{"id":788,"date":"2024-04-12T06:00:00","date_gmt":"2024-04-12T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/?post_type=speech&#038;p=788"},"modified":"2024-09-26T23:33:58","modified_gmt":"2024-09-26T23:33:58","slug":"midiendo-la-harina-y-el-perdon","status":"publish","type":"speech","link":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/","title":{"rendered":"Midiendo la harina y el perd\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-small-font-size\"><em><strong>Tenemos la intenci\u00f3n de modificar la traducci\u00f3n cuando sea necesario. Si tiene alguna sugerencia, escr\u00edbanos a speeches.spa@byu.edu<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En vista de que el perdo\u0301n es un requisito absoluto para lograr la vida eterna, el hombre naturalmente reflexiona: \u00bfCua\u0301l es la mejor manera de obtener ese perdo\u0301n? Uno de los muchos factores fundamentales se destaca desde- luego como indispensable: Uno debe perdonar para ser perdonado<\/em>. [Spencer W. Kimball, <em>El milagro del perd\u00f3n <\/em>(Salt Lake City: Bookcraft, 1969), p. 261]<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias, presidente Bateman, por presentarme y por darme el privilegio de presentar a dos estudiantes de Brigham Young que cantar\u00e1n un dueto vocal a capella para preparar mis comentarios sobre el perdonar a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>David y Michael Foutz cantar\u00e1n \u201cSe\u00f1or, yo te seguir\u00e9\u201d, un himno que destaca nuestra necesidad de emular al Salvador y, en particular, nuestra necesidad de \u201cabstenernos de juzgar injustamente, de sanar y consolar\u201d (Karen Lynn Davidson, Our Latter-day Hymns: The Stories and the Messages [Salt Lake City: Deseret Book, 1988], p. 231). David y Michael son hermanos y descendientes directos del obispo Jacob Foutz, a quien dispararon y dejaron muerto en la masacre de Haun&#8217;s Mill en Misuri, en octubre de 1838. De acuerdo con un relato escrito por Margaret Mann Foutz, la esposa de Jacob, despu\u00e9s de la masacre, Jacob y otro hermano sobrevivieron cubri\u00e9ndose con cad\u00e1veres y fingiendo estar muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Margaret registra a estos dos hombres de esta manera<\/p>\n\n\n\n<p><em>salvaron sus propias vidas y escucharon lo que dijeron algunos del populacho. Despu\u00e9s de los disparos, dos ni\u00f1os peque\u00f1os que estaban en el taller de herrer\u00eda rogaron por sus vidas, pero\u2026 uno de los del populacho dijo [\u201cLas liendres se convertir\u00e1n en piojos\u201d, es decir], &#8216;se convertir\u00e1n en mormones&#8217; y puso la punta de su arma en la cabeza de los ni\u00f1os y [acab\u00f3 con sus vidas].<\/em> [Grace Foutz Boulter, History of Bishop Jacob Foutz Sr. and Family, Including a Story of the Haun\u2019s Mill Massacre (n.p., n.d. [febrero de 1944], p\u00e1g. 7, Colecciones especiales de la Biblioteca de Harold B. Lee de BYU; para la frase \u201cLas liendres se convertir\u00e1n en piojos\u201d v\u00e9ase Leonard J. Arrington y Davis Bitton, The Mormon Experience: A History of the Latter-day Saints, 2nd ed. (Urbana and Chicago: University of Illinois Press, 1992), p. 45]<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de que Margaret encontr\u00f3 a Jacob, lo llev\u00f3 a casa y luego lo ayud\u00f3 a quitarse una bala de la cadera con un cuchillo de cocina. Ella aplic\u00f3 un ap\u00f3sito en la herida y lo visti\u00f3 con ropa de mujer para enga\u00f1ar al populacho homicida cuando regresaran para exterminar a los sobrevivientes masculinos.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de las cicatrices f\u00edsicas de por vida, Jacob sobrevivi\u00f3 y, lo que es m\u00e1s importante, prosper\u00f3 espiritualmente. Fue llamado como obispo en Nauvoo, sirvi\u00f3 una misi\u00f3n en Pensilvania y se mud\u00f3 al oeste con los santos en 1847, continu\u00f3 sirviendo como obispo hasta su muerte prematura al a\u00f1o siguiente. Aunque el obispo Foutz solicit\u00f3 indemnizaci\u00f3n legal por las p\u00e9rdidas econ\u00f3micas que sufri\u00f3 en Haun&#8217;s Mill, no permiti\u00f3 que el veneno del odio y la venganza destruyera su vida espiritual. En vez de ello, le dej\u00f3 a su posteridad un legado de fe y perd\u00f3n que perdura hasta la generaci\u00f3n actual. David Foutz sirve como primer consejero en mi obispado, y el himno que \u00e9l y su hermano interpretar\u00e1n ahora honra la memoria de su progenitor y de todos los pioneros que perdonaron a sus perseguidores y avanzaron, geogr\u00e1fica y espiritualmente, para establecer una nueva vida en Sion.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Quiero amarte, Salvador, y<br>por Tu senda caminar,<br>recibir de Ti la fuerza<br>para a otro levantar.<br>Quiero amarte, Salvador;<br>Se\u00f1or, yo te seguir\u00e9.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo a nadie juzgar\u00e9; es<br>imperfecto mi entender;<br>en el coraz\u00f3n se esconden<br>penas que no puedo ver.<br>Yo a nadie juzgar\u00e9;<br>Se\u00f1or, yo te seguir\u00e9.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Quiero a mi hermano dar,<br>sinceramente y con bondad,<br>el consuelo que a\u00f1ora<br>y aliviar su soledad.<br>Quiero a mi hermano dar;<br>Se\u00f1or, yo te seguir\u00e9.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Quiero yo amar a todos,<br>pues yo tengo Tu amor.<br>Mi deseo es servirte;<br>pido que me des valor.<br>Quiero amar a los dem\u00e1s;<br>Se\u00f1or, yo te seguir\u00e9.<\/em><br>[\u201cSe\u00f1or, yo te seguir\u00e9,\u201d Himnario, 1985, n. 138]<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cQuiero yo amar a todos, pues yo tengo Tu amor\u201d. Esto para m\u00ed fue una lecci\u00f3n dif\u00edcil de aprender.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace veinticinco a\u00f1os termin\u00e9 mi primer a\u00f1o en BYU. En ese momento, nunca so\u00f1\u00e9 que alg\u00fan d\u00eda me dirigir\u00eda al cuerpo docente y estudiantil en un devocional en el Centro Marriott. Para empezar, \u00a1el Centro Marriott ni siquiera exist\u00eda! Por otra parte, yo era un converso Santo de los \u00daltimos D\u00edas desde hace menos de dos a\u00f1os y no sent\u00eda mucha confianza en mi capacidad de explicar la doctrina de la Iglesia. Pero me sent\u00ed inspirado a embarcarme en una misi\u00f3n de tiempo completo. A principios de a\u00f1o hab\u00eda bautizado a mi mejor amigo, un estudiante de BYU, y estaba ansioso por compartir el Evangelio restaurado con los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, antes de poder servir, tuve que someterme al rito de iniciaci\u00f3n que conocen todos los que van a servir en misiones. Tuve que tener entrevistas con mi obispo y presidente de estaca, llenar varios formularios, someterme a ex\u00e1menes m\u00e9dicos y