios universitarios. Salí de su oficina decepcionado, pero no desanimado.

Luego me reuní con mi entrenador de baloncesto de la escuela secundaria y le pregunté qué opciones tenía para poder asistir a la universidad. Fue honesto y me mencionó que una forma en que podría asistir a la universidad era mediante una beca deportiva. Así que comencé a recopilar artículos periodísticos sobre mi éxito como atleta de secundaria y escribí cartas a varias universidades. Esto fue antes de Facebook, Instagram, TikTok y el correo electrónico. Recibí muchas cartas de rechazo y muchas universidades no respondieron. Afortunadamente, recibí una beca parcial para jugar baloncesto en Brigham Young University-Hawaii.

Unas semanas antes de que comenzaran las clases, me reuní con una asesora académica para inscribirme en ellas. Me mencionó que, debido a que BYU-Hawaii era una institución religiosa, tendría que tomar cursos de religión como parte de mis estudios académicos. En ese momento, era un musulmán practicante y miembro de la Nación del Islam. Expresé un deseo de comprender mejor la vida y el ministerio de Jesucristo y se me recomendó que me inscribiera en un curso del Nuevo Testamento.

También, durante nuestra conversación, la asesora académica revisó mi expediente académico de la escuela secundaria y se mostró bastante sorprendida. Dijo que, debido a mi rendimiento académico en la escuela secundaria (o a la falta del mismo), se me colocaría en un periodo de prueba académica y mencionó que, si no lograba al menos un promedio de 3.0 en los primeros dos semestres en BYU-Hawaii, perdería mi beca deportiva. Le comenté que había obtenido treinta y cinco en un examen estandarizado de admisión universitaria (ACT por sus siglas en inglés) y se sorprendió. Entonces le dije: “Sí, saqué diecisiete la primera vez y dieciocho la segunda”. En realidad, yo no había tomado el examen ACT.1

Bueno, el resto de la historia es que logré el promedio académico necesario, jugué baloncesto en la División I de la NCAA (la principal asociación de deportes universitarios en Estados Unidos), obtuve un doctorado en Arizona State University y terminé mi carrera profesional como contador público y como profesor asociado de contabilidad en la Universidad de Alabama. Con amor y fe en Jesucristo, determinación, trabajo duro y mucha ayuda, se puede lograr mucho.

Después de completar mi doctorado, me desempeñé como profesor asistente de contabilidad en el Colegio de Negocios Marriott de BYU.  Mi esposa, Stephanie, y yo nunca habíamos sido estudiantes en BYU; por lo tanto, nos interesaba conocer el estilo de vida y los desafíos que enfrentan los estudiantes en este campus. Durante los primeros seis meses como profesor en BYU, vivimos en Wyview Park, que son apartamentos para estudiantes casados. Nos mudamos con nuestros cuatro hijos pequeños a un apartamento muy pequeño pero cálido, con tres dormitorios y apenas setenta y cinco metros cuadrados.

Al caminar todas las mañanas hacia mi trabajo en el edificio Tanner, tenía la oportunidad de conversar con los estudiantes, conocer sus dificultades y aprender sobre la singularidad de la comunidad de BYU. Durante los siguientes ocho años como miembro de la facultad, llegué a apreciar la bondad, la determinación y el valor de los estudiantes de BYU. Al venir a Cristo, en cada aspecto de sus vidas, se convierten en personas fieles, devotas, intelectualmente capaces y espiritualmente discernientes.

De estas y otras experiencias he aprendido que, al venir a Cristo, Él sigue un patrón de enseñanza que nos da inspiración y fortaleza espiritual. Nos muestra verdades eternas, nos invita a actuar y promete bendiciones a quienes, con fe, responden a sus invitaciones.2

El profeta Lehi, del Libro de Mormón, dio un ejemplo de este principio cuando compartió con su familia una visión del árbol de la vida. Dos de sus hijos, Lamán y Lemuel, tenían preguntas sobre el simbolismo asociado a esta visión.

