Encontrarnos con Jesús en la Casa del Señor Allen D. Haynie 27 de septiembre de 2024 https://speeches.byu.edu/spa/talks/allen-d-haynie/encontrarnos-con-jesus-en-la-casa-del-senor/ --- Tenemos la intención de modificar la traducción cuando sea necesario. Si tiene alguna sugerencia, escríbanos a speeches.spa@byu.edu Gracias, vicepresidente Forste, por su amable presentación. Para ser sincero, no hay nada más impresionante en mi vida que destacar, que el acontecimiento de estar casado con Deborah, una esposa, madre, abuela, amiga y discípula de Cristo extraordinaria. No me cabe duda de que, antes de decidir asistir a este devocional, muchos de ustedes pueden haber participado en alguna versión similar a la siguiente conversación: “¿Vas a ir al devocional hoy?”, “Pues, no sé. ¿Quién habla hoy?” “Un Setenta llamado élder Allen D. Haynie”. “¿Y por qué siempre usan la inicial del segundo nombre?” “Ni idea”. “Bueno, nunca he oído hablar de él. ¿Es un buen orador?” “No estoy seguro”. “¿Habrá refrigerio al final del devocional?”, “No lo creo”. “Entonces creo que lo escucharé por internet”. “Sabes que no lo harás”. “Puede que sí”. “No lo creo. Te diré una cosa, vamos, y si no es tan bueno, siempre podemos tomar una siesta”. Mis jóvenes amigos, a veces es más cómodo como orador saber que el nivel de las expectativas es relativamente bajo. Sin embargo, he aprendido que si uno busca el Espíritu con humildad, el Espíritu siempre responde. Siempre. Antes que nada, siento la necesidad de confesar algo. No crecí queriendo estudiar en la Universidad de Brigham Young. Debido a las elecciones universitarias de mis padres y hermanos mayores, crecí burlándome de la maravillosa y peculiar cultura de este lugar. Después de haber decidido asistir a otra universidad, un consejero de mi escuela secundaria sugirió que me reuniera con un reclutador de la Universidad de Brigham Young. Le dije al responsable de la selección que no tenía ningún interés en asistir a la Universidad de Brigham Young y que me reunía con él solo para no asistir a las clases. Él fue amable, me entregó su tarjeta de presentación y dijo: “Si cambias de opinión, por favor llámame”. En mi arrogancia adolescente, respondí diciendo: “Nunca recibirá esa llamada telefónica”. Cuando me arrodillé a orar esa noche, hablé con Dios sobre mi conversación con el reclutador, y de repente, por razones que en ese momento no entendía del todo, supe que tenía que cambiar mis planes. Ya pueden imaginar lo tonto que me sentí cuando llamé al reclutador el lunes por la mañana, me disculpé por ser un adolescente arrogante y le dije que me gustaría asistir a la Universidad de Brigham Young. Ese cambio de planes resultó ser muy bueno cuando, varios años más tarde, fui a almorzar con un amigo al Cougareat (N. del T.: Es el nombre del comedor de BYU). Mientras comía dos enchiladas de queso con arroz y frijoles, es asombroso que todavía puedo recordar lo que estaba comiendo, mi amigo me presentó a esta persona [se mostró una foto de Deborah, la futura esposa del élder Haynie], y luego sucedió esto [se mostró una foto de la joven pareja], y luego esto [se mostró una foto de la boda], y ahora esto [se mostró una foto de la familia Haynie en su totalidad]. Le debo a esta universidad mucho más que una simple educación. Descubrí que, a pesar de las ambiciones y de un plan de vida bien pensado, si uno es soltero y mantiene la mente y el corazón abiertos, puede descubrir -quizá en un lugar tan romántico como el Cougareat- una relación que puede llegar a ser eterna. Entonces, cuando sean viejos y reflexivos como yo, estarán agradecido por todo lo que tiene de único este lugar, un lugar que se aferra a su misión divina y que no cede a las “burl[as] y [a los] señalamientos con el dedo”1 de los reunidos en el “edificio grande y espacioso”2, un edificio que espero ninguno de ustedes haya elegido como lugar de residencia debido a que su futuro es una “caída … grande en extremo”3, al estilo de Humpty-Dumpty. Llegar a conocer a Jesús en Su casa Hace algún tiempo, una de mis hijas me envió un video de mi nieta de apenas dos años cantando una canción mientras fingía leer un libro. Creo que reconocerán la canción, aunque la letra ha sido modificada por el corazón y la mente de una niña de dos años. [Se mostró un