dentales, hacer arreglos econ\u00f3micos y resolver diversas cuestiones acad\u00e9micas. Como preparaci\u00f3n para mi misi\u00f3n, le\u00ed o mejor dicho, volv\u00ed a leer <em>Una obra maravillosa y un prodigio<\/em> de LeGrand Richards, y <em>Jes\u00fas el Cristo<\/em>, de James E. Talmage. Tambi\u00e9n estudi\u00e9 <em>Los Art\u00edculos de Fe<\/em> de Talmage. Con el entusiasmo de un converso, hab\u00eda le\u00eddo previamente la obra de tres tomos <em>Doctrina de Salvaci\u00f3n<\/em> de Joseph Fielding Smith y gran parte de <em>Doctrina Mormona<\/em> de Bruce R. McConkie. Tuve un v\u00edvido sue\u00f1o en el que me vi siendo llamado a Italia, donde siglos antes Pablo hab\u00eda viajado para predicar a los romanos. Cuando lleg\u00f3 el llamamiento, me entusiasm\u00e9 mucho. La primera oraci\u00f3n de la carta dec\u00eda: \u201cPor medio de la presente se le llama a prestar servicio como representante de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los \u00daltimos D\u00edas en la Misi\u00f3n Italia Norte\u201d. Mi sue\u00f1o se hab\u00eda hecho realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Debido a que proven\u00eda de una familia que no era miembro de la Iglesia, no pod\u00eda contar con su apoyo financiero. Decid\u00ed pagar mi misi\u00f3n con fondos que previamente hab\u00eda reservado para mis estudios universitarios. Esperaba con anhelo mi misi\u00f3n como si fuera un gran banquete espiritual. Mi experiencia misional iba a ser <em>ideal<\/em>. Amar\u00eda a mis compa\u00f1eros, ense\u00f1ar\u00eda el Evangelio diariamente por palabra y hecho, y bautizar\u00eda con regularidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de haber estado en Italia por solo cuatro meses, me llamaron como compa\u00f1ero mayor de un nuevo \u00e9lder, un \u201cgreenie\u201d (nuevito) a quien llamar\u00e9 \u00e9lder Brown. <em>Orgulloso <\/em>de las habilidades ling\u00fc\u00edsticas que me permitieron disfrutar de una posici\u00f3n de liderazgo tras tan pocos meses en tierra extranjera, deseaba rehacer a \u00e9lder Brown a mi propia imagen, sin importar si era m\u00e1s apuesto y o m\u00e1s agradable que yo. Lamentablemente, las cosas no salieron exactamente como hab\u00eda planeado. El \u00e9lder Brown ven\u00eda de una familia pionera SUD y de una familia mucho m\u00e1s acomodada. Su abuelo siempre le enviaba un billete de veinte d\u00f3lares en sus cartas; a mi me molestaban las ventajas que permit\u00eda ese dinero extra, a pesar de que mi compa\u00f1ero siempre compart\u00eda su abundancia conmigo.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e9lder Brown hab\u00eda pertenecido a una fraternidad social durante su primer a\u00f1o de universidad \u2014 el tipo de fraternidad que nunca habr\u00eda aceptado a un nerd como yo\u2014 y, lamentablemente, ellos lo hab\u00edan expuesto a una serie de cosas indeseables, entre ellas revistas subidas de tono.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces sucedi\u00f3. Una tarde, durante nuestro tiempo de estudio de las Escrituras en el apartamento, lo encontr\u00e9 \u201cleyendo\u201d (si esa es la palabra correcta) una revista no aprobada, ya saben, del tipo que tienen un p\u00f3ster central. Se trataba de una edici\u00f3n italiana de <em>Playboy<\/em>. Lo hab\u00eda comprado mientras estaba en divisiones con otro \u00e9lder, y yo estaba furioso. Sent\u00ed que el \u00e9lder Brown hab\u00eda arruinado mi misi\u00f3n ideal. Lo vi con justa indignaci\u00f3n, pero en lugar de reprender a mi compa\u00f1ero y luego mostrar un aumento de amor, decid\u00ed convertirme en un experto en cada uno de sus defectos, los cuales catalogu\u00e9 y repas\u00e9 con cierta regularidad en mi mente. Despu\u00e9s de unos meses dif\u00edciles juntos, mi compa\u00f1ero menor fue trasladado, y fue en ese momento que comenc\u00e9 mi venganza en serio.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre me ha gustado contar historias (por si no lo han notado), y pronto cautiv\u00e9 no solo a mis posteriores compa\u00f1eros de misi\u00f3n, sino a distritos enteros con relatos bordados de las costumbres pecaminosas de mi greenie. Incluso despu\u00e9s de regresar de la misi\u00f3n, segu\u00ed contando sus problemas. Sin embargo, lo \u00fanico que no pod\u00eda entender era el informe que hab\u00eda recibido de m\u00e1s de una fuente de que el \u00e9lder Brown, a diferencia de m\u00ed, se hab\u00eda convertido en uno de los \u00e9lderes que m\u00e1s bautizaban en nuestra misi\u00f3n y hab\u00eda sido llamado a puestos clave de liderazgo que misteriosamente me hab\u00edan eludido.<\/p>\n\n\n\n<p>Transcurrieron unos a\u00f1os. Entonces, un d\u00eda, el \u00e9lder Brown apareci\u00f3 en mi puerta y me pidi\u00f3 entrar. Hablamos solos en mi sala durante m\u00e1s de una hora. Le pregunt\u00e9 qu\u00e9 estaba haciendo, me enter\u00e9 que estaba felizmente casado, y que era un hombre de negocios y empresario sumamente exitoso. Debido a la forma en que lo hab\u00eda estereotipado, me preguntaba acerca de su estatus en la Iglesia. Me sorprendi\u00f3 saber que \u00e9l no era un \u00e9lder (como yo) sino un sumo sacerdote y prestaba servicio en el sumo consejo. Luego me sorprendi\u00f3 cuando me dijo que lo que m\u00e1s le gustaba compartir en las reuniones de sumo consejo era lo que hab\u00eda aprendido de m\u00ed mientras \u00e9ramos compa\u00f1eros de misi\u00f3n. Le encantaba decirle a los j\u00f3venes que se preparaban para la misi\u00f3n cu\u00e1nto mejor preparado doctrinalmente era yo, el converso, que \u00e9l, el miembro de toda la vida, y c\u00f3mo mi conocimiento del Evangelio lo hab\u00eda inspirado a superar sus propias debilidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Empec\u00e9 a sentirme terrible por todas las historias que hab\u00eda contado sobre \u00e9l. Or\u00e9 para que no supiera lo que hab\u00eda hecho, pero de alguna manera percib\u00ed que s\u00ed lo sab\u00eda. Luego me cont\u00f3 que, en una reuni\u00f3n familiar, una de sus primas, a quien yo hab\u00eda conocido en la escuela de posgrado, le hab\u00eda dicho que yo hab\u00eda contado en su presencia y con todo lujo de detalle un episodio del cual \u00e9lder Brown se hab\u00eda arrepentido hace mucho tiempo. Mi ex compa\u00f1ero no me recrimin\u00f3, en vez de ello, me pregunt\u00f3 si alguna vez podr\u00eda perdonarle por sus \u201cerrores de la juventud\u201d. Entonces supe que era yo quien ten\u00eda que pedirle perd\u00f3n. En el orgullo de mi coraz\u00f3n hab\u00eda pecado, y hab\u00eda pecado de muchas maneras: al juzgar sin misericordia, al albergar resentimientos, al planear y ejecutar venganza, y quiz\u00e1s sobre todo, al no permitir la posibilidad de que un hermano pudiera cambiar, mejorar y arrepentirse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cQuiero yo amar a todos, pues yo tengo Tu amor\u201d. No pod\u00eda ver la paja en el ojo de mi hermano debido a la viga que ten\u00eda en mi propio ojo. Hab\u00eda decidido ignorar la ley fundamental del arrepentimiento, ense\u00f1ada por el Se\u00f1or y los profetas modernos: Debemos perdonar a fin de ser perdonados. En este principio, las Escrituras son claras.