Lamán y Lemuel le preguntaron a su hermano menor, Nefi, “¿Qué significa la barra de hierro, que nuestro padre vio, que conducía al árbol [de la vida]?”3

Nefi, bajo la guía del Espíritu Santo, ejemplificó el patrón de enseñanza de Cristo. Respondió enseñando una verdad eterna y extendiendo una invitación con bendiciones prometidas:

Y les dije que [la barra] era la palabra de Dios; y que quienes escucharan la palabra de Dios y se aferraran a ella, no perecerían jamás; ni los vencerían las tentaciones ni los ardientes dardos del adversario para cegarlos y llevarlos hasta la destrucción.4

Por medio de su siervo Nefi, Cristo extendió la invitación de escuchar y de aferrarse a la palabra de Dios. Al aceptar esta invitación, el Señor nos ha prometido que nunca pereceremos y que las tentaciones ni los ardientes dardos de Satanás no pueden dominarnos o llevarnos hasta la destrucción. Es una invitación a actuar con la promesa de que, a través de Jesucristo y Su sacrificio, muerte y resurrección, encontraremos verdadera felicidad en Él.

Ruego que el Espíritu Santo nos ilumine a cada uno de nosotros, a medida que comprendamos la verdad eterna con respecto a la Expiación de Jesucristo y actuemos con fe para cumplir las invitaciones del Señor, a fin de recibir Sus  bendiciones prometidas.

Una Verdad Eterna

Piensen en las últimas horas de la vida de Cristo. Era la temporada de la Pascua, una importante festividad judía que celebra el éxodo de los israelitas de la esclavitud en Egipto. Fue durante este tiempo que Jesús instituyó la Santa Cena. En las Escrituras está escrito:

Y mientras comían, Jesús tomó pan, y bendiciéndolo, lo partió y les dio, y dijo: Tomad y comed.

He aquí, esto es para que lo hagáis en memoria de mi cuerpo, porque todas las veces que hagáis esto recordaréis esta hora en que estuve con vosotros.

Y tomando la copa, habiendo dado gracias, les dio, y bebieron todos de ella.

Y les dijo: Esto es en memoria de mi sangre que por muchos es derramada, y el nuevo [convenio] que os doy; porque daréis testimonio de mí a todo el mundo.

Y siempre que realicéis esta ordenanza, me recordaréis en esta hora en que estuve con vosotros, y bebí con vosotros de esta copa, sí, la última vez en mi ministerio.5

Jesús enseñó a Sus amados apóstoles el significado de la Santa Cena y que, mediante esta santa ordenanza, nos unimos a Cristo y Él a nosotros. Después de administrar la Santa Cena, le dijo a Pedro:

Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;

pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, fortalece a tus hermanos.6

Jesucristo es nuestro “abogado ante el Padre”,7 y creo que Él ora continuamente por ustedes y por mí, para que nuestra fe en Él “no falte”.

Después de describir la administración de la Santa Cena y el consejo de Cristo a Pedro, el Nuevo Testamento registra que Jesús caminó con Sus apóstoles al Monte de los Olivos y a Getsemaní, el lugar del lagar de olivos. En el libro de Lucas leemos:

Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.

Y cuando llegó a aquel lugar, les dijo [a Sus discípulos]: Orad para que no entréis en tentación.

Y él se apartó de ellos a una distancia como de un tiro de piedra; y [Jesús], puesto de rodillas oró.8

Hermanas y hermanos, imagínense a Jesús instruyendo a Sus apóstoles a orar para vencer la tentación y luego retirándose “a una distancia como de un tiro de piedra”, alrededor de treinta y cinco metros. Allí se arrodilló para orar, diciendo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”9 En ese momento, Jesús sabía que tomaría sobre Sí los pecados y las penas del mundo, y pudo haberse preguntado: “Padre, ¿hay otra manera en la que pueda pagar este precio por la familia humana? No obstante, no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

«Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle».

Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían a tierra.10

El Salvador sintió el dolor de todos nuestros pecados, así como nuestras debilidades, aflicciones, depresión, ansiedad y sentimientos de ser marginados, abusados, olvidados y maltratados. En esa misma hora, Cristo sintió toda experiencia mortal que nos causa dolor, angustia y desilusión, y el sufrimiento fue tan grande que causó que Jesús sangrara por cada poro de Su cuerpo.11