video]. A veces, a los niños se les suelta la lengua y “declara[n] cosas grandes y maravillosas”4. Con la gran ayuda de la compositora de la canción “Me encanta ver el templo”5, mi nieta cantó y enseñó acerca de los convenios, la obediencia, la santidad de los templos, la autoridad para sellar y las familias eternas. Esa es una descripción bastante completa de los resultados esperados de una vida centrada en los convenios del templo, que es lo que todos nosotros deberíamos anhelar porque es una vida llena tanto de claridad como de alegría. El presidente Russell M. Nelson ha descrito la importancia de los templos y todo lo que sucede en ellos con estas palabras: El templo es el núcleo del fortalecimiento de nuestra fe y fortaleza espiritual porque el Salvador y Su doctrina son la esencia misma del templo. Todo lo que se enseña en el templo, mediante la instrucción y el Espíritu, amplía nuestra comprensión de Jesucristo. … …Todo lo que creemos y cada promesa que Dios ha hecho a Sus hijos del convenio confluyen en el templo6. Cuando comencé a asistir a la Universidad de Brigham Young en el otoño de 1976, solo había dieciséis templos en todo el mundo. En la actualidad hay 177 templos en funcionamiento, cincuenta y nueve templos en proceso de construcción o renovación y noventa y nueve templos anunciados. El cambio más importante en el mundo desde que tenía su edad no fue el teléfono celular, el Internet, la IA o una nueva hamburguesería en Orem. El cambio más importante fue una mayor accesibilidad a la Casa del Señor, un lugar donde se pueden hacer convenios con Dios; convenios que, si los honramos aquí, serán honrados por Él en ambos lados del velo. Probablemente soy demasiado viejo, pero algunos de ustedes tal vez vivan para ver la realización de la declaración de Brigham Young de que “para cumplir esta obra tendrá que haber no sólo un templo sino miles de ellos”7. Nuestro Padre Celestial siempre ha querido y ha planificado por un lugar sagrado donde Él pudiera instruir y hacer convenios con Sus hijos. Ciertamente, podemos buscar y recibir la guía y la ayuda de Dios prácticamente desde cualquier lugar, pero hay algo único en esos lugares que Dios ha declarado como Suyos y santificado por Su presencia. El Jardín de Edén fue uno de esos lugares: un lugar seleccionado, plantado y embellecido por Dios8, y un lugar de instrucción y de convenios para Adán y Eva. Adán y Eva hablaban cara a cara con el Padre y el Hijo en el jardín, se les enseñó acerca del plan del Padre para Sus hijos y fueron sellados como esposo y esposa por la eternidad9. Antes de que se les pidiera salir del jardín para afrontar los desafíos de la mortalidad y los constantes ataques del adversario, a cada uno se le dió una túnica de pieles o, como la llamaríamos hoy, un gárment10. La importancia de que Dios dé un gárment a Sus hijos del convenio y de que Sus hijos del convenio reciban y lleven puesto ese gárment no deben considerarse comunes y corrientes. Es el intercambio más sagrado. Los relatos de las Escrituras sobre los primeros momentos de la historia de la Tierra describen otros lugares -con mayor frecuencia las cimas de las montañas- donde el Señor interactuó personalmente con sus profetas11. En el caso de Enoc, el Señor le mandó que [ascendiera] al monte de Simeón. Y aconteció que [Enoch] volv[io] y sub[io] al monte; y mientras estaba en el monte, vi[o] abrirse los cielos y fu[e] revestido de gloria; y vi[o] al Señor; … , y habló con [él] … cara a cara12. Más tarde, después de que los hijos de Israel hubieron comenzado su viaje por el desierto, el Señor mandó a Moisés que construyera un tabernáculo. La promesa que se le hizo a Moisés fue que si construían el tabernáculo, el Señor “se reunir[ía] con [Moisés] y hablar[ía] [con él] desde el propiciatorio”13. Una vez más, se preparó ropa sagrada para los que actuarían como sacerdotes, incluso prendas que habían de usarse debajo de otras prendas simbólicas14. Tales ropas “vestir[ían]”15 a los sacerdotes en relación con del lavamiento y la unción. Después que el tabernáculo fuera construido siguiendo las instrucciones detalladas del Señor, “una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo”16. De esa manera, el Señor aceptó el tabernáculo, y se convirtió en Su lugar sagrado. Después de que los