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Serm\u00f3n del Monte, Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Porque si perdon\u00e1is a los hombres sus ofensas, os perdonar\u00e1 tambi\u00e9n a vosotros vuestro Padre Celestial.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero si no perdon\u00e1is a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonar\u00e1 vuestras ofensas. <\/em>[Mateo 6:14\u201315]<\/p>\n\n\n\n<p>Como protestante, criado en una regi\u00f3n donde abunda el cristianismo evang\u00e9lico, recitaba el Padre Nuestro de memoria casi todos los domingos. Lo que no me di cuenta cuando era ni\u00f1o, adolescente e incluso como misionero fue que las palabras \u201cperd\u00f3nanos nuestras deudas, como perdonamos a nuestros deudores\u201d (Mateo 6:12) realmente significan \u201cPadre, no me perdones ni un poco m\u00e1s de lo que estoy dispuesto a perdonar a los dem\u00e1s\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El ap\u00f3stol Pedro pregunt\u00f3 hace tiempo, \u201cSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ntas veces perdonar\u00e9 a mi hermano que peque contra m\u00ed? \u00bfHasta siete?\u201d Y Jes\u00fas le respondi\u00f3, \u201cNo te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete\u201d (Mateo 18: 21-22). Algunos de nosotros, que no estamos dispuestos a aceptar que \u201csetenta veces siete\u201d no significa en este contexto un n\u00famero preciso, seguimos guardando rencores, aliment\u00e1ndolos en vano y esperando que cuando llegue el n\u00famero m\u00e1gico de 490 podamos dejar de perdonar. No olvidamos una herida, no olvidamos un rencor, no olvidamos una ofensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que s\u00ed olvidamos es la quinta bienaventuranza: \u201cBienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar\u00e1n misericordia\u201d (Mateo 5:7). Olvidamos el ejemplo del primer m\u00e1rtir cristiano, Esteban, que clam\u00f3 cuando fue apedreado: \u201cSe\u00f1or, no les tengas en cuenta este pecado\u201d (Hechos 7:60). Hacemos caso omiso al consejo de Pablo cuando nos dice: \u201cSed benignos (\u2026) perdon\u00e1ndoos los unos a los otros, como tambi\u00e9n Dios os perdon\u00f3 a vosotros en Cristo\u201d (Efesios 4:32). Ignoramos el ejemplo del Salvador en la cruz, quien suplic\u00f3: \u201cPadre, perd\u00f3nalos; porque no saben lo que hacen\u201d (Lucas 23:34).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando hablamos de pecados graves, la frase del Salvador \u201cno saben lo que hacen\u201d ha planteado la pregunta en algunas mentes en cuanto a si el mandato de perdonar incluye perdonar a los que saben exactamente lo que hacen y, a pesar de ello, eligen hacer el mal.<\/p>\n\n\n\n<p>La revelaci\u00f3n moderna proclama con firmeza que los Santos del Alt\u00edsimo Dios deben perdonar a fin de ser perdonados. Doctrina y Convenios ense\u00f1a claramente que<\/p>\n\n\n\n<p>[debemos perdonarnos] <em>los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Se\u00f1or, porque en \u00e9l permanece el mayor pecado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El pasaje contin\u00faa:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo, el Se\u00f1or, perdonar\u00e9 a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres<\/em>. [D. y C. 64:9\u201310]<\/p>\n\n\n\n<p>El presidente Spencer W. Kimball, extendi\u00f3 esta idea al predicar que \u201ca menos que una persona perdone las faltas de su hermano con todo su corazo\u0301n, no es digno de participar de la Santa Cena\u201d (Kimball, <em>El milagro del perd\u00f3n<\/em>, p\u00e1g. 264; \u00e9nfasis en el original).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que nos pide el Se\u00f1or que hagamos? \u00bfQu\u00e9 significa perdonar a otra persona sus ofensas? <\/p>\n\n\n\n<p>El primer uso registrado del verbo perdonar en la Biblia (Reina-Valera) se encuentra en G\u00e9nesis 50:17 y ayuda a responder esas preguntas. All\u00ed leemos que las \u00faltimas palabras de Jacob a su hijo Jos\u00e9, quien hab\u00eda sido vendido como esclavo a Egipto por sus hermanos, fueron un reconocimiento del mal cometido y una petici\u00f3n de misericordia: \u201cTe ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque te trataron mal;\u201d De all\u00ed en adelante, los hermanos le confiesan su pecado a Jos\u00e9: \u201c[P]or tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre\u201d. A esta confesi\u00f3n le sigue una descripci\u00f3n del coraz\u00f3n ablandado de Jos\u00e9: \u201cY Jos\u00e9 llor\u00f3 mientras hablaban\u201d. La reacci\u00f3n de Jos\u00e9 es una muestra de su car\u00e1cter magn\u00e1nimo. No obstante, primero reprende a sus hermanos y luego los perdona, dici\u00e9ndoles: \u201cVosotros pensasteis hacerme mal, mas Dios lo encamin\u00f3 a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener con vida a un pueblo numeroso\u201d (G\u00e9nesis 50:17, 20).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPerdonar a otro\u201d no implica \u201chacer caso omiso del juicio\u201d. Ciertamente, perdonar a otro no significa que ignoremos la ley de la justicia. De hecho, Doctrina y Convenios 64:11 afirma que el que perdona debe aceptar el juicio y hacer que el transgresor, o mejor dicho, yo dir\u00eda, el transgresor grave, responda por lo que ha hecho. El vers\u00edculo 11 declara inequ\u00edvocamente: \u201cY deb\u00e9is decir en vuestros corazones: Juzgue Dios entre t\u00fa y yo, y te premie de acuerdo con tus hechos\u201d. Esta \u00faltima frase hace eco de las palabras de Pablo en cuanto a alguien que le hab\u00eda hecho \u201cmucho mal\u201d. El ap\u00f3stol ora para que \u201cel Se\u00f1or le pague conforme a sus hechos\u201d (2 Timoteo 4:14), y esta tambi\u00e9n debe ser nuestra oraci\u00f3n. Pero debe ser una oraci\u00f3n que no se pronuncie en odio, no en amargura, sino m\u00e1s bien como \u201clo induzca Esp\u00edritu Santo\u201d (D. y C. 121:43).<\/p>\n\n\n\n<p>Perdonar una ofensa grave, en otras palabras, es recurrir con fe a Dios, orar para que ayude al transgresor a arrepentirse y permitir que Dios juzgue y recompense. Significa aceptar humildemente el justo juicio de Dios con fe, esperanza y consuelo, con gozo y paz. Repito: El concepto de juicio no se desecha completamente con el mandamiento de perdonar incluso a los transgresores graves. M\u00e1s bien, perdonar es entregar a Dios el derecho supremo de juzgar y, <em>si <\/em>el agresor se niega a arrepentirse, permitirle decretar el castigo final. Como Amulek testific\u00f3 a Zeezrom, ni siquiera Dios puede salvar a los pecadores \u201c<em>en <\/em>sus pecados\u201d (Alma 11:37; cursiva agregada).