La fe: un principio esencial del Evangelio Larry L. Howell 5 de junio de 2026 https://speeches.byu.edu/spa/talks/larry-l-howell/la-fe-un-principio-esencial-del-evangelio/ --- Tenemos la intención de modificar esta traducción cuando sea necesario. Si tiene sugerencias, por favor envíe un correo a speeches.spa@byu.edu. Hace un par de años me invitaron a ser orador principal en una conferencia internacional en Londres. Esta invitación fue un honor y una excelente forma de representar a mi laboratorio y a la universidad ante una audiencia internacional. Estaba entusiasmado por el viaje e hice los preparativos típicos: organicé el transporte, preparé mi discurso, proporcioné materiales a quienes estaban promocionando mi discurso, e incluso averigüe cómo orientarme en el metro de Londres para poder asistir a la Iglesia y visitar algunos lugares interesantes que no había visto antes. Llegó el día, tenía las maletas listas y emprendí el viaje a Londres. Fue en ese momento que descubrí que mi pasaporte estaba vencido. ¡Mi pasaporte estaba vencido! La conferencia había estado anunciando mi discurso en su sitio web durante meses. Cuando los asistentes se registraron en la conferencia, recibieron un programa que incluía mi foto y boceto biográfico. Pero no estaría allí porque mi pasaporte estaba vencido. Lo que pensé que iba a ser un lindo honor se convirtió en uno de los eventos más vergonzosos de mi vida. Había hecho muchas cosas para prepararme para el viaje, pero había descuidado una cosa esencial. Y como yo había descuidado esa cosa esencial, ninguna de las otras cosas importaba. El hecho de haber contado y empacado el número exacto de pares de calcetines para el viaje no importaba, porque había olvidado algo esencial. Es fácil en la vida estar ocupado con todo tipo de cosas, incluso cosas que son importantes, pero tenemos que asegurarnos de no descuidar las cosas que son esenciales; de lo contrario, ninguna de las otras cosas realmente importará. Me gustaría hablar de una de las cosas más esenciales en nuestras vidas: el primer principio del Evangelio, “Fe en el Señor Jesucristo” (Artículos de Fe 1:4). Algunos quizá estén pensando dentro de sí: “¿Fe? Qué concepto tan básico. Eso lo tengo claro desde que tenía seis años.” La fe puede parecer un concepto simple de cierta manera, pero cada vez que la estudio, me doy cuenta de que todavía hay mucho que no entiendo. Así que confieso que, aunque podía elegir cualquier tema para el devocional de hoy, elegí uno que no entiendo por completo. Lo que sí entiendo acerca de la fe lo he aprendido por el estudio y de la vida. Me gustaría ilustrar algunos de los conceptos de la fe usando experiencias personales sobre cómo me convertí en ingeniero. Espero que estas ilustraciones nos ayuden a entender los conceptos, y que también sean relevantes para aquellos de ustedes que están pasando por situaciones similares en este momento de sus vidas. Crecí en la maravillosa comunidad de Portage, Utah. He oído que algunas personas se refieren a Portage como “remoto”. No estoy completamente de acuerdo con eso, pero permítanme explicarles. El censo más reciente enumera la población de Portage como 245 habitantes. Portage está en el condado de Box Elder, que es más grande que el estado de Connecticut. Sin embargo, solo tiene una población de 50.000 habitantes, concentrada en su mayoría en Tremonton y Brigham City. Se puede decir con certeza que hay mucho terreno por explorar. Y eso fue exactamente lo que hacíamos mis amigos y yo en nuestra juventud – recorrer las montañas. Hacíamos caminatas, salíamos de mochileros y acampábamos. A menudo iba con amigos, pero a veces iba por mi cuenta para reflexionar, orar y simplemente disfrutar de las creaciones de Dios. Recuerdo tiempos en los que estuve a kilómetros de distancia de cualquier otra persona y me di cuenta de que podría haber sido la única persona en la historia del planeta que alguna vez pisó ese lugar. Me emocionó pensar que había estado en algún lugar donde nadie había estado antes. Esa misma emoción es una cosa que encuentro atractiva de ser ingeniero. En ingeniería, particularmente en investigación y desarrollo, puedo hacer cosas que nunca se habían hecho antes: ampliar los límites del conocimiento, crear nuevas tecnologías que tendrán un impacto significativo en el mundo y, de alguna manera, llegar a donde nadie ha llegado. Pero esto trae un desafío: hacer cosas que nunca se han hecho antes requiere que entres en lo desconocido. No