hijos de Israel heredaran la tierra prometida, el Señor aprobó la construcción de un templo en el “monte Moriah”17 por el rey Salomón18. Cuando se terminó, «los sacerdotes pusieron el arca del convenio de Jehová … en el lugar santísimo»19. Mientras el pueblo alababa al Señor, «una nube llenó la casa, la casa de Jehová.» y «la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios”20. Una vez más, el Señor aceptó personalmente su lugar sagrado, su casa. En nuestros días, el Señor se apareció como un ser resucitado y glorificado en el Templo de Kirtland, después de su dedicación, y declaró: “Porque he aquí, he aceptado esta casa, y mi nombre estará aquí; y me manifestaré a mi pueblo en misericordia en esta casa”21. Dado que “Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre”22, estoy seguro de que el Señor también acepta todos Sus templos en la actualidad. Estoy muy agradecido de que, a pesar de nuestras imperfecciones, somos invitados a entrar en Su casa. Él nos extiende esa invitación una y otra vez, y si la aceptamos, como lo prometió el presidente Nelson, bendecirá nuestra vida “como nada más puede hacerlo”23. Deberíamos querer entrar a menudo en Su casa porque Jesús está anhelando reunirse con nosotros allí. Para aquellos de ustedes que aún no han entrado en la Casa del Señor para hacer convenios y recibir su investidura, los invito a orar y preguntar a Dios si su momento es ahora24. Si tienen dieciocho años, han terminado la escuela secundaria, son miembros por lo menos durante un año y tienen un “deseo de recibir y honrar los convenios sagrados del templo a lo largo de su vida”25, pueden prepararse para recibir su investidura. No hay necesidad de esperar a un llamamiento misional ni a un sellamiento. “Pero primero debe[n] ser dignos; no debe[n] ir precipitadamente. No [pueden] preparar[se] a toda prisa y correr el riesgo de quebrantar convenios que no est[án] preparados para hacer”26. Afortunadamente, las bendiciones que tenemos a nuestra disposición por medio de la expiación de Cristo hacen posible que todos estemos preparados para entrar en la Casa del Señor. Habrá oposición a cualquier iniciativa de este tipo porque “los templos son el centro mismo de la fortaleza espiritual de la Iglesia. Hemos de dar por sentado que el adversario procurará interponerse entre nosotros … al esforzarnos por participar en esta sagrada e inspirada obra”27 y llegar a conocer a Jesús de una manera más íntima y sagrada en Su casa. Sin embargo, he aprendido a lo largo de los años que asistir al templo no es suficiente. Algo tiene que sucedernos a causa del tiempo que pasamos en la casa del Señor. Tenemos que salir de Su casa diferente de cuando entramos, pero ese resultado no siempre es fácil de conseguir. Aprovechar al máximo la experiencia del templo Hace varios años leí un libro titulado The Temple: Where Heaven Meets Earth28 (El Templo: Donde el cielo se encuentra con la tierra), escrito por el difunto Truman G. Madsen, que pasó gran parte de su vida estudiando sobre las ordenanzas y convenios del templo. En ese libro, el hermano Madsen mencionó tres cosas que sintió que en algún momento le impidieron beneficiarse plenamente de la experiencia del templo. Siento la impresión de compartirlas con ustedes hoy, especialmente para ayudar a aquellos que van al templo por un sentido del deber, pero que se preguntan si se están pasando algo por alto. Sepan que el Señor los ama por su fidelidad al venir a Su casa, incluso si aún no han tenido la experiencia por la que han esperado, ayunado y orado. Ustedes son en muchos aspectos como Adán cuando el ángel le preguntó: “¿Por qué ofreces sacrificios al Señor? Y Adán le contestó: No sé, sino que el Señor me lo mandó”29. Debido a la obediencia continua de Adán, el Señor mandó al ángel que le enseñara a Adán por qué se le había mandado ofrecer sacrificios30. Creo que el Señor hará algo similar con ustedes, incluso enviará ángeles si es necesario para enseñarles. El Señor hablaba en serio cuando prometió “que todas las personas que pasen por el umbral de la casa del Señor [sentirán] [Su] poder, y … recono[cerán] que … es [Su] casa”31. 