<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, \u00bfc\u00f3mo encontramos el valor y la inspiraci\u00f3n para perdonar las ofensas de nuestro hermano?<\/p>\n\n\n\n<p>Como obispo de un barrio de j\u00f3venes adultos, llev\u00e9 a cabo durante mis primeros tres a\u00f1os de servicio aproximadamente 3.000 entrevistas personales, ajustes de diezmos y de aprobaci\u00f3n eclesi\u00e1stica. Mucho antes de la entrevista n\u00famero 3000, me di cuenta de que muchas personas que hab\u00edan seguido los pasos necesarios para arrepentirse a\u00fan no se sent\u00edan perdonados. En muchos casos, la \u00fanica raz\u00f3n por la que no se sent\u00edan perdonados proven\u00eda de no haber perdonado a los dem\u00e1s sus ofensas. Tener en mente que el perd\u00f3n de los dem\u00e1s es un paso en el proceso del arrepentimiento ayuda a muchos a encontrar la fortaleza para perdonar. Tambi\u00e9n he descubierto que las verdaderas historias de perd\u00f3n son un poderoso medio para ense\u00f1ar este principio.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy en d\u00eda se pueden encontrar relatos inspiradores de misericordia en la literatura, en la Iglesia, en la historia del mundo, y en testimonios de Santos de los \u00daltimos D\u00edas. Debido a que tengo un tiempo limitado, me he visto obligado a restringir mi selecci\u00f3n a un pu\u00f1ado de ejemplos que me han parecido especialmente significativos.<\/p>\n\n\n\n<p>En la historia moderna tal vez no se ha cometido mayor atrocidad que el Holocausto, el asesinato sistem\u00e1tico de millones de jud\u00edos, prisioneros pol\u00edticos, discapacitados y otros por el r\u00e9gimen nazi de Hitler. Corrie ten Boom, una prisionera pol\u00edtica cristiana, sobrevivi\u00f3 al campo de concentraci\u00f3n en Ravensbruck, pero su querida hermana Betsie no lo consigui\u00f3. Despu\u00e9s de la guerra Corrie viaj\u00f3 por el mundo predicando sermones de reconciliaci\u00f3n, paz y perd\u00f3n. Entonces sucedi\u00f3. Tuvo que poner en pr\u00e1ctica lo que predicaba. Ella registra en su autobiograf\u00eda, <em>El Refugio Secreto<\/em>, el momento decisivo de su discipulado cristiano:<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba en un oficio religioso en M\u00fanich cuando vi a un ex miembro de las SS que [a\u00f1os atr\u00e1s hab\u00eda sido guardia de las duchas de] Ravensbruck. Era el primero de nuestros carceleros que hab\u00eda visto desde entonces. Y, de repente, todo se encontraba all\u00ed mismo\u2026 el cuarto lleno de hombres burl\u00e1ndose, los montones de ropa, la cara empalidecida a causa del dolor de Betsie.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Se acerc\u00f3 hasta m\u00ed cuando la iglesia se estaba vaciando, radiante y reverente. \u201c\u00a1Qu\u00e9 agradecido estoy por su mensaje, Fraulein!\u201d, dijo. \u201cGracias a \u00e9l, empiezo a creer que, de verdad, como usted dice, \u00c9l \u00a1ha lavado mis pecados!\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Entonces me tendi\u00f3 la mano para estrechar la m\u00eda. Y yo, quien tan a menudo hab\u00eda predicado\u2026 sobre la necesidad de perdonar, guard\u00e9 mi mano en un bolsillo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Justo cuando los pensamientos enojados y vengativos herv\u00edan en mi interior, vi el pecado que hab\u00eda en ellos. Jesucristo hab\u00eda muerto por este hombre; \u00bfIba a pedirle m\u00e1s a\u00fan? Se\u00f1or Jes\u00fas, [or\u00e9], perd\u00f3name y ay\u00fadame a perdonarle.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Trat\u00e9 de sonre\u00edr, me esforc\u00e9 por levantar la mano. Yo no era capaz de sentir nada, ni la chispa m\u00e1s leve de calor o caridad. Y por tanto otra vez respir\u00e9 en [silenciosa oraci\u00f3n]: Jes\u00fas, yo no le puedo perdonar. Dame Tu perd\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuando le [agarr\u00e9] la mano, sucedi\u00f3 algo incre\u00edble. Desde mi hombro, a lo largo de mi brazo y a trav\u00e9s de mi mano, una corriente parec\u00eda pasar de m\u00ed hacia \u00e9l, y mientras, en mi coraz\u00f3n, surgi\u00f3 un amor por este desconocido que casi me abrumaba.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y as\u00ed descubr\u00ed que la curaci\u00f3n del mundo no estaba realmente en nuestro perd\u00f3n, sino en Su bondad. Cuando \u00c9l nos dec\u00eda que am\u00e1ramos a nuestros enemigos, \u00c9l nos daba, junto con ese mandato, el amor mismo. Y era mucho el amor que se necesitaba. <\/em>[Corrie ten Boom, con John y Elizabeth Sherrill, The Hiding Place, Nueva York: Bantam Books, 1971, p\u00e1g. 238] [(2015) Traducido por Felicitas Santiago. Madrid, Espa\u00f1a. Ediciones Palabra, S.A.]<\/p>\n\n\n\n<p>Este relato es instructivo para los Santos de los \u00daltimos D\u00edas porque evidencia que, en los casos dif\u00edciles, debemos invocar a Cristo para que nos conceda su amor y su perd\u00f3n, pues no podemos realizar solos este acto de misericordia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora deseo compartir con ustedes tres breves pero conmovedores relatos sobre el perd\u00f3n, todos escritos por invitaci\u00f3n m\u00eda por miembros de la facultad de BYU para este devocional. Estos relatos nunca se han publicado. Son historias muy personales de queridos amigos, colegas a quienes amo y admiro. Cuando pienso en ellos, s\u00e9 que la Universidad de Brigham Young se encuentra en terreno sagrado porque su presencia contribuye a santificarla. Al principio ten\u00eda la intenci\u00f3n de que estos maestros se levantaran, vinieran al p\u00falpito y narrasen sus propias historias. Todos rechazaron con modestia, afirmando que la raz\u00f3n por la que aceptaron registrar sus historias surgi\u00f3 del deseo de ayudar a los que tienen dificultades para perdonar a otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, no deseo ofender, pero debo decir que por mi trabajo en el Comit\u00e9 de Autoevaluaci\u00f3n de la universidad, s\u00e9 de primera mano que hay departamentos en este campus donde la discordia es m\u00e1s com\u00fan que el perd\u00f3n. Hay departamentos donde los compa\u00f1eros son prestos para juzgar y lentos para perdonar. Tal vez un miembro del cuerpo docente aqu\u00ed presente tenga rencor al haber sido herido por un comentario descuidado o un acto indebido de un colega. Tal vez conozcan a alguien que ha sido herido y se niega a perdonar, alguien que est\u00e1 permitiendo que una herida se infecte. O tal vez alguien de aqu\u00ed se haya ofendido por un compa\u00f1ero de cuarto o compa\u00f1ero de equipo, hermano o hermana, madre o padre, esposo o esposa, hijo o hija, novio o novia, alumno o profesor, presidente o administrador del departamento, miembro u obispo de barrio, jefe o empleado, o incluso presidente de estaca o Autoridad General. Si alguna ofensa les preocupa o les inquieta el alma, ya sea intencional o involuntaria, deliberada o no, los relatos que compartir\u00e9 sobre el cuerpo docente se aplicar\u00e1n tanto a ustedes como a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi primer relato tiene un nombre propio porque se trata de un beneficiario de la tierna misericordia de otra persona, alguien que aprendi\u00f3 a perdonar a los dem\u00e1s al ser perdonado.