Bueno, ya conocen el resto de la historia: Judas traicionó a Jesús con un beso; Jesús fue arrestado y golpeado, y le colocaron una corona de espinas sobre Su cabeza. Luego fue juzgado y condenado a morir, y se vio obligado a llevar una cruz al lugar de ejecución conocido como el Calvario. Los soldados encargados de la ejecución clavaron Sus manos y Sus pies, donde Jesús sufrió aún más dolor. Finalmente, Jesús dio Su vida para que podamos disfrutarla más abundantemente, mientras nos preparamos para la vida eterna con Dios: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”.12

En la mañana del primer domingo de Pascua, Jesucristo resucitó. Su cuerpo fue reunido con Su espíritu en un cuerpo perfecto y glorificado, e invitó a Sus discípulos y a otros, diciendo:

Levantaos y venid a mí, para que metáis vuestras manos en mi costado, y para que también palpéis las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que he sido muerto por los pecados [y la angustia, y el dolor] del mundo.13

Jesucristo también dijo:

Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que cree en él no es  condenado.14

La Expiación de Jesucristo es una verdad eterna.

Las invitaciones y las bendiciones prometidas

La invitación de Jesús es sencilla, y Sus bendiciones prometidas son seguras, como Él declaró:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.15

¿Reconocemos Su invitación? ¿Reconocemos el poder que podemos recibir de Sus bendiciones prometidas? Cristo nos invita a venir a Él con la promesa de que nos dará descanso. El presidente Russell M. Nelson describió exactamente cómo es este descanso: es “alivio y paz”.16 Cristo nos invita a llevar Su yugo sobre nosotros y a aprender de Él, porque es “manso y humilde de corazón”. Una vez más, esta es la bendición prometida: encontraremos descanso, porque Su “yugo es fácil” y “ligera [Su] carga”.

Entonces, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo venimos a Cristo y recibimos Su yugo y Su descanso? Permítanme ofrecerles tres cosas que podemos hacer para venir a Él más plenamente.

1. Recibir ordenanzas y hacer y guardar convenios

Primero, venimos a Jesucristo al recibir Sus ordenanzas y al hacer y guardar convenios con Él. El presidente Nelson dijo:

Cada persona que hace convenios en las pilas bautismales y en los templos, y los guarda, tiene un mayor acceso al poder de Jesucristo. ¡Reflexionen sobre esta asombrosa verdad!

La recompensa por guardar los convenios con Dios es poder celestial, un poder que nos fortalece para soportar mejor nuestras pruebas, tentaciones y pesares.17

En enero de 2013, fui llamado a servir como el primer presidente de estaca afroamericano en Alabama. Nuestra familia se había mudado a ese estado unos catorce meses antes, así que éramos relativamente nuevos en la estaca, que abarcaba más de cuatro mil kilómetros y contaba con doce congregaciones. Por lo tanto, sentí la necesidad de visitar cada una de ellas para que me conocieran y yo las conociera.

En una de mis primeras visitas, fui invitado a reunirme con un hermano después de los servicios sacramentales. Mientras nos reuníamos, él metió la mano en el bolsillo para entregarme su recomendación del templo. Este hermano servía como obrero de ordenanzas del templo. Al entregarme su recomendación para el templo, explicó que no podía sostener ni apoyar a una persona de color que sirviera como su presidente de estaca. También compartió que tenía un problema con que yo estuviera casado con Stephanie, una persona que no es de mi raza.

Este hermano fue sincero y honesto acerca de sus problemas y preocupaciones. Tenía la suficiente conciencia de sí mismo como para reconocer cómo la enfermedad del racismo afectaba su capacidad de venir a Cristo. Se sentía indigno de adorar en la casa del Señor, de recibir sus ordenanzas y de hacer y guardar sus convenios con el Señor. Le respondí devolviéndole su recomendación para el templo y luego compartí que si él tenía un problema conmigo debido a mi raza y a mi matrimonio, entonces debía adorar más en la casa del Señor y no menos.

La adoración en el templo nos ayuda a apreciar la belleza de la creación de Dios en toda su variedad. Nos ayuda a ver más allá de nosotros mismos, de nuestros vecindarios y de nuestras naciones. A medida que llegamos a comprender plenamente las ordenanzas y los convenios del templo, reconocemos que el Señor ama la diversidad. El Señor observó cuando terminó Su obra: “Y yo, Dios, vi todo lo que había hecho; y he aquí, todas las cosas que yo había hecho eran buenas en gran manera”.18 El Señor ama la diversidad; me ama a mí y también los ama a ustedes. Él quiere que sepamos que pertenecemos a Su familia: somos hijos de Dios y en realidad somos hermanos y hermanas.