1. Estudiar las escrituras que hablan sobre el templo Volviendo a los consejos que da el hermano Madsen en su libro. El primer desafío que señaló que le impedía reconocer y recibir plenamente las singulares bendiciones de la Casa del Señor, o como lo describió el gran patriarca Jacob, la “puerta del cielo”32 , era que nunca había hecho el esfuerzo de “leer cuidadosamente las escrituras que hablan sobre el templo”33. Yo también he aprendido que la mejor fuente de conocimiento y entendimiento sobre el templo proviene de un estudio meticuloso de las Escrituras centrado en este mismo34. Por ejemplo, permítanme compartir tres pasajes de las Escrituras que podrían ayudarles a obtener un mayor aprecio por la importancia de la unción que ocurre en el templo: 1. “Y [Moisés] derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para santificarlo”35. 2. “Tomando entonces Samuel un frasco de aceite, lo derramó sobre la cabeza de Saúl, … y le dijo … Y el espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos y serás cambiado en otro hombre”36. 3. “Y Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y desde aquel día en adelante el espíritu de Jehová vino con gran poder sobre David”37. Para aquellos que buscan comprender y conectarse con las ordenanzas del templo de una manera más significativa, dediquen más tiempo a leer las Escrituras que hablan sobre el templo y las ordenanzas del templo. Si lo hacen, se asombrarán de lo que el Señor les revelará. Después de todo, Él es un Dios que ha prometido revelar “todas las cosas pertenecientes a [Su] reino” a Sus hijos del convenio38. 2. Sacrificar sus pecados en los altares del templo El segundo problema que el hermano Madsen señaló fue que él estaba “afligido por varios tipos de indignidad, y no estaba demasiado ansioso por cambiar todo eso”39. El Señor ha declarado lo siguiente: “Os doy a vosotros … el mandamiento de que … purifi[quéis] vuestro corazón y limpi[éis] vuestras manos y vuestros pies ante mí, para que yo os haga limpios”40. El presidente Henry B. Eyring ha enseñado que “si ustedes o yo fuéramos al templo sin ser lo suficientemente puros, no podríamos entender, por el poder del Espíritu Santo, la enseñanza espiritual sobre el Salvador que podemos recibir allí”41. Así que el arrepentimiento es esencial para la revelación en el templo, y esta revelación es esencial para el cambio que todos deberíamos experimentar al encontrarnos con Jesús en el templo. La participación semanal en la ordenanza de la Santa Cena también puede ayudarnos a llegar a ser y permanecer limpios. Cuando participamos dignamente de la Santa Cena, renovamos, entre otros convenios, el convenio bautismal, y el Señor renueva aquella purificación que se produjo cuando nacimos del agua y del Espíritu. Creo que participar de la Santa Cena con mayor reverencia es esencial si deseamos llegar a ser más dignos de la revelación en el templo. El convenio de la Santa Cena y el del templo, están inextricablemente conectados. Ambos nos señalan hacia el Salvador y Su sacrificio expiatorio. Si escuchamos al Espíritu al participar de la Santa Cena, este susurrará a nuestro espíritu qué es lo que debemos cambiar para beneficiarnos más plenamente de nuestro tiempo en el templo. Cuando eso sucede, tenemos dos opciones. Podemos tratar de cubrir nuestros pecados como Adán y Eva procuraron cubrir su desnudez con hojas de higuera42, o podemos hacer lo que hizo el padre del rey Lamoni y “abandona[r]”43 todos aquellos pecados que el Espíritu ha llamado a nuestra atención. Estar dispuestos a sacrificar nuestros pecados —para colocarlos de manera efectiva sobre los altares del templo— puede resultar en que tengamos la misma experiencia en la Casa del Señor que José Smith y Oliver Cowdery tuvieron en el Templo de Kirtland cuando el Señor declaró: “He aquí, vuestros pecados os son perdonados; os halláis limpios delante de mí; por tanto, alzad vuestras cabezas y regocijaos”44. 3. Buscar al Espíritu para comprender lo que el Señor trata de enseñarles a través de símbolos El tercer obstáculo que el hermano Madsen identificó fue que él “tenía una hostilidad intrínseca al ceremonialismo y al simbolismo”45. Está bien admitir que cuando experimentamos por primera vez las ordenanzas del templo, las ceremonias y los aspectos simbólicos de las ordenanzas eran un poco confusos y quizás nos hicieran sentir un poco incómodos. Pero esa reacción inicial no significa que debamos abandonar nuestros esfuerzos por entender qué es lo que el Señor está tratando de enseñarnos o, lo que es más importante, de conferirnos. Como ha enseñado el presidente Nelson: “Si todavía no les gusta ir al templo, vayan con más frecuencia, no menos”46. Y yo añadiría, además de aumentar su frecuencia, vayan al templo con la intención de buscar a Jesús. El Señor ha declarado que este sacerdocio mayor administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios. Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad”47. Los hermosos aspectos simbólicos de las ordenanzas del templo pueden ayudarnos a entender y sentir el poder literal de la divinidad inherente a esas ordenanzas. Éstos no son recientes, sino que fueron “orden[ados] y dispu[estos] [por el Señor] antes de la fundación del mundo”48. Como ha enseñado un apóstol: “Dios enseña con símbolos; Es su método favorito de enseñanza”49. Si invitamos al Espíritu a entrar en nuestro corazón y en nuestra mente, testifico que descubriremos que los aspectos ceremoniales y simbólicos de las ordenanzas del templo son, de hecho, mucho más familiares para nosotros. Además, reconoceremos que el poder de la divinidad que fluye hacia nuestra vida al honrarlos garantiza nuestra capacidad de regresar y morar en la presencia de nuestro Padre Celestial. Como ha aconsejado el presidente Nelson: “La investidura del templo se recibió por revelación. Por tanto, la mejor manera de entenderla es mediante la revelación que se procura vigorosamente con un corazón puro”50. 4. Buscar a Jesús mientras participen en las ordenanzas del templo Me gustaría añadir mi propio y cuarto error que demasiados de nosotros cometemos cuando venimos a adorar en el templo. Con demasiada frecuencia ignoramos la realidad de que todo el simbolismo del templo nos dirige hacia Jesucristo, Su expiación y Su función de “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”51. Quizás por eso el Señor declaró al profeta José Smith [Q]ue todas las entradas de tu pueblo en esta casa sean en el nombre del Señor; que todas sus salidas de esta casa sean en el nombre del Señor52. Gran parte de las dificultades que las personas experimentan al no sentir lo que desean en el templo se derivan de su falta de búsqueda de Jesús durante la participación en las ordenanzas del templo. Él es la razón por la que vamos al templo. Él es a quien nuestro Padre Celestial desea que conozcamos en el templo. Él está en el centro de cada símbolo, cada ordenanza, cada convenio y cada bendición anhelada en el templo. Buscar a Jesús en el templo nos permite entender por qué estamos en el templo y por qué debemos regresar. En su epístola a los hebreos, Pablo declaró lo siguiente con respecto a obtener acceso al lugar santísimo del antiguo templo: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos consagró, a través del velo, esto es, de su carne53. Juan aportó más claridad a este pasaje de las Escrituras cuando citó a Jesús diciendo que “nadie viene al Padre sino por mí”54. Cuando estamos ante el velo del templo, Aquel que es nuestro abogado ante el Padre se sitúa simbólicamente entre nosotros y el Padre55, diciendo: Padre, ve los padecimientos y la muerte de aquel que no pecó, en quien te complaciste; ve la sangre de tu Hijo que fue derramada, la sangre de aquel que diste para que tú mismo fueses glorificado; por tanto, Padre, perdona a estos mis hermanos que creen en mi nombre, para que vengan a mí y tengan vida sempiterna56. El momento en que accedemos simbólicamente a la presencia de Dios a través del velo nos ayuda a apreciar por qué enseñó José Smith que “necesitamos el templo más que cualquier otra cosa”57. Honrar y usar fielmente el gárment del templo En la antigüedad, se usaba ropa sagrada para ayudar a los hijos del convenio de Dios a “acord[arse] de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra, y no [ir] en pos de [su] corazón y de [sus] ojos”58. Hoy en día no es diferente. Qué momento tan asombroso y sagrado es recibir el gárment mientras se está en la Casa del Señor, con todo su significado simbólico, el más importante de los cuales es el recuerdo del sacrificio del Salvador en el Jardín de Getsemaní y en la cruz, y Su gloriosa resurrección. “El gárment del templo es un recordatorio físico de las promesas sagradas que [hemos] hecho