<\/p>\n\n\n\n<p>Larry Dahl es un director adjunto de religi\u00f3n en este campus. Hace varios a\u00f1os, cuando era mi obispo, comparti\u00f3 con un grupo de miembros del barrio una conmovedora lecci\u00f3n de su ni\u00f1ez. Esta es la historia de Larry Dahl:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuando ten\u00eda cinco a\u00f1os, dos amigos y yo nos hicimos un escondite excavando un t\u00fanel en un pajar que hab\u00eda junto a un granero nuevo en el patio del vecino, cavando una habitaci\u00f3n espaciosa justo en medio del pajar. Nos encantaba nuestro lugar secreto de reuniones.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Un d\u00eda decidimos asar unas salchichas. Como nuestra casa estaba justo al lado, consegu\u00ed los f\u00f3sforos para encender el fuego. Pueden imaginarse el resto de la historia. El fuego se propag\u00f3 r\u00e1pidamente lejos de nosotros. Corrimos por el t\u00fanel hasta ponernos a salvo, y los tres corrimos a nuestras casas por separado. No s\u00e9 lo que hicieron los dem\u00e1s, pero de inmediato fui a mi habitaci\u00f3n de arriba y me met\u00ed en la cama, muerto de miedo. En cuesti\u00f3n de minutos, escuch\u00e9 la sirena del cami\u00f3n de bomberos del pueblo cada vez m\u00e1s cerca. Pero era demasiado tarde. El pajar y el nuevo granero se consumieron r\u00e1pidamente. Afortunadamente, sin embargo, alguien lleg\u00f3 lo suficientemente pronto como para sacar a los animales del granero.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>De alguna manera, mis padres sospecharon que podr\u00eda haber tenido algo que ver con el fuego, ya que sab\u00edan de nuestro escondite. Al no verme en ning\u00fan lugar del vecindario, buscaron en la casa. Al escuchar sus pasos por las escaleras, sent\u00ed que ten\u00eda el coraz\u00f3n en la garganta. Cuando entraron en la habitaci\u00f3n y fueron testigos de mi rostro lleno de temor y l\u00e1grimas, sus sospechas fueron confirmadas. Mam\u00e1 se sent\u00f3 al borde de la cama y me tranquiliz\u00f3. Mi padre me pidi\u00f3 que les dijera lo que hab\u00eda sucedido. Entre sollozos desconsolados les cont\u00e9 lo que hab\u00eda sucedido en la tarde. \u00c9l dej\u00f3 la habitaci\u00f3n silenciosamente mientras mi madre se quedaba y lloraba conmigo. A\u00f1os despu\u00e9s me enter\u00e9 de que mi padre pag\u00f3 a nuestro vecino por el heno y el granero. Pero desde el d\u00eda en que sucedi\u00f3 hasta el d\u00eda de su muerte cuarenta y cinco a\u00f1os despu\u00e9s, mi padre nunca me mencion\u00f3 el acontecimiento. En verdad, era como si no lo recordara.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hay una coda o ep\u00edlogo en la historia del hermano Dahl, y trata de un cambio de papeles que experiment\u00f3 cuando se convirti\u00f3 en padre. \u00c9l escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando nuestros dos hijos mayores ten\u00edan cinco y siete a\u00f1os, rompieron una ventana jugando a la pelota en el jard\u00edn. Mi primer impulso fue enojarme y rega\u00f1arlos. Mi dulce esposa, conociendo la historia de mis propias aventuras a los cinco a\u00f1os, intervino con gentileza. Simplemente dijo: \u201cLas ventanas no son tan caras como los graneros\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El principio que ilustra este relato es sencillo, pero a menudo ignorado por aquellos que necesitan perdonar. El verdadero perd\u00f3n implica no mencionar los pecados, errores o equivocaciones del pasado una vez que han sido debidamente tratados. En el caso de Larry, de cinco a\u00f1os, \u00e9l necesitaba expresar su dolor, confesar y aceptar la responsabilidad por su acto descuidado y perjudicial. Pero una vez conseguido eso, poco m\u00e1s pod\u00eda hacer como el ni\u00f1o que era para restaurar el granero incendiado. As\u00ed que un padre amoroso pag\u00f3 el precio por el error de Larry y no lo mencion\u00f3 m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Las escrituras ense\u00f1an que \u201cquien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Se\u00f1or, no los recuerdo m\u00e1s\u201d (D. y C. 58:42). El hermano Dahl, por medio de su relato y escritos personales, me ha ayudado a ver que este principio se entiende mejor a la luz de lo que ense\u00f1\u00f3 el profeta Ezequiel. Si el pecador \u201cse aparta de todos los pecados que cometi\u00f3, y guarda todos mis estatutos y hace juicio y justicia, ciertamente vivir\u00e1; no morir\u00e1\u201d. Adem\u00e1s, \u201cNinguna de las transgresiones que cometi\u00f3 le ser\u00e1 recordada\u201d (Ezequiel 18:21\u201322).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque parece obvio que el Se\u00f1or puede recordar algo de nuestro pasado, de hecho, sabemos por las Escrituras que cuando repetimos nuestros pecados, \u201clos pecados anteriores volver\u00e1n\u201d (D. y C. 82:7), de Ezequiel se infiere que la promesa del Se\u00f1or de no recordar m\u00e1s los pecados de los que nos hemos arrepentido significa que \u00c9l no <em>nos los<\/em> recordar\u00e1 m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el Se\u00f1or no recuerda las transgresiones de las que nos arrepentimos, entonces ciertamente nos corresponde dar a los dem\u00e1s la misma oportunidad. El \u00e9lder Jeffrey R. Holland capt\u00f3 esa idea en su discurso de la conferencia reciente cuando declar\u00f3: \u201c\u00cdntimamente ligada a nuestra obligaci\u00f3n de arrepentirnos est\u00e1 la generosidad de permitir que otros hagan lo mismo: debemos perdonar as\u00ed como somos perdonados\u201d (\u201cLas cosas apacibles del reino\u201d, <em>conferencia general<\/em>, octubre de 1996). El presidente Spencer W. Kimball tambi\u00e9n comprendi\u00f3 este principio: \u201cEl que no perdona a otros destruye el puente sobre el cual e\u0301l mismo debe viajar\u201d (Kimball, <em>El milagro del perd\u00f3n<\/em>, p\u00e1g. 269).