El élder D. Todd Christofferson compartió lo siguiente:

No podemos permitir que exista ningún racismo, prejuicio tribal ni otras divisiones en la Iglesia de Cristo de los últimos días. El Señor nos manda: “Sed uno; y si no sois uno, no sois míos.” Debemos ser diligentes en desarraigar los prejuicios y la discriminación de la Iglesia, de nuestros hogares y, sobre todo, de nuestro corazón. . .

El sentido de pertenencia es importante para nuestro bienestar físico, mental y espiritual.19

Más tarde, le compartí a este hermano que si tenía algún problema conmigo, debía resolverlo con el Señor. Quiero que sepan que no tengo ningún problema con mi físico y que me gusta cómo soy. Además, no tengo ningún problema con la apariencia de Stephanie, quien posee una belleza incomparable. Luego le expresé que estaba totalmente dispuesto a ayudarlo a superar su dificultad, si él me lo permitía. Sentí que deseaba cambiar, que era humilde y que amaba a Cristo tanto como yo.

En esta ocasión, le pregunté si podía llevar a Stephanie conmigo para cenar con él y su familia en su hogar, como su presidente de estaca.

Dos meses más tarde, volví a visitar la zona y cenamos en su hogar con su familia. Durante los cinco años siguientes, desarrollamos una amistad y, cuando fui relevado como su presidente de estaca, nos abrazamos con un profundo sentimiento de amor y fraternidad. Ambos habíamos llegado a comprender el poder espiritual que se recibe mediante las ordenanzas del sacerdocio y al guardar convenios con el Padre y Su Hijo. El presidente Nelson declaró que “llevar el yugo con el Salvador [mediante ordenanzas y convenios] significa que [tenemos] acceso a Su fortaleza y poder redentor”.20

¿Cómo venimos a Cristo? Llevamos el yugo con Él al recibir Sus ordenanzas y hacer y guardar nuestros convenios con Él.

2. Convertirse en aprendices activos

Segundo, venimos a Cristo al convertirnos en aprendices activos. El presidente Nelson nos dio esta invitación:

Aplíquense de lleno a las Escrituras para comprender mejor la misión y el ministerio de Cristo. Conozcan la doctrina de Cristo para que comprendan el poder que ella tiene para su vida. Interioricen la verdad de que la expiación de Jesucristo se aplica a ustedes. . . 

Cuanto más aprendan acerca del Salvador, más fácil será confiar en Su misericordia, Su amor infinito y Su poder fortalecedor, sanador y redentor.21

Nos convertimos en aprendices activos al estudiar las sagradas escrituras, especialmente el Libro de Mormón, lo cual es otro testamento de Jesucristo. El presidente Nelson compartió este pensamiento acerca del Libro de Mormón:

Cuando pienso en el Libro de Mormón, pienso en la palabra poder. Las verdades del Libro de Mormón tienen el poder para sanar, reconfortar, restaurar, socorrer, fortalecer, consolar y animar nuestra alma. . . 

Les prometo que si cada día estudian el Libro de Mormón con espíritu de oración, cada día tomarán mejores decisiones.22

Qué gran invitación y promesa cuando buscamos venir a Cristo como aprendices activos de las santas escrituras, incluyendo el Libro de Mormón.

3. Ministrar a cada persona en particular

Por último, venimos a Cristo al ministrar a cada persona en particular mediante el uso de los principios de amar, compartir e invitar.23 El primer y gran mandamiento es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza.24 Al guardar los mandamientos, aumentamos nuestro deseo de amar a Dios con todo nuestro corazón, y el Señor fortalecerá nuestra capacidad para amar a nuestro prójimo y amarnos a nosotros mismos. Nuestro amor por Dios debe ser el motivador principal en todo lo que hacemos al tratar de ministrar a cada persona en particular. Con amor, compartimos nuestro tiempo, nuestras experiencias, nuestros recursos y nuestras vulnerabilidades, a medida que nos nutrimos y nos ayudamos mutuamente. La unidad se desarrolla al compartir vulnerabilidades; ninguno de nosotros es inmune a los desafíos, pruebas, debilidades, aflicciones y decepciones.