a [nuestro] Padre Celestial y [nos] recuerda las bendiciones que [podemos] recibir si honra[mos] [nuestros] compromisos”59. El gárment también nos ayuda a honrar el convenio sacramental de “recordarle siempre, y guardar sus mandamientos que él [nos] ha dado; para que siempre [podamos] tener su Espíritu con [nosotros]”60. Hace poco, el presidente Nelson enseñó algo muy profundo acerca del gárment del templo que me permitió compartir con ustedes: Su gárment simboliza el velo [del templo]; el velo es un símbolo del Señor Jesucristo. De modo que, cuando se pongan el gárment, tal vez sientan que en verdad se están poniendo sobre ustedes un símbolo muy sagrado del Señor Jesucristo: Su vida, Su ministerio y Su misión, que fue expiar por cada hija e hijo de Dios61. Encontramos a Jesús en el templo, en todos sus elementos, y lo encontramos en el simbolismo del gárment. Al usar el gárment, declaramos a Dios que nos regocijamos de que el nombre de Jesús haya sido puesto sobre nosotros en Su santa casa62, y lo recordamos siempre63. Es por eso que “no debe quitarse para actividades que se puedan llevar a cabo razonablemente con el gárment puesto, y no ha de modificarse con el fin de adaptarlo a diversos estilos de ropa”64. Es por eso que “la regla básica es que el gárment se debe usar siempre y no se deben buscar ocasiones para quitárselo”65. Es por eso que “es un privilegio sagrado usar el gárment del templo y es una expresión exterior de un compromiso interior de seguir al Salvador Jesucristo”66. Es por eso que “si los miembros son fieles a los convenios y visten el gárment de forma apropiada a lo largo de la vida, este les sirve de protección”67. En el libro apócrifo de 2 Enoch68 se encuentra el siguiente relato: Y el Señor, con su propia boca, me llamó: “¡Sé valiente, Enoc! ¡No tengas miedo! Levántate y párate frente a mi faz para siempre”. Y Miguel, el arcángel más grande del Señor, me levantó y me llevó frente a la faz del Señor. … El Señor le dijo a Miguel: “Toma a Enoc y sácalo de las vestiduras terrenales. Y úngelo con el aceite deleitoso, y ponle en ropas de gloria”. Y Miguel me sacó de mi ropa. Me ungió con el aceite deleitoso. … Y me miré a mí mismo, y me había convertido en uno de los gloriosos69. Esa es la esperanza que tengo para todos ustedes. En el templo pueden llegar a ser como “uno de los gloriosos”. En el templo, ustedes pueden recibir poder para resistir y vencer los ataques espirituales del adversario al hacer y guardar convenios. En el templo, ustedes, al igual que Adán y Eva, Enoc y los sacerdotes de los templos antiguos, pueden recibir un gárment, no cualquier gárment, sino el gárment del santo sacerdocio. Y en el templo pueden encontrarse con Jesús. El presidente Nelson enseñó recientemente que “cada vez que se dedica un templo, llega más luz al mundo”70. No creo que el presidente Nelson se refiriera a la iluminación exterior del templo. Creo que se refería a nosotros, los hijos del convenio de Dios, porque cada vez que vamos al templo dignamente, recibimos y salimos con más luz. Nuestros semblantes cambian, así como cambiaron los semblantes de los discípulos de Cristo cuando, al reunirse con ellos en el templo en la tierra de Abundancia, “los bendijo mientras le dirigían sus oraciones … , y los iluminó la luz de su semblante”71. La promesa que Cristo nos hace hoy en día es muy similar: “y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto”72. Testifico que Dios anhela concertar una relación por convenio con nosotros en Su templo, una relación que, como ha testificado el presidente Nelson, cambiará “nuestra relación con Él para siempre” y nos bendecirá “con una medida adicional de [Su] amor y misericordia”73. Testifico que, a medida que nos preparemos y purifiquemos, Jesús se revelará a nosotros en Su casa de maneras poderosas y personales. Testifico que honrar y usar constantemente el gárment del templo nos permitirá recordar a Jesús, “ten[er] por armas su rectitud y el poder de Dios en gran gloria”74 y obtener la protección espiritual necesaria para aumentar nuestra esperanza de algún día llegar a ser coherederos con Él en el reino de nuestro Padre75. Testifico de esto, según indica el Espíritu Santo y en el nombre de Jesucristo. Amén. ©Intellectual Reserve, Inc. Todos los derechos reservados.