<\/p>\n\n\n\n<p>El siguiente relato que comparto trata de un acto mucho m\u00e1s grave que la incineraci\u00f3n de graneros. Tiene que ver con perdonar a alguien que mat\u00f3 a una esposa y a una hija. Aunque el atroz acto no conten\u00eda el elemento de intencionalidad inherente al pecado que llamamos asesinato, el resultado fue el mismo: un amoroso c\u00f3nyuge perdi\u00f3 a su compa\u00f1era y a su hija peque\u00f1a, y a un peque\u00f1o de cuatro a\u00f1os le arrebataron a su madre y a su hermanita. Un compa\u00f1ero que ahora sirve como obispo en el campus comparti\u00f3 su historia con estas conmovedoras palabras:<\/p>\n\n\n\n<p><em>En una tarde de agosto, est\u00e1bamos comenzando un viaje de once horas desde Cody, Wyoming, a Salt Lake para apoyar a nuestra madre que estaba preocupada por la operaci\u00f3n a coraz\u00f3n abierto de mi padre; \u00e9ramos unidos como familia y sent\u00edamos una fuerte necesidad de estar juntos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi hermano mayor conduc\u00eda, su esposa estaba sentada junto a mi hermano menor, que ocupaba el asiento de la ventana principal. Mi esposa estaba detr\u00e1s de mi hermano que conduc\u00eda, sosteniendo a nuestra hija de dieciocho meses, y yo estaba del lado opuesto con nuestro hijo de cuatro a\u00f1os estirado en el asiento, con la cabeza en mi regazo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Me despert\u00e9 medio dormido, vi que unos focos cruzaban a la carretera de nuestro lado y c\u00f3mo mi hermano daba un volantazo brusco para evitar un choque frontal. El desv\u00edo ayud\u00f3, sin embargo, el impacto cambi\u00f3 mi vida y la de mi hijo para siempre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El lado izquierdo del auto hab\u00eda recibido el mayor da\u00f1o, mi esposa y mi hija hab\u00edan absorbido la mayor parte del impacto. Aunque mi hija muri\u00f3 esa misma noche en el hospital, mi mujer tard\u00f3 una semana entera en poder irse definitivamente.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Todos estaban heridos, excepto yo. Mientras estaba solo y evaluaba los da\u00f1os, oraba para que un coche pasara por all\u00ed en la soledad del Wind River Canyon, y luego caminando hacia el otro coche da\u00f1ado, me sent\u00ed inmediatamente afectado por un abrumador aroma a alcohol. Mir\u00e9 brevemente y encontr\u00e9 al conductor del otro coche, de diecinueve a\u00f1os, inconsciente por la bebida, pero ileso. M\u00e1s tarde me dijeron, cuando al final lleg\u00f3 la polic\u00eda, que el chico me hab\u00eda estado buscando con la intenci\u00f3n de pelearse conmigo, ya que pensaba que me enfadar\u00eda por lo que hab\u00eda hecho. Eventualmente, me encontr\u00f3 y borracho me pidi\u00f3 perd\u00f3n por lo que hab\u00eda hecho esa noche.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ciertamente no me hab\u00eda preparado para semejante petici\u00f3n. Mi pensamiento inmediato fue que si dec\u00eda que lo perdonaba, tendr\u00eda que realmente hacerlo, ya que no quer\u00eda jugar con mi mente y mi coraz\u00f3n, dados los incomprensibles cambios que acababan de definir mi vida.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No pude negarme. Le dije sin rodeos que lo perdonaba, y que lo dec\u00eda en serio. Sinceramente, debo decir que nunca he querido ser ni siquiera su amigo. De hecho, no recuerdo su nombre, ni s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1 ahora. Pero le estar\u00e9 eternamente agradecido por haberme pedido perd\u00f3n aquel s\u00e1bado por la ma\u00f1ana, antes del amanecer, porque al hacerlo me liber\u00e9 de la esclavitud de la ira y el odio que de otro modo, podr\u00edan haber tra\u00eddo un pesar a\u00fan mayor en mi vida. De esta tragedia creo que aprend\u00ed algo nuevo: El perd\u00f3n trae verdadera y genuina libertad, a menudo al perdonado, pero siempre y sin excepci\u00f3n al que perdona.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Este buen hermano comparti\u00f3 conmigo su convicci\u00f3n de que nunca habr\u00eda sido llamado como obispo si hubiera rehusado la invitaci\u00f3n de perdonar. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda \u00e9l hablar en nombre de la Iglesia del Se\u00f1or y dar testimonio a los miembros del barrio que estaban arrepentidos de que hab\u00edan sido perdonados si \u00e9l mismo nunca hubiera estado dispuesto a perdonar? El conductor ebrio de esta historia fue, por supuesto, juzgado en un tribunal civil y un d\u00eda rendir\u00e1 cuentas ante Dios por sus acciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerden: El perdonar a los dem\u00e1s no elimina su propia necesidad de arrepentirse y pagar las consecuencias de sus pecados. Como me ha ayudado a ver mi querido colega, el profesor Glade Hunsaker, inspirado por los escritos del Elder Richard G. Scott sobre el perd\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La dulzura del esp\u00edritu que sigue al perd\u00f3n es absolutamente esencial para nuestro proceso de crecimiento diario, pero el requisito de perdonar a menudo env\u00eda se\u00f1ales err\u00f3neas al ofensor, tales como: \u201cDebes perdonarme, y cuando lo hayas hecho, mi ofensa ya no existir\u00e1\u201d. El perd\u00f3n por parte del ofendido bendice la vida del ofensor y ayuda en gran manera al proceso de sanaci\u00f3n, pero nunca se debe tomar como la resoluci\u00f3n de una transgresi\u00f3n a la que no se le han dado los pasos adecuados del arrepentimiento.<\/em> [O. Glade Hunsaker to Madison U. Sowell, 16 de octubre de 1996; v\u00e9ase tambi\u00e9n Richard G. Scott, \u201cC\u00f3mo Sanar Las Tr\u00e1gicas Heridas Del Abuso\u201d, <em>conferencia general<\/em>, abril de 1992, y \u201cBusquemos el perd\u00f3n\u201d, <em>conferencia general<\/em>, abril de 1995]<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque debemos perdonar a todos, el Se\u00f1or perdonar\u00e1 solo a los verdaderamente arrepentidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi tercer relato fue escrito por una mujer miembro del cuerpo docente que es conversa a la Iglesia. Es una historia de abuso y, lo que es m\u00e1s importante, la recuperaci\u00f3n despu\u00e9s del abuso. El abuso se presenta de muchas formas, entre ellas la negligencia, el cuidado inapropiado y el abandono, as\u00ed como el abuso verbal, mental, f\u00edsico, espiritual y sexual. Si alguien que est\u00e9 al alcance de mi voz ha sufrido tal abuso, los insto a buscar ayuda profesional y consuelo espiritual. La recuperaci\u00f3n del abuso es un proceso que puede tomar mucho tiempo, mucha energ\u00eda emocional y una fe profunda. El perd\u00f3n debe ser la meta de ese proceso de recuperaci\u00f3n, ya que, como escribi\u00f3 un psic\u00f3logo Santo de los \u00daltimos D\u00edas: \u201cEl perd\u00f3n es una oportunidad para recuperar la paz interior de la cual el mal nos ha robado\u201d (Wendy L. Ulrich, \u201cWhen Forgiveness Flounders: For Victims of Serious Sin\u201d, in <em>Confronting Abuse<\/em>, ed. Anne L. Horton, B. Kent Harrison y Barry L. Johnson [Salt Lake City: Deseret Book, 1993], p. 348).