A medida que ministramos con amor y compartimos pensamientos, experiencias y recursos para satisfacer las necesidades de aquellos a quienes servimos, podemos invitarlos a venir a ver, a ayudar y a pertenecer. Podemos invitar a los que amamos a sentir lo que sentimos y a saber lo que sabemos por medio del Espíritu Santo.

En julio de 2022, Stephanie y yo regresamos a casa después de servir como líderes de misión en Manchester, Inglaterra. Amamos el Reino Unido, su gente y su cultura. Como líderes de misión, entrevistábamos a los misioneros cada seis semanas, y durante una de estas entrevistas, me reuní con una maravillosa hermana misionera. Nuestra relación durante los meses anteriores se había deteriorado hasta el punto de que existía una falta de confianza entre nosotros. Desafortunadamente, la parte inicial de nuestra entrevista juntos intensificó esos sentimientos de desconfianza. Fuimos muy directos el uno con el otro y pasamos la mayor parte de la entrevista defendiendo nuestros propios puntos de vista. La frustración de esta entrevista se reflejó claramente en mi rostro y con mis palabras.

Mientras hablábamos, esta buena misionera me pidió una bendición del sacerdocio. La petición llegó en un momento intenso de la entrevista.

Pensé: “Debes estar bromeando. ¿Ahora me pides una bendición? Esto no tiene sentido”.

Desafortunadamente, no solo pensé estas palabras, sino que también las expresé en voz alta.

La entrevista concluyó y fui a explicarle a Stephanie lo que acababa de suceder.

Stephanie dijo: “¿En serio hiciste eso?”

Fue obvio que había cometido un terrible error. Busqué un salón vacío en la iglesia y me arrodillé para orarle a mi Padre Celestial en el nombre de Jesucristo.

El Espíritu Santo me susurró palabras claras: “Peter, Peter, ella no es tuya, es mía. Ámala como yo la amaría”.

Yo respondí: “Sí, Señor, anteriormente compartiste esto conmigo. Ayúdame, por favor.” 

De nuevo recibí la misma respuesta: “Peter, Peter, ella no es tuya, es mía. Ámala como yo la amaría”.

Después de orar, busqué a esta buena hermana y le pedí perdón por mi falta de comprensión y por no haberle mostrado mi amor. Volvimos a hablar y, esta vez, dediqué más tiempo a escuchar para comprender y determinar sus necesidades. Una vez que nos entendimos mutuamente, le pregunté si aún deseaba recibir la bendición. Invité a Stephanie a entrar en el salón y le di una bendición del sacerdocio. No recuerdo las palabras que pronuncié, pero ambos sentimos un mayor amor de Dios y hacia el otro. En ese momento tan sagrado, los ángeles nos ministraron a cada uno de nosotros en ese salón.

¿Entonces, cómo venimos a Cristo? Llevamos el yugo con Él al recibir Sus ordenanzas y hacer y guardar convenios, al convertirnos en aprendices activos y al ministrar a cada persona en particular como Él ministraría a Sus hijos.

Vengan a Él y sean de buen ánimo

Mis amigos, veámonos unos a otros como el Salvador nos ve. Cristo conoce nuestras incertidumbres, nuestras dudas y nuestras preocupaciones. Por favor, sepan que somos hijos de un amoroso Padre Celestial que nos conoce por nombre. Él conoce nuestras personalidades. Conoce nuestras debilidades y nuestras fortalezas. Conoce nuestro potencial y nuestro destino divino, y nos permite pasar por momentos difíciles porque también conoce nuestra valentía. Él confía en nosotros. Él sabe que nos acercaremos y acudiremos a Él por medio del poder redentor y purificador de Su Hijo Jesucristo y de Su Expiación.

Cristo sabe que hay personas en este campus que se sienten solas, marginadas y maltratadas, y que sienten que sus voces y sus preocupaciones no son escuchadas. Cristo sabe que hay personas en este campus que tienen dificultades para reconocer su valor individual y su bondad. Cristo sabe que hay personas en este campus que sufren de ansiedad, depresión y otros tipos de problemas emocionales. Cristo sabe que hay personas en este campus que tienen problemas con diferentes tipos de adicciones, a las drogas, al alcohol y a otras conductas autodestructivas o de autolesión.