se puede seguir a alguien más ni repetir acciones previas. Sin embargo, aunque no se tenga un conocimiento completo de la solución a los problemas, hay elementos que sustentan los resultados esperados. Por ejemplo, los modelos matemáticos de fenómenos físicos nos ayudan a predecir cómo funcionará algo antes de que se construya. Estos modelos proporcionan evidencia de lo que no se ve. Podemos construir y probar prototipos para evaluar cómo funcionarán las partes de un sistema futuro. Además, nuestras experiencias pasadas proporcionan confianza de que, si seguimos ciertas leyes físicas, todo funcionará como se esperaba. Probablemente, pueden ver los paralelismos entre la investigación en ingeniería y la fe. Pablo enseñó que “la fe [es] la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Aunque no tengamos un conocimiento perfecto de todas las cosas espirituales, hay cosas que nos dan esperanza. Por ejemplo, al igual que los modelos matemáticos que utilizan los ingenieros, las promesas dadas en las Escrituras nos ayudan a predecir las bendiciones que resultan de vivir ciertos mandamientos (véase D. y C. 1:37; 82:10; 130:20–21). Podemos probar prototipos espirituales al seguir el consejo del Salvador en Juan 7:17. Él nos invita a poner en práctica una doctrina y, a través de nuestra propia experiencia, descubrir si es verdadera. También podemos recordar cómo Dios ha obrado en nuestras vidas y confiar en que seguirá haciéndolo. El primer principio del Evangelio no es solo la fe, sino la fe en el Señor Jesucristo. Me gustaría hablar de cinco cosas diferentes relacionadas con la fe en Jesucristo. Voy a parafrasear algunas partes de Predicad Mi Evangelio (véase PME, 2004, 61–62).  1. Primero, tenemos una firme creencia de que Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios y el Salvador y Redentor del mundo. Esta creencia es probablemente lo que pensamos por primera vez cuando consideramos la fe. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). 2. Segundo, reconocemos que podemos regresar a vivir con nuestro Padre Celestial solo al depender de la gracia y la misericordia de Su Hijo. Nefi enseñó: “No hay otro nombre dado debajo del cielo sino el de este Jesucristo . . . mediante el cual el hombre pueda ser salvo” (2 Nefi 25:20). Entendemos que es esencial guardar los mandamientos y recibir las ordenanzas de salvación. Pero como mortales, simplemente no tenemos el poder de salvarnos a nosotros mismos; es solo a través de la expiación de Cristo que podemos ser salvos. Otra vez cito las palabras de Nefi: “Pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25:23). Así que no hay necesidad de discutir entre la fe y las obras, porque necesitamos ambas. 3. Tercero, confiamos en Él y en lo que dice. Aquí es donde siento que empecé a mejorar mi propio entendimiento de la fe. La fe en Jesucristo es más que solo creer en Él; es confiar que Él nos ama, que Él sabe lo que es mejor para nosotros, y que Sus mandamientos son para nuestro beneficio. A veces, incluso el no recibir respuesta a nuestras oraciones puede ayudarnos a fortalecer nuestra confianza en Él y a comprender mejor que Su voluntad es superior a nuestros propios deseos. El élder Joseph B. Wirthlin enseñó: La fe existe cuando la confianza absoluta en lo que no podemos ver se combina con las acciones que están en absoluta conformidad con la voluntad de nuestro Padre Celestial. Sin esas tres cosas —primero, confianza absoluta; segundo, acción y tercero, absoluta conformidad— sin estas tres, todo lo que tenemos es falso: una fe débil e inservible. [“¿Hallará [Él] fe en la tierra?” Liahona, noviembre de 2002, pág. 83] La conformidad de nuestras acciones con la voluntad de nuestro Padre Celestial proviene de esta confianza. Permítanme contar una historia para ilustrar la importancia de confiar en la voluntad de Dios más que nuestros propios deseos. No creo que haya un lugar mejor para fortalecer la fe durante la juventud que Portage, Utah. Es una gran comunidad de Santos de los Últimos Días con gente maravillosa. Pero no es precisamente lo que uno imagina como el camino hacia la ingeniería. Cuando era joven, conocía a muy pocas personas que se habían graduado de la universidad, y no creo haber conocido a un ingeniero. Para ser honesto, pensé que los ingenieros eran personas que conducían trenes. Así que en ese momento de mi vida no había manera de orar y pedirle a Dios que me ayudara en un camino hacia lo que ahora considero mi trabajo ideal: ser profesor de ingeniería en BYU. No podría haber pedido ese camino porque no tenía idea de que tal cosa existía o que me gustaría. Pero Dios lo sabía. Es probable que, con mi inmadura comprensión, oré por otras cosas. Ahora estoy agradecido de que esas oraciones no fueron contestadas de la manera que probablemente me hubiera gustado en ese momento. Recordar tales experiencias me ayuda a apreciar que mi comprensión hoy es todavía inmadura comparada con la comprensión de Dios y que debo confiar en Él, incluso cuando las respuestas a mis oraciones no son las que espero en ese momento. Pero la mano de Dios está en nuestras vidas, incluso cuando no la reconocemos. Comprendí parte de la guía de Dios en mi camino profesional de una forma inusual. Hace unos años el embajador de Finlandia en los Estados Unidos estaba visitando el campus, y yo formaba parte de un grupo invitado a almorzar con él. Mientras él y yo hablábamos, la conversación se dirigió naturalmente a mi tiempo como misionero en Finlandia, y mencioné algunas de las bendiciones que surgieron de esa experiencia. Le dije al embajador que una de las bendiciones fue llegar a saber que quería ser ingeniero al terminar mi servicio misional en Finlandia. Esa idea me llegó aun cuando estaba concentrado en la obra misional y no en mi propio futuro. La vi como un cumplimiento de la promesa en el Nuevo Testamento de que, al perdernos en el servicio de Dios, nos encontraremos a nosotros mismos (véase Mateo 10:39; 16:25). Sigo creyendo que es cierto, pero el embajador tenía una adición interesante. Me explicó que mientras yo estaba en Finlandia, estaba expuesto a una cultura de alta tecnología. Compartió datos que mostraron que un porcentaje extraordinario de finlandeses estudia ciencias, matemáticas e ingeniería en la universidad. Explicó además que cuando era joven, él y sus amigos, en lugar de seguir a atletas y famosos, podían nombrar a los mejores investigadores científicos del país y lo que hacían. Me dijo que se me había expuesto a tal cultura y que eso probablemente tuvo una influencia en mi pensamiento. Reflexioné sobre esto y pensé en las grandes personas que había conocido y respetado en Finlandia, y sabía que habían tenido un impacto en mí. Llegué a la conclusión de que el embajador y yo teníamos razón. Y también me di cuenta de que él había señalado una bendición que yo no había apreciado antes. Además de cumplir importantes propósitos con mi llamamiento misional, Dios me estaba poniendo en el lugar adecuado para tener experiencias que me ayudarían a encontrar mi futura carrera. Esta percepción me hizo preguntar cuántas otras tiernas misericordias me había dado Dios que no había reconocido antes. Experiencias como esta me ayudan a recordar que debo confiar en Dios. Cuando regresé de mi misión, estudié ingeniería mecánica aquí en BYU. También tuve la inmensa fortuna de casarme con mi esposa, Peggy. A medida que se acercaba mi graduación, tenía el deseo de hacer un posgrado. Peggy se había graduado en contabilidad y tenía un buen trabajo en una firma local de contadores públicos. Me encantaba BYU, por lo que me pareció razonable seguir aquí para una maestría. Sin embargo, mientras pensábamos y orábamos al respecto, sentimos una clara impresión de que debía aceptar una oferta de trabajo de una compañía aeroespacial en Texas. Aunque no me parecieron tan obvias al principio, las ventajas de esta decisión se volvieron claras con un poco de reflexión. Ya teníamos nuestra primera hija, Angela, y Peggy podría quedarse en casa con ella. La compañía ofreció un programa donde pagarían mi matrícula para hacer un posgrado de medio tiempo. Varias universidades locales ofrecían cursos en los que las clases se enviaban a la empresa por circuito cerrado de televisión. La compañía me permitiría asistir a clases durante el día siempre y cuando recuperara el tiempo después. Otra ventaja del trabajo era que yo sería ingeniero en el diseño del YF-22, el primer prototipo de lo que se convertiría en el F-22 Raptor de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Esta fue una oportunidad especial para un universitario recién graduado, y se alineaba con mi pasión por hacer cosas nuevas. Nuestra familia se mudó a Texas, y tuve una gran experiencia laboral. Pero también fue intenso. Era un proyecto de defensa secreta con un plazo ajustado, y se me requería trabajar más de 60 horas a la semana. Después de añadir las responsabilidades de un llamamiento de la Iglesia y una