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la \u00faltima historia del cuerpo docente que deseo compartir con ustedes hoy. Es la historia de sanaci\u00f3n de una persona, de encontrar la paz a trav\u00e9s del perd\u00f3n y las ordenanzas del Evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La adicci\u00f3n al alcohol le quit\u00f3 a mi padre su esposa, sus cuatro hijos, su trabajo, su madre y finalmente su vida. El alcoholismo conden\u00f3 el matrimonio de mis padres desde el principio. En su primera Navidad, pap\u00e1 se emborrach\u00f3 y rompi\u00f3 todas las luces del \u00e1rbol. De todos modos, mi madre permaneci\u00f3 con \u00e9l durante 19 a\u00f1os, con la esperanza de salvar el matrimonio por el bien de los hijos. Me fui de casa durante mi \u00faltimo a\u00f1o de la escuela secundaria porque ya no pod\u00eda soportar m\u00e1s la violencia. Cuando Mamita vio que el problema de Papito estaba destruyendo a sus hijos, se divorci\u00f3 de \u00e9l.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Quer\u00edamos amar a nuestro pap\u00e1, pero a menudo no era \u00e9l mismo. Bajo el cautiverio del alcohol, era malhumorado, f\u00edsicamente violento y verbalmente abusivo. Una vez pate\u00f3 a mi hermano con sus botas militares de punta de acero. Mi hermano estaba tan lastimado que no se pudo vestir para su clase de educaci\u00f3n f\u00edsica en la escuela. Se meti\u00f3 en un l\u00edo porque el profesor desconoc\u00eda nuestros antecedentes familiares. Viv\u00edamos aterrorizados. Nunca sab\u00edamos cu\u00e1ndo pap\u00e1 estar\u00eda sobrio ni cu\u00e1ndo estar\u00eda ebrio. Nos sentimos aliviados cuando \u00e9l se fue.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Cada uno de nosotros sufri\u00f3 las consecuencias de la maldici\u00f3n de nuestro papito de diferentes maneras, pero todos tratamos de perdonarlo. A la edad de 18 a\u00f1os, hall\u00e9 paz y perd\u00f3n en las doctrinas y ordenanzas del Evangelio. Un a\u00f1o despu\u00e9s de la muerte de mi padre, hice arreglos para que mis maestros orientadores fueran representantes en su obra vicaria en el templo. Antes de mi misi\u00f3n, reun\u00ed todos los documentos de historia familiar de la casa de mi abuelo. Despu\u00e9s de la misi\u00f3n, comenc\u00e9 a hacer la obra del templo por la familia de mi padre. En 1979, hice la obra del templo por mi abuela y sent\u00ed su gratitud. Al a\u00f1o siguiente, fui al templo con algunos de mis hermanos y hermanas de noche de hogar. Fuimos los representantes de mi padre al sellarlo con sus padres. Llor\u00e9 y el hermano que efectu\u00f3 los sellamientos dijo que los esp\u00edritus de los miembros de mi familia estaban presentes. La obra del templo es la clave para la sanaci\u00f3n y el perd\u00f3n de la familia. Hacer la obra del templo por mi padre ayud\u00f3 a liberarlo del cautiverio, lo cual ayud\u00f3 a liberar a sus padres. Hacer la obra del templo tambi\u00e9n me hizo libre, un nombre a la vez.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Esta hermana sufri\u00f3 m\u00e1s en sus dos primeras d\u00e9cadas de vida de lo que muchos de nosotros jam\u00e1s sufriremos. Pero por medio de la expiaci\u00f3n de Cristo, el Plan de Salvaci\u00f3n y el acto de perdonar, ha llegado a conocer esa paz \u201cque sobrepasa todo entendimiento\u201d (Filipenses 4:7). Esa es la paz que brinda vivir el Evangelio. Ella entiende lo que significa cantar \u201cQuiero yo amar a todos \/ pues yo tengo Tu amor\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final, debemos llegar al punto en el que podamos orar sinceramente para que el transgresor se arrepienta, porque nuestro perd\u00f3n no asegura el perd\u00f3n del Se\u00f1or. El perd\u00f3n de Dios es condicional; se basa en el arrepentimiento verdadero, sincero y genuino. Como Spencer W. Kimball nos ense\u00f1\u00f3: \u201c\u2026 ni siquiera el Se\u00f1or perdonar\u00e1 a una persona <em>en sus pecados<\/em>\u201d (<em>El milagro del perd\u00f3n<\/em>, p\u00e1g. 337; \u00e9nfasis del original).<\/p>\n\n\n\n<p>Me gustar\u00eda concluir con un poema compuesto por Marguerite Stewart. Se titula \u201cHarina de perd\u00f3n\u201d. El poema, escrito en primera persona, presenta a una esposa sin nombre que al responder su puerta encuentra a una joven muy avergonzada buscando harina, que simboliza el perd\u00f3n, para hacer pan. El poema dice:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Fui a la puerta, al susurro del llamado.<br>Vi a la hija de Simeon Gantner, Kathleen, de pie<br>All\u00ed, con su chalequillo y su verg\u00fcenza, enviada a pedir<br>\u201cHarina de perd\u00f3n\u201d para su pan. \u201cHarina de perd\u00f3n\u201d,<br>Lo llamamos en este rinc\u00f3n del mundo. Si alguien se ha equivocado,<br>Uno es enviado a pedir harina a sus vecinos. Si se la prestan,<br>se puede quedar, pero si se lo niegan,<br>lo mejor es que se vaya. Mir\u00e9 a Kathleen.<br>Qu\u00e9 tesoro de hija, aunque no muy semejante<br>A su padre, eso da m\u00e1s pena. \u201cTe dar\u00e9 harina\u201d,<br>Dije, y fui a medirla, pero medir era el problema.<br>Si daba demasiado, los vecinos pensar\u00edan que hice f\u00e1cil el pecar,<br>si daba muy poco, me etiquetar\u00edan de \u201ccoraz\u00f3n duro\u201d.<br>Mientras med\u00eda, Joel, mi esposo<br>Vino del molino, con una gran bolsa de harina de bondad,<br>Y al verla all\u00ed, encogida en la entrada, en soledad,<br>Arroja la bolsa a sus pies, sin piedad.<br>\u201cAqu\u00ed, Toma todo esto\u201d. Y ella tuvo harina para muchos panes,<br>Mientras yo me quede midiendo.<\/em><br>[Marguerite Stewart, \u201cForgiveness Flour\u201d, <em>Religious Studies Center Newsletter<\/em> 7, n. 3, (mayo de 199): 1]<\/p>\n\n\n\n<p>La frase \u201cMientras yo me quede midiendo\u201d caracteriza a demasiados de nosotros la mayor parte del tiempo. Metaf\u00f3ricamente \u201cmedimos harina\u201d en un intento de no ser demasiado generosos en nuestra misericordia. Al mismo tiempo, oramos para que Dios lance una bolsa de harina a nuestros pies, es decir, que sea ilimitado en su misericordia hacia nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace un mes, la Primera Presidencia emiti\u00f3 una carta a los l\u00edderes de la Iglesia en el condado de Utah en anticipaci\u00f3n a la dedicaci\u00f3n del Templo de Mount Timpanogos. El presidente Hinckley y sus consejeros instaron a los Santos de esta \u00e1rea <\/p>\n\n\n\n<p><em>a utilizar esta ocasi\u00f3n como una oportunidad para limpiar su vida de cualquier cosa que desagrade al Se\u00f1or, eliminar de su coraz\u00f3n cualquier mal sentimiento de envidia o enemistad, y buscar el perd\u00f3n de cualquier cosa que sea inapropiada en su vida<\/em> [Carta de la Primera Presidencia del 19 de septiembre de 1996 concerniente a la dedicaci\u00f3n del Templo de Mount Timpanogos, Utah].<\/p>\n\n\n\n<p>Mi oraci\u00f3n es que el perd\u00f3n que buscamos sea lo suficientemente grande como para incluir el perd\u00f3n no solo de nosotros mismos, sino tambi\u00e9n de los dem\u00e1s. Digo esto en el nombre de Jesucristo. Am\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a9 Brigham Young University. Todos los derechos reservados.