Cristo también es consciente de que hay personas en este campus con deseos sinceros de ayudar, pero que no saben cómo hacerlo por temor a ofender o causar más daño. Y sí, Cristo sabe que hay personas en este campus que están realizando una labor maravillosa al ministrar y amar a tantas personas, pero que a veces pueden sentirse abrumadas y agotadas. Para todos, Su invitación a actuar y Sus bendiciones prometidas son únicas y amorosamente íntimas; están dirigidas específicamente a cada uno de ustedes y transmiten la misma verdad poderosa y eterna:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga.

El Salvador declaró: “En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo”25.

Mis amigos, y en verdad ustedes son mis amigos, Jesucristo es el Hijo de Dios y nuestro Salvador y Redentor. Él es nuestro Sanador y nuestro Abogado ante el Padre. Mis amigos, los dejo con mi amor. Son hermosos, son divinos y espero que lo sepan. Cada uno de ustedes es un hijo del Dios viviente. También los dejo con mi testimonio de que las palabras del Cristo viviente son verdaderas. Acérquense a Él y tengan buen ánimo. Él ha vencido al mundo, y con Él, ustedes también pueden hacerlo. En el nombre de Jesucristo, amén.

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Notas 

  1. Académicamente, yo no era un muy buen estudiante de secundaria. Nunca tomé el ACT y nunca recibí una puntuación de treinta y cinco en el ACT. Esta parte de la historia fue compartida durante el devocional de BYU para dar un toque de humor.
  2.   La nueva guía de Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2022) sigue el modelo de instrucción de Cristo: Verdades eternas, invitaciones y  bendiciones prometidas.
  3.   1 Nefi 15:23.
  4.   1 Nefi 15:24.
  5.   Traducción de José Smith, Marcos 14:20–24; cursiva agregada. Véase también Lucas 22:19-; Marcos 14:22-24.
  6.   Lucas 22:31–32.
  7.   1 Juan 2:1; D. y C. 110:4.
  8.   Lucas 22:39–41. La palabra wont en inglés significa “acostumbrado”, o “solía”, como aparece en español. Cuando el Salvador quería estar solo, a menudo visitaba las cimas de las montañas, como el Monte de los Olivos, para orar.
  9.   Lucas 22:42.
  10. Lucas 22:43–44.
  11. Véase Mosíah 3:7-8; D. y C. 19:18.
  12. Juan 15:13; cursiva agregada.
  13. 3 Nefi 11:14; véase también los versículos 10-15. Véase también Juan 20:19–29; Lucas 24:36–40.
  14. Juan 3:16–18.
  15. Mateo 11:28–30
  16. Russell M. Nelson, «Vencer al mundo y hallar descanso», Liahona, noviembre de 2022, cursiva agregada.
  17. Nelson, «Vencer al mundo y hallar descanso».
  18. Moisés 2:31; cursiva agregada.
  19. D. Todd Christofferson, “La doctrina de pertenencia”, Liahona, noviembre de 2022; citando Doctrina y Convenios 38:27.
  20. Nelson «Vencer al mundo y hallar descanso»; cursivas del original.
  21. Russell M. Nelson, «Cristo ha resucitado; la fe en Él moverá montes», Liahona, mayo de 2021, cursiva en el original.
  22. Russell M. Nelson, “El Libro de Mormón:¿Cómo sería su vida sin él?” Liahona, noviembre de 2017.
  23. Véase “Transmisión mundial de como compartir el Evangelio”, Compartir el Evangelio, la Iglesia de Jesucristo, 26 de junio de 2021, https://www.churchofjesuschrist.org/serve/share/resources?lang=spa; véase también “Se anima a los Santos de los Últimos Días a ‘amar, compartir e invitar’”, comunicado de prensa y enlace de video a evento de transmisión mundial, Sala de prensa, Iglesia de Jesucristo, 26 de junio de 2021, https://noticias.laiglesiadejesucristo.org/articulo/se-anima-a-los-santos-de-los-ultimos-dias-a-amar-compartir-e-invitar.
  24. Véase Doctrina y Convenios 59:5.
  25. Juan 16:33.
La Expiación de Cristo: invitaciones a actuar y bendiciones prometidas

Peter M. Johnson era Setenta Autoridad General de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuando pronunció este discurso devocional el 15 de noviembre de 2022.