familia en crecimiento, tomar clases simplemente no era viable. Me decepcionó y tal vez incluso me sentí un poco abatido. Estábamos tratando de hacer lo que creíamos que era correcto y seguir las impresiones que habíamos recibido del Espíritu, pero el objetivo de hacer un posgrado no estaba dando resultado. Sin embargo, una vez más el plan de Dios resultó ser mucho mejor que el mío. Al tomar este trabajo, no solo recibí una gran experiencia laboral, sino también el pago de horas extras que pudimos ahorrar para un pago inicial de una casa, o eso pensábamos. Tener esos fondos en el banco nos dio el ánimo para que, finalmente, yo pudiera dedicarme a mis estudios de posgrado de tiempo completo. Así que nuestra familia, que para entonces incluía a nuestro hijo Travis, se mudó a Indiana, donde estudié una maestría y un doctorado en la Universidad de Purdue. Tener esas puertas abiertas me dio la experiencia educativa que necesitaba para seguir mi carrera actual. Para cuando terminé mi doctorado, nuestro tercer hijo, Nathan, había nacido. Y, como pueden imaginar, graduarme requirió muchos otros milagros y tiernas misericordias. Ojalá pudiera decir que tuve la fe en Cristo para hacer que esto sucediera, pero puedo decir que tal experiencia, y otras similares, me brindaron oportunidades para reflexionar y ver la mano de Dios en mi vida. Tener esas experiencias fortaleció mi confianza en Él. Cuando las cosas parecen no salir como yo quiero, puedo pensar en esas experiencias y confiar en Él y en Su voluntad. 4. Cuarto, sabemos que Él tiene el poder de cumplir Sus promesas. Sus promesas son realmente extraordinarias. Por ejemplo, consideren la Resurrección. Una vez que alguien está muerto y enterrado, no hay poder en la tierra que pueda traerlo de vuelta. No hay ciencia, no hay medicina, no hay ingeniería y no hay médico que pueda hacer eso. Sin embargo, sabemos que, a través del poder de la resurrección de Cristo, nuestros seres queridos que han partido resucitarán, y tendremos la oportunidad de estar juntos de nuevo. Nos da esperanza para la vida después de esta vida. Como Alma enseñó: El espíritu y el cuerpo serán reunidos otra vez en su perfecta forma; los miembros así como las coyunturas serán restaurados a su propia forma. . . . Pues bien, esta restauración vendrá sobre todos, tanto viejos como jóvenes, esclavos así como libres, varones así como mujeres, malvados así como justos; y no se perderá un solo pelo de su cabeza, sino que todo será restablecido a su perfecta forma. [Alma 11:43–44] Esa es una promesa increíble. Mientras que la Resurrección vence la muerte física, Cristo también promete que a través de Su Expiación podemos vencer los efectos de la muerte espiritual y que podemos ser perdonados de nuestros pecados. A veces puede ser más difícil creer que nuestros pecados puedan ser perdonados que creer que nuestros cuerpos puedan resucitar. Pero como Isaías dijo: “aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18). Algunas personas sienten que el perdón se aplica a otras personas, pero no a sí mismas. Pero a través de la fe y la esperanza en que Cristo tiene el poder de cumplir Sus promesas, podemos saber que ese poder también se aplica a nosotros. Alguien aquí puede estar pensando: “Usted no sabe acerca de este terrible pecado, esta cosa secreta o humillante del pasado”. Pero puedo decirles que eso también puede ser borrado. Les testifico que Jesucristo tiene el poder de cumplir Sus promesas. 5. Quinto, aceptamos y aplicamos Su Expiación y Sus enseñanzas. Si creemos en Cristo, confiamos en Él y sabemos que tiene el poder de cumplir Sus promesas, y que una de esas promesas es que seremos perdonados si nos arrepentimos, entonces nos arrepentiremos. Así que vemos que el primer principio del Evangelio conduce al segundo principio. La fe es fundamental en nuestro compromiso de obedecer los mandamientos. Por ejemplo, consideremos la ley del diezmo. Si pago el diez por ciento de mis ingresos como diezmo, eso significa que tengo un diez por ciento menos de dinero para gastar. Las matemáticas son bastante fáciles. Pero también leemos en Malaquías que si pagamos nuestros diezmos y ofrendas, Dios promete: “abriré . . . las ventanas de los cielos y derramaré . . . bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10). Así que si tenemos fe en el Señor Jesucristo, entonces creemos y confiamos en Él y en que Él tiene poder para cumplir Sus promesas, incluyendo la promesa de abrir las ventanas del cielo