<\/p>\n","protected":false},"template":"","tags":[],"class_list":["post-788","speech","type-speech","status-publish","hentry","event_type-devocional","speaker-madison-u-sowell","topic-arrepentimiento","topic-perdonar"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v27.5 (Yoast SEO v27.5) - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-premium-wordpress\/ -->\n<title>Midiendo la harina y el perd\u00f3n | BYU Speeches Espa\u00f1ol<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"El hermano Sowell nos ense\u00f1a que para ser perdonado por nuestros pecados debemos perdonar a nuestros hermanos y hermanas sus faltas.\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Midiendo la harina y el perd\u00f3n\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El hermano Sowell nos ense\u00f1a que para ser perdonado por nuestros pecados debemos perdonar a nuestros hermanos y hermanas sus faltas.\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"BYU Speeches Espa\u00f1ol\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2024-09-26T23:33:58+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/01\/Speeches_ShareCard2024_ESP.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1920\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"1080\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"31 minutos\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Written by\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"Madison U. Sowell\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/talks\\\/madison-u-sowell\\\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/talks\\\/madison-u-sowell\\\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\\\/\",\"name\":\"Midiendo la harina y el perd\u00f3n | BYU Speeches Espa\u00f1ol\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2024-04-12T06:00:00+00:00\",\"dateModified\":\"2024-09-26T23:33:58+00:00\",\"description\":\"El hermano Sowell nos ense\u00f1a que para ser perdonado por nuestros pecados debemos perdonar a nuestros hermanos y hermanas sus faltas.\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/talks\\\/madison-u-sowell\\\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/talks\\\/madison-u-sowell\\\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/talks\\\/madison-u-sowell\\\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Speeches\",\"item\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/talks\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Madison U. Sowell\",\"item\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/speakers\\\/madison-u-sowell\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":3,\"name\":\"Midiendo la harina y el perd\u00f3n\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/\",\"name\":\"BYU Speeches Espa\u00f1ol\",\"description\":\"\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/#organization\",\"name\":\"BYU Speeches\",\"url\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/wp-content\\\/uploads\\\/sites\\\/5\\\/2023\\\/10\\\/BYUspeechesLogo.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/wp-content\\\/uploads\\\/sites\\\/5\\\/2023\\\/10\\\/BYUspeechesLogo.png\",\"width\":1000,\"height\":1000,\"caption\":\"BYU Speeches\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/speeches.byu.edu\\\/spa\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.instagram.com\\\/byuspeechesespanol\\\/\",\"https:\\\/\\\/www.youtube.com\\\/@byuspeechesespanol\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO Premium plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Midiendo la harina y el perd\u00f3n | BYU Speeches Espa\u00f1ol","description":"El hermano Sowell nos ense\u00f1a que para ser perdonado por nuestros pecados debemos perdonar a nuestros hermanos y hermanas sus faltas.","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Midiendo la harina y el perd\u00f3n","og_description":"El hermano Sowell nos ense\u00f1a que para ser perdonado por nuestros pecados debemos perdonar a nuestros hermanos y hermanas sus faltas.","og_url":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/","og_site_name":"BYU Speeches Espa\u00f1ol","article_modified_time":"2024-09-26T23:33:58+00:00","og_image":[{"width":1920,"height":1080,"url":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2024\/01\/Speeches_ShareCard2024_ESP.jpg","type":"image\/jpeg"}],"twitter_card":"summary_large_image","twitter_misc":{"Tiempo de lectura":"31 minutos","Written by":"Madison U. Sowell"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/","url":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/","name":"Midiendo la harina y el perd\u00f3n | BYU Speeches Espa\u00f1ol","isPartOf":{"@id":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/#website"},"datePublished":"2024-04-12T06:00:00+00:00","dateModified":"2024-09-26T23:33:58+00:00","description":"El hermano Sowell nos ense\u00f1a que para ser perdonado por nuestros pecados debemos perdonar a nuestros hermanos y hermanas sus faltas.","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/madison-u-sowell\/midiendo-la-harina-y-el-perdon\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Speeches","item":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/talks\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Madison U. Sowell","item":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/speakers\/madison-u-sowell\/"},{"@type":"ListItem","position":3,"name":"Midiendo la harina y el perd\u00f3n"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/#website","url":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/","name":"BYU Speeches Espa\u00f1ol","description":"","publisher":{"@id":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/#organization","name":"BYU Speeches","url":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2023\/10\/BYUspeechesLogo.png","contentUrl":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2023\/10\/BYUspeechesLogo.png","width":1000,"height":1000,"caption":"BYU Speeches"},"image":{"@id":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.instagram.com\/byuspeechesespanol\/","https:\/\/www.youtube.com\/@byuspeechesespanol"]}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/wp-json\/wp\/v2\/speech\/788","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/wp-json\/wp\/v2\/speech"}],"about":[{"href":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/wp-json\/wp\/v2\/types\/speech"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=788"}],"wp:term":[{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/speeches.byu.edu\/spa\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=788"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}