cuando pagamos el diezmo. Por lo tanto, pagar el diezmo no es tanto una cuestión de dinero sino de fe. Así es con la Palabra de Sabiduría o cualquiera de los otros mandamientos. Así que la fe conduce a la acción. Permítanme compartir otro ejemplo de mi camino hacia la ingeniería. Como mencioné antes, cuando terminé mi servicio misional, estaba decidido a convertirme en ingeniero. Pero había varios obstáculos en mi camino, siendo mi falta de preparación en matemáticas uno de ellos. Me faltaban dos prerrequisitos necesarios para cursar cálculo, que es el punto de partida para los estudios de ingeniería. Afortunadamente, la sensación de que estaba siendo guiado en mi dirección profesional me motivó a actuar. Fui a la librería universitaria más cercana de la Universidad Estatal de Utah y compré libros para las clases que necesitaba: álgebra universitaria y trigonometría. Ese verano trabajé en el día y estudié matemáticas por la noche. Nunca había tomado una clase de matemáticas universitaria antes, así que no sabía qué se esperaba de mí. Por eso, estudié los libros de principio a fin, resolviendo todos los ejercicios de número impar, comparando mis respuestas con las soluciones al final del libro, repitiendo los problemas en los que fallaba y usando los resúmenes de cada capítulo como exámenes autoadministrados para evaluar mi comprensión. El semestre de otoño se acercaba y yo estaba nervioso por tomar cálculo porque no había cursado oficialmente los prerrequisitos necesarios. Hice una cita con un profesor de matemáticas, le dije lo que yo había hecho ese verano y tímidamente le pregunté si pensaba que estaría preparado para tomar cálculo. Se recostó en su silla, me miró reflexivamente y dijo: “Creo que te irá bien”. Algunos de ustedes, después de oír hablar de un verano así, estarán pensando que no es tan sorprendente que me haya convertido en ingeniero como lo es el que me haya casado. Afortunadamente, no todos mis veranos fueron así, y me complace informar que finalmente no solo me casé, sino que también me fue maravillosamente bien. Así que eso debería dar esperanza a algunos de ustedes aquí. Hay una serie de cosas que podemos hacer para fortalecer nuestra fe. La oración es una de las cosas clave en ese sentido. Me consuela mucho la historia en el Nuevo Testamento acerca de un padre que trajo a su hijo a Jesús para ser sanado. Jesús le explicó la necesidad de la fe, y el hombre respondió: “Creo; ayuda mi incredulidad” (Marcos 9:24). Otra manera importante de fortalecer la fe es estudiar la palabra de Dios en las Escrituras y las enseñanzas de los profetas modernos. Como mencioné anteriormente, también fortalecemos nuestra fe al obedecer un mandamiento y obtener nuestro propio testimonio de su veracidad (véase Juan 7:17). Otra manera importante de fortalecer nuestra fe es arrepentirnos y sentir el poder de la Expiación en nuestras vidas. Les animo a probar otra cosa: reflexionar sobre las experiencias de sus vidas y buscar los momentos en que pudieron ver la mano de Dios. A veces se necesitan algunos años de perspectiva para ver esa influencia; no siempre es obvia a corto plazo. Pero a medida que reconozcan esos momentos que parecían ser desafíos y pruebas, al final podrán ver que esas experiencias les ayudaron mucho más. Dejen que eso fortalezca su confianza en Dios y en Su voluntad. Aprendemos de Predicad Mi Evangelio: Al obedecer a Dios, Él nos bendice; nos da el poder para enfrentar los desafíos de la vida y nos ayuda a cambiar los deseos de nuestro corazón. Por medio de la fe en Jesucristo, Él puede sanarnos, tanto física como espiritualmente. [PME, 2004, 62] Así como mi pasaporte fue esencial para mi viaje a Londres, así es la fe en Jesucristo esencial para nuestra salvación eterna. Nos lleva a guardar los mandamientos y aplicar la Expiación de Jesucristo. Al final, estaré ante el tribunal del juicio de Dios. Nadie allí me va a preguntar qué hice para ganarme la vida. A nadie le importará cuántos artículos publiqué o cuántas de mis patentes se concedieron; esas cosas van a ser totalmente irrelevantes. Pero la fe en Jesucristo, el arrepentimiento, recibir las ordenanzas salvadoras y perseverar hasta el fin son esenciales, y si no hacemos esas cosas, nada más importará. Quiero dejarles mi testimonio de que la Iglesia es verdadera, que Jesús es el Cristo y nuestro Salvador y nuestro Redentor. Digo estas cosas en el nombre de Jesucristo, amén. © Brigham Young University. Todos los derechos reservados.